¿Qué les pasa a los estudiantes con las Matemáticas?

“No hay modo de entender bien al hombre si no se repara en que la Matemática brota de la misma raíz que la poesía, del don imaginativo” José Ortega y Gasset

Es imprescindible que los educadores, en todos los niveles de enseñanza, se preocupen por incentivar a los alumnos, no desperdiciar la energía y el talento que poseen, poner énfasis en el poder, la belleza, la realidad de los conceptos que desean transmitir y transformar así, a las Matemáticas en una amiga y aliada y no en una enemiga odiosa y aborrecible.
Es imprescindible que los educadores, en todos los niveles de enseñanza, se preocupen por incentivar a los alumnos, no desperdiciar la energía y el talento que poseen, poner énfasis en el poder, la belleza, la realidad de los conceptos que desean transmitir y transformar así, a las Matemáticas en una amiga y aliada y no en una enemiga odiosa y aborrecible.

El rechazo y la ansiedad que manifiestan los alumnos desde edades muy tempranas hacia las Matemáticas es un problema real y muy preocupante. A pesar de la utilización de instrumentos, técnicas y metodologías cada vez más innovadores para hacerlas atractivas, los estudios recientes llevados a cabo por expertos en Educación Matemática no vislumbran mejorías. La ansiedad matemática es un sentimiento de aprensión, de temor que interfiere en el rendimiento y en el aprendizaje de los alumnos. Pero quizá podría pensarse que el origen de ese rechazo se encuentre en la propia aversión que tienen muchos maestros de educación primaria hacia las Matemáticas y que se ven obligados a enseñarlas.

Es evidente, que no se puede transmitir pasión, encanto y seguridad en aquello en lo que no se tiene especial convicción. Debería empezarse por dar una formación adecuada a los maestros. Ellos deben reflejar en el día a día, su amor, su seguridad, su confianza por las Matemáticas; enseñar el lado bello, pues no cabe duda de que las Matemáticas son un arte. Es muy fácil hacer que resulte una asignatura poco atractiva. Para ello basta con resolver problemas repetitivos, de forma mecánica, utilizando recetas, no dando importancia a las aplicaciones reales ni a la historia de los conceptos matemáticos, soslayando la belleza de las ideas y teniendo a maestros y profesores que no entienden bien aquello que intentan explicar. Por supuesto que todo ello conduce al fracaso más absoluto y genera una actitud negativa hacia las Matemáticas.

El lema que tendría que liderar cualquier entorno de aprendizaje sobre las Matemáticas debería ser “de malditas a deseadas”. Los maestros y profesores, en lugar de enseñar fórmulas y recetas prefabricadas, tienen que enseñar a pensar. Tener una educación matemática sólida y consolidada define en gran medida la capacidad crítica y la habilidad para tomar decisiones. Pues hoy, más que nunca, el que no sepa algo de Matemáticas va a tener un serio problema en la era de los datos en la que estamos inmersos, y por ello es necesario comenzar desde edades muy tempranas.

En cuanto a Educación Matemática se refiere, es imprescindible que los educadores, en todos los niveles de enseñanza, se preocupen por incentivar a los alumnos, no desperdiciar la energía y el talento que poseen, poner énfasis en el poder, la belleza, la realidad de los conceptos que desean transmitir y transformar así, a las Matemáticas en una amiga y aliada y no en una enemiga odiosa y aborrecible.

En la mayoría de los sistemas educativos las Matemáticas son consideradas como una de las asignaturas fundamentales en los planes de estudio, dado que contribuyen al desarrollo cognitivo del niño y poseen gran funcionalidad en la vida adulta. Pero no deja de ser menos cierto que todo el alumnado, en general, tiene dificultades manifiestas para comprender y utilizar los conocimientos matemáticos. Nos enfrentamos así a una paradoja, dado que por un lado las Matemáticas se reconocen como uno de los conocimientos imprescindibles en las sociedades modernas con un desarrollo tecnológico sin precedentes y por otro, resultan ser un verdadero obstáculo generador de dificultades, fracasos y abandonos escolares.

Es interesante analizar cómo evoluciona la actitud de los alumnos hacia las Matemáticas, comenzando por la educación infantil y avanzando a través de los distintos niveles de estudios.

En los últimos años se han realizado investigaciones que estudian la relación entre la dimensión afectiva de los alumnos y la enseñanza-aprendizaje de las Matemáticas. Algunas de las conclusiones que se extraen de dichos estudios ponen de manifiesto que el interés de los alumnos por las Matemáticas decrece notablemente a medida que progresa en los estudios y asciende peldaños en la escala educativa. Asimismo, se detecta que el alumno pierde motivación, dado que las considera de escasa utilidad de cara al futuro. Sin lugar a dudas, esto se debe a que quienes imparten la asignatura la explican alejada de la vida real, de forma descontextualizada y memorística. Otro aspecto que se contempla es la pérdida de confianza en la propia capacidad personal para abordar y resolver cuestiones matemáticas. Surgen así, sentimientos y emociones negativas que generan ansiedad.

¿Cómo podrían reducirse los niveles de ansiedad? Si se logra que el alumno mejore su desempeño, se sienta motivado, perciba la aplicación al mundo real, participe en las clases, entienda qué significa cada número obtenido y vea las Matemáticas como algo útil, necesario y en definitiva agradable, podría revertirse el problema existente. Por supuesto que no es nada fácil, pero si tanto la sociedad como los gobiernos toman conciencia de la importancia trascendental de las Matemáticas, en un plazo no muy extenso, se apreciarían resultados de mejora sorprendentes.

La apuesta por la reflexión en esta disciplina que tanta reticencia genera en los alumnos está siendo tema de debate en distintas asociaciones a nivel nacional y se pretende que el sistema educativo español se adapte a los cambios que exige el mundo actual.

Afortunadamente, en las Universidades españolas se observa una gran demanda para acceder a las titulaciones de Matemáticas o afines. Esta es una buena señal y lo deseable es que continuara a través del tiempo, pero para que dicho objetivo sea realidad debemos empezar a trabajar desde los inicios de la escolarización.

Una última reflexión y no menos relevante, es que la Agenda 2030 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) considera la educación entre sus objetivos. Concretamente, el ODS4 es: “Garantizar una educación inclusiva y equitativa de calidad y promover oportunidades de aprendizaje permanente para todos”. Más de la mitad de los niños y adolescentes del mundo no alcanzan los niveles mínimos de competencia en lectura y matemáticas. Es necesario volver a centrar los esfuerzos para mejorar la calidad de la educación. Las desigualdades educativas en cuanto a género, ubicación urbana y otras dimensiones todavía son profundas, haciendo necesarias más inversiones en infraestructura educativa, especialmente en los países menos adelantados". Y una vez más, aparecen nuestras queridas Matemáticas.

Dra. Dª Gabriela Fernández Barberis

Profesora Titular de Matemáticas

Universidad CEU San Pablo