El Cigala, desde la raíz

Diego El Cigala, tras viajar por el mundo, vuelve a casa
Diego El Cigala, tras viajar por el mundo, vuelve a casa

Después de dos ediciones del exitoso «Lágrimas negras», Diego el Cigala grabó otros dos trabajos explorando el folclore argentino, profundizando en las raíces de la canción popular americana. Sin embargo, necesitaba volver al flamenco de raíz y, aunque el proyecto de un disco jondo estaba ya en marcha, llegó un acontecimiento sísmico para la música en el mundo y para la familia flamenca en particular: el fallecimiento de Paco de Lucía. Entonces, el duende del Cigala pedía a gritos encerrarse con un repertorio clásico y auténtico. Como el que trae la semana que viene a Madrid, en los conciertos de los Veranos de la Villa que acoge el Circo Price.

Hay que recordar que «Lágrimas negras» tuvo un impacto mundial. En ese trabajo, la voz rasgada de Diego El Cigala y el piano de Bebo Valdés parecían hechos el uno para el otro: boleros, tangos y coplas, y el toque mágico del maestro al compás del jazz. Pasó de ser un proyecto íntimo para los oídos de la gente que cabe en una habitación, a éxito internacional. Una gira eterna, dos Grammys y alabanzas en el «New York Times» (que nombró al trabajo disco del año en su categoría) casi significaban la obligación de continuarlo. Sin embargo, antes viene una colaboración con Paco de Lucía y un álbum conceptual de homenaje a Picasso, el pintor más flamenco. Tras ellos, «Dos lágrimas», continuación del flamenco con paisaje de jazz y música afrocubana.

«Algo» de riesgo

El Cigala viaja al sur entonces, a seguir con la investigación de ida y vuelta, que es en lo que consiste la evolución de la música popular. En Argentina se deslumbra y graba «Cigala y Tango», del que se quedaron fuera muchas composiciones, entre ellas, nada menos que el «Romance de Martín Fierro», el icono Gaucho, y que graba en «El romance de la luna Tucumana», ayudado nada menos que por Andrés Calamaro. «Ha sido un viaje muy largo, muchas incursiones en otro tipo de músicas y tenía unas ganas tremendas de volver a mis orígenes», comenta el cantaor de Lavapiés. «La verdad es que he aprendido muchas cosas, se aprenden estilos, sonidos e historias, pero no puedes aprender el flamenco. El flamenco que sé es el que llevo dentro ya. Me he enriquecido como ser humano pero no como cantaor, de ambas tradiciones, tanto la argentina como la afrocubana. Y creo que también ha servido para abrir algo de público allí, de que la gente gane interés. Cada vez me paran más en América», señala. Pero llegó el día de acometer un disco de raíz, y ¿cómo lo hizo? ¿Acaso se encerró a escuchar a los antiguos? ¿Creen que estuvo estudiando el repertorio? No. «Lo elegimos el mismo día que actuábamos en el Palau de la Música en Barcelona. Lo apuntamos en una libreta y salimos a cantar y a tocar, aunque la sevillana que habíamos pensado (''Sevillana de Juan Antonio'') es muy difícil y a esa sí que le estuvimos dando una vuelta antes de empezar», explica con naturalidad pasmosa y voz de recién despertado. Ese día estaba previsto que grabaran el disco, estaba el dispositivo para grabar preparado. Parece un poco arriesgado... «Sí, la verdad. Pero es que el directo es caliente y así se distingue del estudio. Sé que no preparar nada es un riesgo tremendo y que te la juegas a una carta. Puedes hacer el ridículo, pero no me daba vértigo. Y fue muy placentero». De aquella sesión brotó sin repetir una toma «Vuelve el flamenco», en el que cada corte representa un palo diferente: un martinete, una taranta, malagueña, bulerías, fandango de Huelva, soleá, tango y fandangos naturales.

También se convirtió en homenaje a Paco de Lucía. «Pero qué mal nos ha dejado. Lo único que se puede decir es que ha sido capaz de marcharse como los genios, dejando una obra maestra, ''Canción andaluza'', que es mi álbum de cabecera desde ahora. Qué trabajo más bonito, por Dios, y cómo toca en él Paco. Se fue como los grandes», señala, y apunta: «La responsabilidad ahora es para una persona, Diego del Morao, que es el único que queda. No hay otro. Y aunque no va a haber otro Paco, él puede hacernos muy felices». Con Diego del Morao, y «unos chavales genios», como Sabú Suárez (percusión) y Juan Grande, Ané Jesús Carrasco y Tarote (palmas y coros) forma la alineación de la semana que viene en Madrid. «Ya hemos presentado este trabajo y te aseguro que suena mejor que en la grabación. Pero bueno, ya sabes, el disco ya está ''forjao'' y no se puede hacer nada», comenta El Cigala.