Carlos Falcó: «Sólo dejamos de amar cuando morimos»

Marqués, sí. Pero «currante» desde la cuna. Nació en 1937 en Palacio, el de Dueñas, pero por las venas de Carlos Falcó más que sangre azul corren aristocráticos el aceite y el vino de sus dehesas toledanas. Ingeniero agrónomo y alquimista, preside el Círculo del Lujo Fortuny, que asocia a algunas de las más importantes firmas españolas de alta gama. Casado tres veces (Jeannine Girod, Isabel Presysler y Fátima de la Cierva) y tres veces liberado, la segunda de sus cinco hijos dirige con él la bodega a la que su título da nombre y que produce 300.000 litros anuales del mejor vino y 60.000 de aceite de primera calidad. Lujo, sí. Pero con los pies en la tierra. Porque un marqués que desayuna cereales antoxidantes del Dia bien merece una entrevista.

–Representa al lujo español. ¿Sin mala fe, de dónde es su corbata?

– Pues la verdad es que no tengo ni idea. (Le da la vuelta y escudriña). Me la regaló mi amigo (el catedrático de Derecho laboral) Juan Antonio Sagardoy y me encanta. (Finalmente descubrimos una etiqueta con el «Made in Spain». Ríe)

–Salvado. Hecha en España, pero de su padre y de su madre...

– Ése es nuestro reto. La excelencia española no tiene nada que envidiar a la francesa o italiana aunque hemos llegado tarde desde el punto de vista comercial. Pero para eso está el Círculo Fortuny.

¿Le hace diferente ser marqués?

– Hay mundos como el del vino donde no viene mal porque hay muchas bodegas de prestigio en Burdeos o en Borgoña asociadas a familias antiguas vinculadas a la elaboración del vino de calidad. También en Italia. Me sirve porque en mi caso es una bodega joven que empezó en 1982. Pero esta finca lleva haciendo vino y aceite desde el siglo XIII, aunque no fuera embotellado. Y eso lo usamos en la comunicación porque es un símbolo de que en nuestros genes corre la tradición del vino y el aceite.

– ¿Tiene sentido la nobleza hoy?

–Tiene sentido en la medida en que la nobleza forma parte de la identidad de este país, de su historia. Las personas que desempeñan un título, lo usen o no, tienen una responsabilidad. Si has heredado encinas y olivos milenarios, tradiciones y propiedades históricas, debes saber que no es tuyo. Lo recibes prestado y debes devolverlo a la siguiente generación en iguales o mejores condiciones.

–Como en cualquier familia...

–Igual. Si puedes aportar algo a tu país, mejor. En mi caso, mejorar la elaboración del aceite de oliva, que es algo a lo que llevamos 5.000 años dándole vueltas. Y más en un país dónde el aceite es uno de los pocos liderazgos que tenemos. La aristocracia es la búsqueda de la excelencia. Esa es la verdadera aristocracia.

–¿Le preocupa la pérdida de la españolidad de Deoleo?

– No me preocupa porque las almazaras y los olivos están en España. Me preocupa qué pasará cuando lo venda el fondo CVC y si seremos capaces los españoles de mantenerlo.

–¿Tiene sentido el lujo tal y como estamos?

– Sí. Más del 60% de los europeos considera que el lujo es creador de imagen, de exportación (representa el 10% de las ventas europeas) y de empleo de calidad. Curiosamente, los españoles son los más entusiastas en este sentido. Más del 70% cree que el lujo es muy positivo para la imagen y el futuro de Europa.

–Ya que en cualquier lado se puede producir de todo en serie, siempre nos quedará el lujo.

– Nos queda mucho más. Europa tiene el 7% de la población mundial, genera el 30% del PIB y representa el 50% del gasto social. No podemos fabricar en las mismas condiciones y más barato que China, Angola o Brasil. Por fortuna, tenemos salarios más altos y costes sociales más altos. Tenemos que dedicarnos a la excelencia, no luchar con China.

–Pues tenemos que ponernos las pilas.

–Sí, vamos retrasados en el lujo. Muchísimo.

–¿Nos ha venido bien la crisis?

–Sí. Ha sido una lección muy dura, pero para bien. Nos ha obligado a ponernos en marcha y a hacer dos cosas fundamentales: innovar y generar marca.

–¿Qué nos falta en España?

–Creérnoslo. Aunque ya estamos empezando a hacerlo. Somos el segundo mayor exportador de Europa en relación al PIB por detrás de Alemania.

–¿Lo mejor de su vida?

–Compartir los éxitos con mis hijos, como el Gran Premio a la Cultura Gastronómica o la traducción al italiano de mi libro «Oleum».

–No se jubila. ¿Cuál es su secreto?

–Una vida activa, con ilusiones, metas y proyectos. Hay que perseguir la perfección. Y, por supuesto, la dieta mediterránea y una siesta de vez en cuando.

–¿Enamorado aún?

–Eso está en el ADN de la especie humana. Sólo dejamos de amar cuando morimos.

– Recomiéndenos un vino.

– Pingus 2012-2013 (de 635 euros para arriba).

–Uno para mortales...

– Caliza (de su bodega, 9-10 euros).