¿Qué Presupuestos debe apoyar el PP?

Si Sánchez presenta un proyecto populista, que tira del gasto público y pretende que sean las clases trabajadoras y los empresarios quienes carguen con los costes, a Casado no le quedará otra opción que oponerse.

Alberto R. RoldánLa Razon

No es difícil intuir un doble juego político en el planteamiento que hace el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, de cara a la aprobación de los nuevos Presupuestos Generales del Estado. Porque, por un lado, reclama el concurso de todas las fuerzas parlamentarias ante una situación cierta de emergencia económica y social, mientras, por otro, diseña un escenario que deja a la primera fuerza de la oposición, el Partido Popular, en una postura de rechazo preventivo que, evidentemente, trata de retratar ante la opinión pública a la formación que lidera Pablo Casado como epítome de la intransigencia y la insolidaridad. Si, además, en su estrategia cuenta con el cálculo posibilista de la nueva dirección de Ciudadanos, dispuesta, al parecer, a dar su apoyo al Ejecutivo, también, preventivamente, tenemos la receta perfecta para encerrar a los populares en un nuevo cordón sanitario.

Y, sin embargo, de momento, la única posición que responde a la lógica política, es decir, al interés del cuerpo social, es la que mantiene Casado, por muy excesiva que nos parezca su negativa a negociar nada mientras Unidas Podemos se siente en el Consejo de Ministros. Porque, en realidad, desde el ámbito gubernamental, mucho más amplio que el que delimita La Moncloa, se nos ofrece un espectáculo de artificio, brillante por momentos, pero insustancial a los efectos que estamos tratando. O dicho de otra forma, cuáles son exactamente los Presupuestos para los que Pedro Sánchez pide, cuando no exige, el respaldo al principal partido de la oposición. ¿Son las cuentas públicas que necesita España para salir de la profunda crisis económica en la que se halla o son, por el contrario, unos Presupuestos que se adecúan al programa populista firmado por el PSOE con el partido de Pablo Iglesias?

Se trata, ciertamente, de una diferencia capital, con un problema añadido: que nadie en el Ejecutivo ha puesto sobre la mesa, negro sobre blanco, un borrador de los PGE digno de ese nombre, ni siquiera el contenido de sus líneas maestras, a menos, que se pretenda que sirven las aproximaciones contables de antes de la pandemia, cuando España no había perdido aún el 22,7 por ciento del PIB, el doble que la caída media de los países de la OCDE, y su mercado laboral no iba hacia la catástrofe actual. Por lo tanto, sólo cuando el Gobierno presente su proyecto cabrá la oferta de negociación a las distintas fuerzas parlamentarias y, en su caso, el apoyo. Y en este sentido, nuestra posición editorial no ha cambiado. Si el presidente del Gobierno presenta las cuentas públicas que necesita España, con todas las consideraciones que se quieran poner, nada más indicado y necesario que el Partido Popular las respalde. Pero si nos encontramos con un proyecto populista de izquierdas, que tira de la barra libre del gasto público y pretende que sean las clases medias trabajadoras y los empresarios quienes carguen con los costes, a Casado o le quedará otra opción que oponerse.

Puede haber, cómo no, una tercera vía. La que señala hacia un sudoku inútil para el conjunto de los españoles. Que Sánchez, a base de aceptar enmiendas que contenten un poco a todos, aunque en el fondo nada resuelvan, consiga que Unidas Podemos y Ciudadanos, amén del PNV, puedan justificarse ante sus electores y conformar una mayoría suficiente, una vez que parece haber descartado el apoyo de los separatistas catalanes. No serán, por supuesto, los Presupuestos que necesita España, pero le permitirán mantenerse al frente de la legislatura, al menos, dos años más. No queremos hacernos ilusiones, pero, tal vez, en su conferencia con los grandes empresarios de este país, además de presionar a Casado, se le lleve al convencimiento de que España no saldrá bien parada de otra dosis de populismo.