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Sergio García: «Hay mucho del “Niño” en la victoria de Augusta»

Llega a su fin el que ha sido el mejor año de su vida. En 2017 consiguió su primer triunfo en un grande y se ha casado. Para 2018 no le parece un mal «plan» la paternidad y conquistar el British Open.

Llega a su fin el que ha sido el mejor año de su vida. En 2017 consiguió su primer triunfo en un grande y se ha casado. Para 2018 no le parece un mal «plan» la paternidad y conquistar el British Open.

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La de Sergio García fue una aparición fulgurante en el deporte mundial en el lejano año de 1999, mucho antes de que los españoles empezasen a acumular éxitos rotundos en las modalidades más insospechadas. La mala suerte en algunos momentos puntuales lo privó de victorias que le parecían prometidas y, pese a su pasmosa regularidad en la élite, se cultivó a su alrededor cierta fama de maldito que lo persiguió hasta el último Domingo de Ramos, cuando se enfundó en la prenda más codiciada por los golfistas: la chaqueta verde que sólo lucen los ganadores en Augusta.

–¿Qué golpe o qué momento fue decisivo para el triunfo en el Masters de Augusta?

–Hubo varios momentos. Aunque quizá desde fuera no se le diera trascendencia, sigo pensando que el par que hice en el hoyo 12 fue importante aquel domingo. Después, obviamente, el «putt» para salvar el par y una situación muy delicada en el 13... Y me tengo que acordar del hoyo 15 y el golpe a «green». Lo he visto varias veces. Creo que también fue un momento clave, aunque en mitad del juego no lo vi así de claro porque todavía quedaba mucho. Pero sigo pensando que, más que un momento decisivo o un golpe, lo importante fue que en todo momento creí que podía hacerlo.

–¿Le ha dado más seguridad en el campo la victoria en Augusta o la serenidad que exhibe ahora viene de antes?

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–Las victorias siempre dan mucha confianza y mucho más si es en un torneo como el Masters, pero todo forma parte también de un proceso que venía de antes.

–¿Cree que con ese triunfo dejó para siempre de ser el «Niño»?

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–La verdad es que no. Creo que en este triunfo hubo muchas cosas de aquel jovencito de 1999 y que, aunque la edad nos hace madurar a todos, es bueno que así sea.

–¿Llegó a soñar con esta victoria de pequeño, mientras jugaba o entrenaba en el campo?

–Es verdad que alguna vez de niño pensaba: «Este ‘‘putt’’ es para ganar el British, una Ryder o el Masters», sueños de pequeñajo, pero la realidad es que después lo que hay es mucho trabajo y esfuerzo detrás para llegar a conseguir algo así y nadie lo asegura... Luego las cosas se dan como se dan, nada es fácil, todo el mundo practica duro y no todos pueden ganar.

–¿Llegó a tener la convicción de que el golf le debía algo?

–Hombre, tampoco como que me debía, no lo sé, lo que notaba es que me merecía ganar un grande por lo menos, por mi carrera, por haber estado ahí muchas veces y por el trabajo que he dedicado a ello. De todos modos, que piense que lo merecía no significa que lo fuera a recibir. La clave es seguir trabajando y confiar en lo que haces y en quien eres. Por suerte, ocurrió en el Masters. Me sentí muy bien, fue una gran semana y todo salió bien.

–Seve, Olazábal y Sergio García... ¿Causa vértigo formar parte de esa trinidad del golf español?

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–Son palabras mayores, desde luego. Es un honor y muy emocionante ver mi nombre al lado de ellos. Siempre he dicho que ellos han sido un referente para mí desde el inicio y verme ahora junto a Seve y Chema, con la chaqueta verde, es algo muy bonito.

–Se ha hablado mucho sobre su cambio de actitud como algo clave para ganar en el Masters, ¿cuándo cree que empezó todo?

–Yo no veo que fuese una nueva actitud. La he tenido muchas veces, aunque es verdad que a lo mejor en los grandes estaba más inquieto. Esa semana en Augusta fue muy importante la mentalidad. Aceptar lo que sucedía, fuera lo que fuera, más que cualquier otra cosa.

–¿Le recuerda la eclosión de Jon Rahm en el panorama mundial a la suya? ¿Le ha pedido consejo para gestionar todo lo que se le ha venido y le viene encima?

–Hay cierto parecido, sí. Tenemos una buena relación y, más que consejos, diría que hemos hablado de muchas cosas. También te digo que veo a Jon con una gran mentalidad y una cabeza muy bien puesta, que es algo de vital importancia.

–Lleva 18 años en la élite mundial, ¿le da más mérito a su trayectoria con el desgobierno que existe en el golf tras el último triunfo de Tiger en un Major (US Open) en 2008? ¿A quién ve más capacitado para tomar su testigo tras los vaivenes de McIlroy, Spieth, Day...? ¿Será Dustin Johnson un sólido número uno?

–Le doy mucha importancia a la consistencia que he mostrado durante toda mi carrera. Demuestra todo el trabajo que ha habido detrás y me hace sentir muy orgulloso. Ahora, es cierto, el ranking mundial está mucho más abierto, y no es sencillo adivinar quién puede convertirse en un número uno por mucho tiempo. Está bien que sea así, pero cualquiera de los jugadores que ha citado están capacitados para ser número uno del mundo. Dustin Johnson ha tenido momentos este año en los que estaba claramente por encima del resto y ya ha demostrado que puede ser un número uno sólido. Pero no deja de venir gente apretando por detrás...

–Masters y boda en 2017; ¿paternidad y British en 2018?

–Es un buen plan. Me lo apunto (risas). Todo el mundo sabe cuánto me gusta el British Open y la relación especial que tengo con ese torneo y con la afición en el Reino Unido. Haré todo lo que esté en mi mano por ganarlo.

–En países como Irlanda, el golf lo practican las clases populares. ¿Hasta cuándo va a pesar en España el sambenito de deporte pijo?

–No lo sé. Aunque yo creo que poco a poco la gente se está dando cuenta de que es un deporte que puede practicar gente de toda condición.

–¿Hasta qué punto puede ayudar su victoria al crecimiento del golf en España?

–Seguro que un éxito así ayuda, por supuesto, como también lo hicieron en su día los triunfos de Seve y Olazábal. Todos sabemos que el golf es un gran reclamo turístico para España y hay que seguir trabajando para que siga siendo así. Es una labor de todos: políticos, Federación...

–El mismo país que vota por el Brexit contiene la respiración cuando Europa juega la Ryder Cup. ¿Están locos estos ingleses?

–No es que ellos estén locos, es que la Ryder es muy especial. Esa sensación de representar a todo un continente es algo que sólo se da en esta competición única.

–Cuando embocó el ‘‘putt’’ decisivo en Augusta, ¿gritó más que con el gol de Ramos en Lisboa?

–Más, mucho más. Todavía se me ponen los pelos de punta, aunque el gol de Ramos en Lisboa también fue muy emocionante. Pero son cosas distintas. Mi vida es el golf y es lógico que en aquel momento, en el «green» del 18 de Augusta, explotara de emoción.

–¿Cómo fue hacer el saque de honor ante 100.000 personas con la Chaqueta Verde?

–La ovación del Bernabéu fue mejor que ninguna otra. Es un orgullo que el club me haya hecho socio de honor, les estaré eternamente agradecido.