Política

Barcelona

Iglesias logra insuflar vida al «fenómeno Podemos»

Se coloca como fuerza decisiva en la izquierda y clave para los pactos que desbancarían al PP de los gobiernos

Iglesias se fotografía junto a simpatizantes poco después de votar en Madrid
Iglesias se fotografía junto a simpatizantes poco después de votar en Madridlarazon

La euforia que se vivió ayer en las inmediaciones del Museo Reina Sofía de Madrid, donde las bases de Podemos celebraron la noche electoral, también dejó ver alguna que otra cara de alivio. Podemos tomó nueva fuerza de las elecciones autonómicas. El éxito de la formación de Pablo Iglesias fue indiscutible a nivel autonómico y será decisivo en varias comunidades autónomas durante la etapa de pactos que se abre hoy. Aunque la debacle del bipartidismo tantas veces anunciada no se produjo (PP y PSOE estuvieron por encima del 50% de los votos), lo cierto es que Podemos ha quitado la hegemonía de la izquierda al PSOE. «Cada vez que se abren las urnas crece nuestro apoyo», decía Iglesias no sin razón.

Aunque no se presentaba como tal a las elecciones municipales, la victoria de algunas candidaturas avaladas por Podemos en importantísimas capitales españolas (señaladamente en Barcelona y La Coruña) vino a redondear una noche tan dulce para el partido de Pablo Iglesias como lo fue, hace hoy exactamente un año, la de las europeas. Por si fuera poco, Podemos y PSOE podrían pactar en la capital de España y la próxima alcaldesa de Madrid sería Carmena.

Podemos se jugaba mucho en esta cita electoral. Tras la meteorica aparición en las europeas del año pasado todas las encuestas hablaban de un enfriamiento del «fenómeno Podemos» después del relativo fiasco de las andaluzas, la dimisión de Juan Carlos Monedero y el efecto negativo de las irregularidades fiscales de éste último y sus probables vínculos con el chavismo. A todos estos problemas se fue sumando el ascendiente de Ciudadanos: Albert Rivera parecía capaz de arrebatar a Pablo Iglesias el protagonismo del cambio y la voz cantante de los llamados «partidos emergentes». O almenos eso decían las encuestas, sobre todo en las comunidades autónomas de Aragón, Murcia y Castilla-La Mancha. La estrategia de moderar el mensaje y las propuestas programáticas del partido para «taponar» el auge en las encuestas de Ciudadanos se convirtieron poco después de las elecciones en Andalucía en una necesidad. Además, y quizá por encima de todo, Podemos necesitaba seguir alimentando la percepción de crecimiento imparable de cara a la cita electoral de 2015 que realmente interesa a Pablo Iglesias, aquella que le enfrentará a Rajoy a finales de año por La Moncloa.

En una noche marcada por la euforia y las declaraciones grandilocuentes, también hubo motivos de preocupación para Podemos si se analizan los resultados con detalle. Como ha venido informando LA RAZÓN en las últimas semanas, sectores descontentos con la línea oficialista de Pablo Iglesias han aprovechado la circunstancia de que Podemos no concurría como tal a las municipales para presentar candidaturas de unidad ciudadana. En algunas importantes capitales españolas se ha dado la situación de que el sector oficialista apoyaba una candidatura y los críticos, a otra. Tal es el caso, por ejemplo, de Bilbao, donde la lista apoyada por Podemos, Udalberri - Bilbao en Común, ha logrado dos concejales y los críticos, que se presentaban bajo la marca Ganemos, otros dos concejales, quedando de esta manera el voto a Podemos dividido en dos. Ésta es precisamente una de las principales preocupaciones de Pablo Iglesias de cara a las generales: que los diversos focos de descontentos entre sus bases, que se sienten más cercanos a la línea que hasta hace poco defendía en la cúpula Juan Carlos Monedero, se unan bajo la marca Ganemos y se presenten a las generales en otoño. En Bilbao, el electorado de Podemos se ha dividido por la mitad entre oficialistas y críticos. De repetirse esta circunstancia, o una versión más atenuada, en las generales, las consecuencias para el partido de Iglesias pueden ser catastróficas.