Atlético de Madrid

Pedraza, Rubio y Mínguez recuerdan la final del 86: «No me quedé con la camiseta»

Ricardo Ortega Mínguez no estaba ni siquiera convocado, aunque viajó con toda la plantilla a Lyon, y los detalles de la final contra el Dinamo de Kiev se le escapan. «Hay jugadores que se acuerdan de todos los partidos, y yo que no me acuerdo de nada...», bromea. Jugadores como Juanjo Rubio, que no ha necesitado ver la final repetida para acordarse de todos los detalles. «No me hace falta. De otros partidos a lo mejor no te acuerdas, pero de la final, de todo», reconoce. «Son recuerdos agridulces, porque ese año prácticamente eliminamos a los mejores equipos de Europa, al Bayer Uerdingen de Alemania, al Estrella Roja, al Celtic de Glasgow... Llegamos a la final con mucha ilusión», cuenta.

«Era un equipo bastante bueno técnicamente y físicamente. Estuvimos viendo partidos tratando de preparar un encuentro bueno y fuerte, pero en lugar de sorprenderlos nosotros como pretendíamos, nos sorprendieron ellos», recuerda Mínguez. Pero no era por falta de conocimiento. A pesar de que no había las mismas facilidades que ahora para conocer a los rivales, Luis Aragonés había estudiado al Dinamo. «Nos ponía muchos vídeos», admite Rubio.

El Atlético llegó a la final con incertidumbres. «Era el Mundial de México y teníamos la duda de si venía el “Polilla” Da Silva, que estaba concentrado con la selección de Uruguay. Al final vino y nos quedamos en el banquillo Rubio y yo, con Quique Setién», recuerda Juan Carlos Pedraza. Aunque Setién tuvo su oportunidad en la segunda parte. «El primer gol nos hizo ir contracorriente y ellos fueron superiores. En la segunda parte fuimos superiores nosotros, pero al final estábamos un poquito lanzados a ver si podíamos conseguir el empate y nos cazaron», cuenta Rubio. «Ellos tenían arriba a Blokhin y a Belanov, que era rapidísimo. Era potente y salía muy bien al contraataque. Blokhin era veterano, pero hizo un partidazo», continúa.

«A pie de campo parecía que tenían una marcha más», admite Pedraza. «Cuando salimos al campo, que estaban jugando un partido de juveniles –en aquella época era costumbre antes de las finales– miles de aficionados del Atlético nos vieron salir. Estábamos en la banda viendo a los chavales y procurando no entrar en el campo, pero se dieron cuenta y empezaron a gritar “Atleti, Atleti”. Fue bastante emocionante. La pena es que no nos pudimos volver con la Recopa», recuerda Pedraza. «A mí me dio mucha pena por todos los aficionados, que se tenían que volver en bus y las carreteras no eran las de ahora. El día que el Atlético perdió la final de la Copa de Europa contra el Bayern lloré como aficionado y el día de la Recopa lloré como jugador y como aficionado», reconoce.

A Pedraza le queda, además, la pena de no haberse quedado con el mejor recuerdo de la final. «En aquella época no nos regalaban las camisetas, te las daban al final de temporada o cuando jugabas una final de éstas. Yo creo que más de la mitad del equipo no nos quedamos con la camiseta, porque ibas a la ducha y no con esa alegría, con esa ilusión. Podía haberme quedado con ella, pero en ese momento no tienes ilusión por nada», admite.