Tenis

Garbiñe hace historia en Roland Garros

La española, de 22 años, conquista Roland Garros, su primer «Grand Slam», tras derrotar con autoridad (7-5 y 6-4) a la número uno, Serena Williams

Garbiñe Muguruza besa la copa de Roland Garros
Garbiñe Muguruza besa la copa de Roland Garros

Ap

La española, de 22 años, conquista Roland Garros, su primer «Grand Slam», tras derrotar con autoridad (7-5 y 6-4) a la número uno, Serena Williams

Garbiñe Muguruza, campeona de Roland Garros. El himno de España, tan repetido últimamente tras las finales masculinas del «Grand Slam» sobre tierra batida, sonó esta vez en la femenina, 18 años después de Arantxa Sánchez Vicario. Con él tomó forma lo que ya era una realidad: Garbiñe Muguruza es una tenista nacida para grandes momentos, para grandes citas, y nada más grande que poder con Serena Williams en la lucha por un torneo como el parisino. Así lo había expresado ella misma. Ambiciosa desde niña, desde que quiso ser tenista, y confiada en que podía llegar lejos: si se gana, mejor contra las mejores, y la estadounidense es una de ésas, tanto de ahora como de la historia. Un mito, un ídolo de Muguruza, que no creció viendo las hazañas de Arantxa y Conchita por televisión, pues en algunas de ellas ni había nacido y en otras apenas era un bebé. Cuando era pequeña, quien ganaba era Serena. Pues la referente ahora se ha «arrodillado» ante ella. La tenista nacida en Michigan fue un ejemplo impresionante en la derrota, como tantas veces lo ha sido en la victoria. Ya se lo dijo en 2014, en su enfrentamiento previo en Roland Garros: venció la española por un doble 6-4, y en la red, Serena le susurró al oído: «Sigue así y pronto ganarás aquí». Pues ha sido pronto, muy pronto. La menor de las Williams también cruzó ayer la red para abrazar a la nueva reina de París.

La felicitación fue tras un último punto extraño (ver apoyo) en un partido prácticamente impecable de Muguruza, sin errores de bulto. Tenía la experiencia de la final de Wimbledon del año pasado, también ante Serena, en la que no estuvo mal, pero todavía le faltaba ese algo difícil de describir y que ayer tuvo de sobra. Los nervios no la atenazaron ni cuando ya tocaba la copa. Desperdició cuatro pelotas de partido al resto, alguna de ellas con segundo saque de la rival, pero no se vino abajo. No desaprovechó su servicio posterior y triunfó casi sin saberlo. Miró a su palco, donde estaban su entrenador, sus padres, uno de sus hermanos... Y su cara era pura expresividad. Decía con ella: «¿He ganado?», ya que el bote de la última bola no lo pudo ver. Efectivamente, había ganado. Cuando se dio cuenta de ello se tiró al suelo y se manchó la espalda con esa tierra que tantas alegrías le ha dado las dos últimas semanas. Estuvo a punto de llorar, con la toalla puesta en la cara, y después oyó todo tipo de piropos de su rival. Es una tenista implacable Garbiñe, tanto como Serena. Ninguna especula, juegan al límite, con riesgo, y a la estadounidense se la vio más fatigada. Había pasado más horas en pista y estaba algo tocada en el aductor. Estaba más limitada de movimientos, y el encuentro fue lo que dictó Muguruza. Ella asegura que le gusta jugar así: o gana ella o pierde ella. Con las derechas paralelas descolocaba a su oponente, la sacaba de sitio y la hacía correr. Dominó casi siempre desde el fondo y no dudó cuando tuvo un hueco, poderosa sobre todo al resto: hizo cuatro «breaks» a Serena, y encajó dos en contra. Tuvieron casi las mismas oportunidades de romperse el servicio, pero la española estuvo más fina en los momentos decisivos. Garbiñe presionaba cada segundo saque de la estadounidense desde el principio: esperaba muy metida en la pista. Una guerra psicológica, pues al verla ahí, Serena sabía que si no servía bien no le volvería una pelota, regresaría un cañonazo. Las primera ruptura de la española encontró respuesta, pero con 6-5 y un revesazo puso fin a la primera manga.

También le neutralizó el primer «break» Serena en el segundo parcial, pero la pupila de Sam Sumyk ha sido todo paz en este torneo. Se la ha visto calmada, rodeada de sus familiares y algo protegida para no perder la concentración. Los obstáculos que se le pusieron ayer los saltó con normalidad. Llegó otra ruptura y de ahí al olimpo de París, un punto y seguido espectacular en un 2016 que no estaba siendo sencillo.

«Será mi año más difícil», explicó en enero. Es el primero que afrontaba desde lo más alto, desde el podio del tenis femenino. Era la número tres del mundo y ya no iba a ser la joven aspirante. Ahora ella era la chica a derrotar, y eso supone afrontar los partidos de forma diferente. Vivió malos momentos al principio, cuando no le salían las cosas, cuando su cabeza atenazaba su poderoso tenis. Discutió con su entrenador en un descanso e incluso llegó a oírsele decir: «No quiero jugar más», entre lágrimas, en el duelo que perdió contra la estadounidense McHale en Indian Wells. Con el paso de los meses fue a más y empezó a encarar las derrotas de forma diferente. En Madrid, torneo que juega en casa, no le salió nada, pero no le afectó para Roma, la «previa» de Roland Garros, donde se plantó en semifinales. Fue la preparación perfecta para el gran salto parisino. Cierto que algunas de las favoritas, como Halep o Radwanska, se le fueron «limpiando» antes de tiempo, pero poder con Serena en la final es la demostración palpable de que es una campeona con mayúsculas. La victoria le hace subir hasta el número dos del mundo.

La española agarraba el trofeo con fuerza y con cariño al mismo tiempo, tanto en la pista como después en el vestuario. Ése nadie se lo va a quitar. El triunfo de ayer tiene bastante pinta de ser el primero de muchos. Cuenta sólo 22 años la tenista nacida en Caracas, de padre vasco y española por convicción.

El punto decisivo

Un extraño punto puso el punto y final al partido entre Garbiñe y Serena Williams. Servía la española, restó Serena y tras varios intercambios, Muguruza dejó una bola corta. Un caramelo, que se suele decir en el argot tenístico, pero esta vez la menor de las Williams no se desató. Experta como es, cuidó demasiado la bola, no apretó, y tiró una derecha a un lado, pero no muy fuerte ni especialmente profunda. Eso permitió a Garbiñe llegar y lanzar un globo de emergencia. Voló la pelota con todo el suspense del mundo y botó dentro de la pista, pero la después ganadora no pudo verlo, porque Serena la tapaba. Miró a su palco extrañada y escuchó del juez de silla que su hazaña se había completado: punto, juego, set, partido y primer Roland Garros.

Efe

La celebración de Rajoy

El presidente del Gobierno en funciones siguió el partido de Muguruza desde un tren, en directo, a través de un ordenador. Cuando vio que el globo entraba, celebró el triunfo de la tenista española.