¿Cómo se debe abordar la vuelta al cole?

¿Es posible educar en tiempos de incertidumbre?

La educación siempre es posible porque la persona puede crecer en toda circunstancia y educar es ayudar a crecer.

Además, crecimiento e incertidumbre se reclaman. Todos los grandes pasos en la vida están llenos de incertidumbre: un nuevo hijo, un cambio de trabajo, casarse… y es en ellos en los que se produce grandes crecimientos. La incertidumbre, lejos de ser un problema para el crecimiento es su estado natural.

Más todavía. Hoy en día el reto no está en la técnica, sino en la persona. La capacidad de diálogo, la creatividad, el cuidado de las relaciones, la cooperación, etcétera (las incorrectamente llamadas “soft skills”). Y todo eso puede trabajarse directamente en la situación presente. Ese miedo al “año perdido” es una quimera educativa. Uno no es un mal lector por aprender a leer un año más tarde. Siempre hay tiempo para la técnica, pero las cuestiones personales no pueden postergarse. Educar en el miedo por la incertidumbre nos hará miedosos (al educador y al educando).

Y todavía hay más. No hay que olvidar que la incertidumbre es el estado natural de un niño en el colegio. Para un adulto le puede parecer ridículo la inestabilidad por la incertidumbre de un curso escolar, pero para el niño no. Al adulto le toca vivir lo que para un niño suele ser algo natural.

¿Cómo debería plantearse el curso escolar?

Acentuando lo que de ordinario se dice: atención personalizada. No por mantener la “distancia social” sino, porque se está poniendo de especial relieve que estamos educando en una forma de ser persona. La persona al decidir qué hacer en verdad está decidiendo quien ser. Todo el mundo ve que este año es un año para tomar muchas decisiones pues no es “hacer lo del año pasado”.

En la toma decisiones estamos educando si abordar la incertidumbre buscando seguridad, centrándose en uno mismo o, por el contrario, nos centramos en la confianza intentando construir algo bueno juntos. Una buena toma de decisiones sabe atender a la complejidad de la situación y proponer cosas que ayuden al crecimiento de todos los implicados. Esto lo llamaban prudencia los clásicos.

No se trata de educar “a pesar” de la incertidumbre de la pandemia sino de “usar” la incertidumbre de la pandemia para educar.

¿Qué coste emocional tuvo para los niños el pasado curso?

Cada uno es cada uno y tiene sus “cadaunadas”. Afirmaciones generales al respecto no son más que, en el mejor de los casos, hipótesis que tienen que investigarse. En nuestra propuesta de UpToYou decimos “el mundo no tiene significado de por sí, sino que adquiere un significado concreto por la experiencia de relación personal que tenemos en tales circunstancias”.

La pregunta que hacerse sería: ¿qué calidad de relaciones interpersonales vivió ese niño el año pasado? La respuesta a esta pregunta nos dará conocimiento del coste o beneficio personal (y con ello emocional) de la experiencia.

La calidad de las relaciones personales es lo más predictivo que existe para conocer la evolución de la vida de una persona. Mucho más que las condiciones socioeconómicas, las capacidades, las enfermedades o situación biológica. Los estudios al respecto son abrumadores. La situación actual no es una excepción.

¿Qué coste emocional puede tener la incertidumbre a la que se enfrentan los alumnos en el curso que va a comenzar?

La incertidumbre de lo que ocurra en el mundo no tiene coste. La incertidumbre es reclamada por el crecimiento. El coste lo tiene la inestabilidad de las relaciones interpersonales. Dicho de otra forma. Cuando la incertidumbre se predica de las relaciones interpersonales eso tiene un coste altísimo y se rompe en la persona la capacidad de usar creativamente el estrés y, desde luego, no se promueve la resiliencia. Un término muy querido en UpToYou es el de “alerta relajada”. La relación con el mundo nos genera “alerta” y eso es bueno, pero sabremos usar esa tensión creada para el crecimiento si la relación interpersonal está “relajada”. Es decir, basada en la confianza.

Por eso la clave no está en si hay incertidumbre o no, sino quién o qué introduce la incertidumbre. Si la incertidumbre la introduce este mundo y la relación personal está relajada estamos en el mejor escenario educativo. Pero si la incertidumbre la introduce la inestabilidad de las relaciones interpersonales, aunque uno esté tumbado al sol en la playa con un refresco y descansando estará en muy mala disposición para el crecimiento.

¿Esta situación, cambiará en algo la educación?

El mundo no cambia a las personas. Las personas cambian el mundo y a las propias personas. Además, no ocurrirá nada nuevo “post-pandemia” si no ocurre “en” la pandemia. Pensar que ocurrirá algo nuevo luego si no lo hacemos ahora es ingenuo. Por eso la pregunta podría ser ¿en qué estamos cambiando en la situación actual? El cambio acontece siempre en el presente. El presente es el momento de la acción, no el futuro. Saber que el futuro está abierto nos urge más intensamente a tomarnos en serio la capacidad de ser creativos en el presente.

Por otro lado, el cambio ocurre en el encuentro interpersonal, pues solo el otro es quien en verdad nos cuestiona. Si yo quiero hacer una silla, la madera no me cuestiona ¿por qué quieres hacer una silla? Si la madera es floja se romperá y no haré una silla. Luego encontrarme con dificultades en el mundo me podrá llevar a buscar nuevas estrategias y acabe siendo más eficaz y eficiente, más competente. Pero una madera no me cuestiona. La fuente del cuestionamiento viene del encuentro con el otro. La pandemia no nos va a cuestionar y de hecho podemos vivir obcecados en nuestros planes pre-pandemia. Solo cuando acogemos la novedad del otro que rompe mis esquemas aparece el cuestionamiento y eso es lo que nos va a hacer cambiar.

Los colegios que llamamos “innovadores” y han cambiado su forma de educar, no es por haber innovado metodologías, sino porque se han preguntado ¿cómo puedo acoger y ayudar a los alumnos reales y concretos que tengo? La nueva metodología no fue lo innovador, sino lo innovado. Lo innovante es acoger al otro. Espero se entienda el trabalenguas.

¿Qué iniciativas pueden adoptar los profesores para que esta vuelta sea más sencilla para todos?

Yo no creo que haya que hacerla más sencilla. Si les damos el mundo domesticado a la gente estos no sabrán transformarlo. Es como el niño que va a la granja y dice: “mira un pollo con plumas”, porque si siempre se le ha enseñado la realidad ya transformada. O el niño que va al campo y dice “huele a pizza” porque nota el orégano.

Lo que necesitamos no es encontrarnos las cosas sencillas, sino cooperativamente actuar sobre la realidad compleja para transformarla. Tenemos una oportunidad muy buena para cooperativamente situarnos ante la realidad y pensar juntos qué hacemos.

¿Te imaginas que los niños aprenden que cuando ocurren cosas que nos superan a todos podemos juntos diseñar un mundo donde vivir mejor juntos? Esto sería mejor que darles un mundo fácil en donde el problema no se vea porque se le ha dado “domesticado”.

Si vamos por la vía de simplificar ya me veo a profesores quejándose de los padres porque no hacen su parte, a los padres quejándose de los profesores por lo mismo y los niños otro tanto.