Orlando Ortega: «Este hermoso país me ha dado tranquilidad»

El medallista de plata en Río habla de su llegada a España y de cómo es su vida en Madrid. Opta a todo en el Europeo «indoor».

Orlando Ortega.
Orlando Ortega.

El medallista de plata en Río habla de su llegada a España y de cómo es su vida en Madrid. Opta a todo en el Europeo «indoor».

«Hola, soy Orlando. Encantado», dice Orlando Ortega al periodista, con la naturalidad de alguien normal, que no ha cambiado pese a que en los últimos Juegos de Río se colgó la plata en 110 metros vallas. «Sigo siendo el mismo chico al que le gusta la Play, escuchar música, ir al cine (películas de acción y comedias españolas), compartir con sus amistades... Quizá sí te miren de otra forma, pero prefiero seguir siendo yo. La plata fue un buen resultado, pero no lo es todo. Quiero más y no me pongo límites», explica el velocista. Sólo con estar un rato con él en las pistas del CAR de Madrid es suficiente para comprobar que no es uno más. Un par de atletas lo felicitan, porque hace poco que ha batido por segunda vez el récord de España de 60 vallas. Es una jornada dura de entrenamiento. Su padre y entrenador, que también se llama Orlando Ortega, apunta en una libreta los tiempos mientras su hijo y pupilo hace una carrera lisa, salta las vallas en parado con las dos piernas juntas o hace saltos hacia adelante. Ellos mismos cogen el cepillo y la pala para dejar liso el foso de la arena en el que va a caer o para limpiar lo que hayan manchado. Pura artesanía. El atletismo no es un deporte en el que te lo den todo hecho. Se oyen los gritos de sufrimiento del atleta, que, después, pide cinco minutos de descanso antes de la entrevista. Con dos y un poco de agua está preparado. «Mi entrenador es duro, pero así tiene que ser. Cuanto más duro, mejores van a ser los resultados», cuenta. En la pista, su padre es sólo su entrenador. Así son los códigos del tartán. «Siempre hemos sabido distinguir. En el ámbito deportivo, hasta por encima de mi padre, es mi entrenador. Cuando estamos en casa es mi padre y como mi padre lo respeto, pero dentro de la pista lo respeto el doble y eso es lo que da los resultados», explica Orlando.

Está feliz en Madrid el vallista nacido en Cuba. De allí se fue para llegar a Guadalajara en 2013, pasar por Ontinyent e instalarse en la capital. Pidió ayuda a su padre, que estaba preparando atletas en Trinidad y Tobago, y, por supuesto, la recibió. «Lo afronté como cualquier padre con un hijo», dice Orlando senior. Su hijo tuvo un problema con la Federación y por eso huyó de Cuba. «Pasó y ahora ni ellos se preocupan por mí ni yo por ellos. Me preocupa más lo que pueda vivir en España. Este hermoso país me ha dado tranquilidad, paz, armonía, que era lo que buscaba. Me siento orgulloso de poder representarlo», dice. Tras ganar en Río, no dudó qué bandera sujetar. Y cómo lloró.

Al principio lo pasó mal, claro, pero ahora está adaptado a la Residencia Blume, donde vive. Hasta última hora no sabía si iba a poder ir a Río por un problema de fechas con la nacionalización, pero él se preparó con la mente puesta en que iba a estar. Así fue y... ¡plata! Se tomó un par de meses de descanso activo, donde practicó baloncesto o fútbol y donde visitó a parte de su familia en Sarasota (Florida, EE UU). A la familia que tiene en Cuba no puede verla. Al haber huido de allí, no le dejan entrar. «Estoy tranquilo, esperando la oportunidad de poder hacerlo. Depende de las leyes», dice Orlando. «Tiene mucho deseo de ir porque allí dejó amistades», confirma su padre. Eso sí, todos los fines de semana se comunica con ellos por internet, aunque no hablan mucho de la «apertura» que está viviendo la isla. «Dios quiera y ojalá siga cambiando más, porque tengo familia allá, pero no me preocupo. Sé que ellos están bien. Yo me preocupo por las cosas que puedan pasar aquí en España, que ahora es mi casa, es mi tierra», asegura.

El foco inmediato lo tiene en el Europeo en pista cubierta de Serbia, que empieza hoy y en el que aspira al oro. Un poco más allá está el gran objetivo: el Mundial de Londres de verano. Y siempre la búsqueda de la perfección. «No sé si existe la carrera perfecta porque todavía no la he encontrado, pero sí intentamos acercarnos. Hay margen de mejora, cada día se aprende», piensa. Según su entrenador, técnicamente es casi perfecto. Lo que buscan son los detalles. «Y que gane algo de masa», dice papá Orlando.

Cada éxito tiene una dedicación especial. «Tengo fe en Dios y en mi abuela (Cristina Echevarría, ex atleta», admite Orlando. «Mi abuela ha marcado mi vida. Cuando era pequeño, antes de que falleciera, a ella le decía mamá y a mi madre, por su nombre. Era mi madre y lo sigue siendo, aunque no esté a mi lado. He intentado seguir sus pasos. Fue ella la que me metió en el atletismo de chiquitico y cuando tuve uso de conciencia decía: “Tengo que ser igual que mi abuela, tengo que serlo”; y creo que todavía no lo he cumplido».