Un fenómeno global

China, que ganó los cinco oros de bádminton en Londres, ve a Carolina como favorita para Río

Carolina Marín y su entrenador, consejero y amigo, Fernando Rivas
Carolina Marín y su entrenador, consejero y amigo, Fernando Rivas

En los Juegos de Londres las cinco modalidades de bádminton (las dos inviduales, las dos dobles y el dobles mixto) tuvieron en lo más alto del podio a deportistas del mismo país. Todos fueron chinos. La victoria de Carolina Marín ha tenido una repercusión extraordinaria en el gigante asiático. Antes del Mundial en Indonesia era simplemente conocida por algunos de los 100 millones de chinos que tienen licencia para jugar a bádminton. Ahora es una estrella también allí. China ve a Carolina como la gran amenaza para no repetir el pleno en Río. Después de diez años, de 2001 a 2011, de dominio absoluto de las representantes chinas, en Yakarta no hubo ninguna siquiera en las semifinales. La crisis de su bádminton ha coincidido con la irrupción de Carolina y su peculiar estilo de juego le ha generado admiradores en el gran dominador del bádminton mundial. «Juega muy bien, tiene gran carácter y una cara muy bonita», asegura un fan asiático. «Su estilo es muy agresivo y será una adversaria muy fuerte para las deportistas chinas», afirma otro. A Carolina hay quien la compara con la danesa Camilla Martin, que fue una estrella en los 90, aunque a diferencia de Carolina «sólo» ganó un Mundial.

Carolina, que ayer viajó desde Yakarta a España, tendrá hoy un acto en la sede del Consejo Superior de Deportes, al lado de la Residencia Blume donde preparó el asalto a su segundo título mundial. En su maleta no ha viajado la raqueta con la que ganó el título. Se ha quedado en Yakarta. Un seguidor español que vestía la camiseta del Recreativo recibió la raqueta de la campeona nada más terminar la final. «Lo de la raqueta fue un detallazo inesperado», asegura a Efe Javier Jaramillo, un ingeniero de telecomunicaciones onubense que lleva desde septiembre trabajando en Indonesia. Al enterarse de que su paisana competía en la ciudad no dudó en ir a animarla. «Se acercó a darnos las gracias y me la tendió. No habíamos hablado antes, porque no nos conocemos», comenta Javier. Él y sus acompañantes se encargaron de que los indonesios presentes en el pabellón apoyaran a la española. «Carolina es la más grande», afirma.