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Lo que debes saber para que salgas airoso de una entrevista de trabajo

Hay cuestiones que por su ilegalidad no se nos deberían plantear, como es el caso de la religión, la edad o el estado civil.

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Si hemos sido afortunados y la empresa para la que nos hemos postulado como candidato nos llama para realizarnos una entrevista de trabajo, no caigamos en el error de no prepararnos las posibles preguntas a las que nos vamos a enfrentar. Muchos reclutadores siguen la misma estructura de cuestiones a plantear que pueden variar si la vacante a cubrir es para un puesto sénior o júnior. En el primer caso, a los reclutadores les interesará más conocer la experiencia del candidato y en el segundo la trayectoria académica. En cualquier caso, las entrevistas seguirán casi siempre el mismo patrón: conocer la experiencia funcional del candidato, así como su estilo personal, sus pretensiones futuras o la idea de desarrollo profesional.

«La experiencia funcional tiene que ver con su trayectoria laboral, que comprende conocer la complejidad del sector del que procede, el tipo de empresa, las magnitudes que ha manejado en términos de negocio, el equipo que ha liderado, etc. Es importante analizar también cómo ha sido su evolución, es decir cómo ha ido progresando en su carrera», sostiene Andrés Fontenla, socio director de Recarte & Fontenla, Executive Search. Debemos saber que hay preguntas que no se nos deberían plantear por su ilegalidad como la edad, la religión o la situación familiar. Sin embargo, si el reclutador quiere conocer estos aspectos se nos pueden realizar preguntas como nuestro nivel de disponibilidad para viajar. «La propia Constitución española establece que no puede prevalecer “discriminación alguna por razón de nacimiento, raza, sexo, religión, opinión o cualquier otra condición personal o social”. El hipotético impacto en el puesto de trabajo puede estar relacionado con el hecho de tener obligaciones familiares que sean un impedimento, por ejemplo, para tener gran disponibilidad para viajar. Por ello si es lícito preguntar directamente sobre tal disponibilidad en el caso de que se trate de un requisito indispensable», explica Fontenla.

Las entrevistas de trabajo suelen estructurarse en tres partes: historial profesional, circunstancias personales, motivación y expectativas profesionales. El tipo de preguntas varía mucho en función del tipo de empresa, la forma de evaluar y seleccionar del reclutador, la posición que se pretende cubrir, entre otros aspectos, señalan desde Infoempleo. Para conocer nuestro historial profesional, las preguntas más frecuentes que nos puede plantear el entrevistador son los motivos del cambio de trabajo, nuestro interés por la posición, nuestro rol dentro de la empresa y nuestro proyecto profesional ideal. Así lo explica Montse Castilla, socia y «general manager» de AdQualis Talent Search, quien aconseja decir siempre la verdad. «Es importante que los candidatos no se sientan examinados, tenemos que crear el ambiente adecuado para que contesten de forma sincera». Una vez conocido nuestro historial profesional, el entrevistador pasará a la segunda fase, conocer nuestras circunstancias personales o rasgos de personalidad y nuestras competencias. ¿Qué destacarías de ti?, ¿cuáles son tus cualidades?, ¿en qué puedes mejorar?, ¿te gusta trabajar en equipo o prefieres hacerlo solo?, ¿qué le pedirías a un jefe?, ¿qué crees que dirían de tí tus compañeros? o ¿qué puedes aportar a este nuevo proyecto?, ¿qué mejorarías de tu forma de trabajar?, ¿te consideras líder o seguidor?, explica Castilla. «Lo que más les cuesta a los candidatos es responder a la pregunta de cuáles son sus áreas de mejora, y en este punto es bueno ser honesto». El apartado de logros y fracasos es muy útil para conocer al candidato, tanto su valía por las contribuciones concretas que ha realizado como también su capacidad de superación, añade Andrés Fontenla. «Alguien que no reconoce sus méritos, o lo que es peor, sus fracasos, tendrá una pobre o incluso falta imagen de sí mismo». Y por supuesto, nunca faltan las que son específicas del puesto, explican desde Infoempleo: qué experiencia se tiene en ese ámbito, bagaje pasado, conocimiento específico de herramientas o habilidades concretas: ¿cuál es tu experiencia cómo «project manager?, ¿has utilizado a nivel profesional Photoshop?, ¿sabes gestionar equipos?, por ejemplo.

Conocer la motivación y expectativas profesionales del candidato permitirá identificar aspectos clave como son el encaje en la cultura de la empresa, así como el momento profesional del candidato, añade Fontenla. Es la tercera parte de la estructura de la entrevista y las preguntas que nos pueden dirigir son las siguientes: ¿Qué esperas de este proyecto?, ¿qué te atrae de la empresa? ¿cuáles son tus motivos de cambio?, ¿tus objetivos profesionales inmediatos?, ¿qué esperas de tu jefe? «El entrevistador busca sacar la máxima información del candidato, pero uno no debe venir con las respuestas aprendidas, lo que no significa que no tenga que prepararse y estructurarse la entrevista», añade Castilla.

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Una pregunta a la que recurren siempre los entrevistadores es cuáles son nuestras expectativas salariales. «La retribución es uno de los aspectos esenciales de una oferta laboral. Cuando un directivo afronta un cambio, bien por haberse quedado desempleado o bien por el deseo de abordar un nuevo reto profesional, la cuestión económica tiene normalmente mucho peso. En el caso de acceder a una posición tras un periodo de desempleo es lógico que el profesional presente una mayor flexibilidad y que en su balanza de prioridades el salario no esté en primer lugar», explica Fontenla. Según Castilla, la «respuesta ideal es decir que el sueldo no es nuestra principal motivación, sino el proyecto».

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Fuera de moda

Por otro lado, hay preguntas que han quedado fuera de moda. Cada vez se emplea menos: dime tres virtudes y tres defectos. «Algunos reclutadores han decidido dejar a un lado este tipo de cuestiones porque los candidatos ya se la esperan, la tienen excesivamente preparada o bien es una respuesta poco sincera», señalan desde Infoempleo. Explican que actualmente se está optando por hacer algunas innovaciones en las entrevistas, dejando a un lado su aspecto más formal y convirtiéndolas en charlas más informales. Esta opción propicia que el candidato se encuentre más cómodo, esté algo más distendido y sea más fácil que se abra y sea sincero a lo largo de la conversación. «No existen las preguntas trampa pero si algunas que pueden ser más delicadas como las relativas a despidos anteriores, expectativas salariales, qué conoces sobre la empresa, por qué razones quieres dejar la empresa o posibles situaciones futuras como: ¿qué harías en caso de disputa con un compañero? ¿cómo reaccionarías si un cliente se queja? En general el objetivo de una entrevista no es “ir a pillar” sino que se pretende evaluar las capacidades y la idoneidad para un puesto», subrayan desde esta empresa de colocación. Pero, sobre todo, si hay algo que no gusta a ningún reclutador es que el candidato mienta, que no conozca bien su currículum, o equivocarse al explicarlo. Tampoco es aconsejable criticar a anteriores compañeros o jefes.