Valero Rivera: «Fuerza y ganas para seguir sí tengo»

Tras lograr el oro en un «partidoincreíble», tiene que «pensar y hablar con mucha gente» antes de decidir si continúa al frente de la Selección

El teléfono de Valero Rivera debió de ser uno de los que más sonó ayer. Es lógico. No muchos son campeones del mundo de balonmano. Durmió poco tras el éxito, pero tampoco le dio muchas vueltas al partido. «Ninguna, aunque todavía no lo he visto», dice, pese a que apenas habían pasado 20 horas desde que terminó: «Lo haré el jueves en el avión». El avión que le llevará a unas vacaciones merecidas.

–¿Se acostó muy tarde?

–Pues salimos de la fiesta a las 2:15 más o menos.

–¿Es más de celebraciones externas o internas?

–Estuvo muy bien, pero estaba cansado. Había sido un día muy largo, pero algunos todavía se quedaron, los más jóvenes...

–¿Y durmió bien?

–No mucho. A las 6 de la mañana me desperté y ya no pude dormir más. Me he tirado el día contestando mensajes y hablando por teléfono con amigos y con los medios de comunicación.

–¿Y durante el torneo durmió?

–Desde que estaba en el Barcelona, la noche después de los partidos suelo tomarme una pastilla para estar fresco al día siguiente.

–Desde el primer momento hablaron de que no estar en semifinales sería un fracaso. Es rara tanta contundencia...

–Es que llevábamos tres años ahí, llegando a semifinales en casi todos los torneos. Pensaba que jugando en casa podíamos dar un paso más. Si llegábamos a finales de partido igualados, el apoyo del público nos podía ayudar. Pero hemos ganado todos los encuentros con solvencia. Perdimos con Croacia, pero no era definitivo. Los decisivos los ganamos bien.

–¿Soñaba con una final así?

–Era prácticamente imposible pensar eso, pero sucedió a través de un partido memorable en el que nos salió todo.

–Defínalo con una palabra.

–Increíble.

–¿Y al equipo?

–Extraordinario.

–Fue un detalle que los lesionados estuvieran en el podio...

–Sí, había pensado que estuvieran Cristian [Ugalde] y Raúl [Entrerríos], que fueron los que también empezaron la concentración con nosotros y tuvieron que dejarla por lesión. Hombrados se había lesionado antes y como él la hubieran merecido otros, como Gonzalo [Pérez de Vargas], que fue el descarte, aunque desde el principio sabía que lo iba a ser, y ha estado en el torneo con nosotros.

–¿Lloró?

–Durante el partido no, pero luego, cuando hablé con mi hija y con mi nieto, me emocioné un poquito.

–¿Llegó a disfrutar durante el partido?

–Sí, en la segunda parte sí, aunque el equipo no se relajó nunca. No lo ha hecho en todo el torneo, hay que recordar que a Australia le marcamos 51 goles. La primera parte fue perfecta y después continuamos.

–Y no pudo reprimirse tras una parada de Sterbik...

–Es que fue impresionante, bajó la persiana...

–¿Por qué utilizó más a Cañellas en ataque en las semifinales y en la final?

–Porque son nueve partidos en 17 días, y son muchos. He intentado que la gente pudiera llegar al final bien. Cañellas había actuado más en defensa y contraataque, y Sarmiento había llevado el peso del ataque y todo se va acusando.

–Menuda despedida a Alberto Entrerríos...

–Soñada. Me alegro por él. He repetido por activa y por pasiva que me equivoqué no llevándolo a los Juegos y me alegró mucho cuando le propuse que volviera y lo hizo. Tiene una gran calidad humana y profesional.

–Y nunca se quejó...

–Es un señor. Él entendió que ser entrenador no es tan fácil como algunos creen...

–¿Cuál ha sido el peor momento del torneo?

–El descanso ante Alemania. Perdíamos por dos y era seguir o eliminados. Cambiamos la defensa y dimos la vuelta a la situación.

–¿Es un equipo con futuro?

–Menos Alberto [Entrerríos], todos pueden estar en los Juegos de Río. Y con ellos Raúl Entrerríos, que es una pieza fundamental.

–¿Pero puede haber un ciclo ganador similar al de Francia?

–Lo que podemos hacer es lo que estamos haciendo: estar en semifinales y pelear por ganar. Sí puede haber un buen ciclo, pero lo de Francia [dos oros olímpicos, dos mundiales y dos europeos desde 2006] es irrepetible.

–¿Qué ha sentido al ver los pabellones llenos?

–Ver los pabellones llenos y cómo los medios nos habéis tratado es maravilloso. Lo agradezco porque creo que sin los medios el público tampoco hubiera reaccionado así. Hemos sido uno.

–¿El equipo lo ha notado?

–Claro. Es más fácil que todo salga bien cuando todos ayudan. Si pones palos en las ruedas es más complicado tirar del carro, pero los que lo han hecho estarán arrepentidos, supongo.

–¿Cómo puede aprovechar el balonmano esto?

–No me corresponde a mí decirlo, pero es fundamental que vayamos todos en la misma dirección, porque estamos en el momento en que estamos en España. Hay que valorar el éxito que ha tenido el Mundial en todos los sentidos, y si se ha conseguido en este momento... Para ser campeones del mundo tienes que estar bien, y nosotros lo somos. Es un buen momento para conseguir «sponsors».

–Lo ganó todo con el Barça. ¿Es este triunfo especial?

–Sí es diferente porque tienes un país detrás y se ha jugado en casa. No hubiera sido lo mismo de haberse disputado en Francia o Alemania.

–¿Tiene ganas de seguir?

–Fuerza y ganas sí tengo. Siempre digo que lo que te quita las ganas son las derrotas, las victorias te dan más, te animan a continuar, pero ahora no quiero hablar de eso. Necesito tiempo para saborear esto, que es muy grande, y tengo que pensar y hablar con muchas personas, con amigos y con la familia. Ahora estaré unos días por aquí y después me iré con mi compañera una semana, un viaje muy lejos.

«Mi hijo ha aguantado mucho»

Al acabar la final, Valero Rivero se abrazó uno a uno a sus jugadores. Entre ellos estaba su hijo, que marcó seis goles y que siempre ha sido cuestión de controversia. «Como padre, me alegro mucho por él. Con todas las cosas que se han dicho, ha tenido que aguantar mucho y ha sido fuerte para poder hacerlo. A él todos le quieren por cómo es, y como jugador ha crecido mucho en Francia y merecía estar», dice Valero, que reconoce haberse sentido maltratado «por alguno» a causa del asunto de su hijo y de su agencia de representación de jugadores: «Entiendo que choque o que se escriba de ello, pero no entiendo la mala intención».