BBVA: banco en apuros busca "dueño"

La entidad acumula incertidumbres sobre su futuro, incluidos cambios en el consejo y posibles fusiones. Ahora, después de que el juez haya decidido la imputación, el banco está inmerso en «riesgo reputacional».

La entidad acumula incertidumbres sobre su futuro, incluidos cambios en el consejo y posibles fusiones. Si el juez decide la imputación, el banco estaría inmerso en «riesgo reputacional».

El BBVA, el segundo gran banco español, está en el centro del huracán. Atesora un pasado tan histórico como glorioso, pero afronta también un futuro incierto, una vez que el juez Manuel García Castellón, que instruye el llamado «caso Villarejo», haya aceptado la petición de la Fiscalía Anticorrupción de imputar a la entidad como persona jurídica. Esto supone que el BBVA, que preside Carlos Torres, puede entrar en «riesgo reputacional» –de imagen y en cierta manera de confianza–, y quizá traería otras consecuencias porque es una entidad «sistémica» –lo que le ocurre afecta a todo el sistema–.

Está en cuestión toda la etapa (2001-2018) de la presidencia de Francisco González (FG) en la que se produjeron los hechos –presuntas escuchas telefónicas, entre otros– que están en los juzgados. El balance económico también es ilustrativo. El BBVA vale en bolsa un 22% menos que a mediados de 2001, cuando FG se hizo con todo el poder en la entidad. En el mismo periodo, el Santander ha aumentado su valor en un 53,7%.

Carlos Torres, presidente del BBVA y sucesor de FG, explicó ayer, tras conocer la petición de imputación del banco por «cohecho, revelación de secretos y corrupción», que esa situación «no implica, en esta fase preliminar, la acusación formal de ningún delito». Sin embargo, la entidad financiera no es ajena a su peripecia en los juzgados, ni tampoco a que la Fiscalía, y ahora el juez, apunten que sospecha que algunos ex directivos cobraran «dádivas» por parte del Grupo Cenyt, la empresa del ex-comisario Villarejo, para mediar en la contratación de sus servicios entre 2004 y 2017.

El futuro del BBVA, de su presidente actual y su consejo, están en juego. La entidad es además un «banco sin dueño». No hay accionistas nacionales de referencia y los principales son fondos de inversión como BlackRock, Vanguard o el Fondo Soberano Noruego, que huyen de los riesgos, incluidos los «reputacionales».

El Banco Central Europeo (BCE) vigila al BBVA y si la situación judicial se complica nadie descarta cambios. Jaime Caruana (ex presidente del Banco Internacional de Pagos, y ahora consejero del BBVA) surge como posible presidente no ejecutivo, aunque él no lo contempla, también por motivos personales. Cuenta con todas las bendiciones del BCE, incluso las de Luis de Guindos, a pesar de que las relaciones entre ambos tuvieron altibajos.

Otro candidato sería José Ignacio Goirigolzarri –Goiri–, presidente de Bankia y ex consejero delegado del BBVA. Goiri esperaba reprivatizar Bankia, pero las condiciones de mercado no lo permiten y no le gustaría eternizarse en esa situación. Su nombre aparecería vinculado a una fusión BBVA-Bankia, pero es poco viable por la mayoritaria participación pública en la entidad surgida a partir de Caja Madrid.

Al mismo tiempo, las históricas familias de la industria y las finanzas vascas, expulsadas del banco por FG, maniobran para volver al consejo de administración. También el PNV, pendiente de negociar con Pedro Sánchez, sueña con un BBVA más vasco. Por último, está la hipótesis de una fusión con el Banco Sabadell. A pesar de su «salto adelante» de los últimos años, carece todavía de la masa crítica –tamaño– necesaria. El presidente del Sabadell, Josep Oliú podría ocupar una copresidencia no ejecutiva, en la línea de lo que desea el BCE. En definitiva, un banco, el BBVA, en medio del huracán y en busca de «dueño». Habrá cambios.