Romeva sondea a Podemos para lograr la presidencia

Ha mantenido contactos con Joan Herrera, quien le mostró su intención de exigir la investidura del candidato de Cataluña Sí se Puede.

Raül Romeva, cabeza de lista de Juntos por el Sí, ayer en Barcelona
Raül Romeva, cabeza de lista de Juntos por el Sí, ayer en Barcelona

Ha mantenido contactos con Joan Herrera, quien le mostró su intención de exigir la investidura del candidato de Cataluña Sí se Puede.

A escasos días del 27-S, flota en el ambiente y cobra cada vez mayor fuerza un gran pacto de toda la izquierda que dejaría a Artur Mas fuera de combate. Según miembros de la candidatura independentista, el muñidor de la operación es su cabeza de lista, Raül Romeva. En los últimos días, el dirigente comunista ha lanzado varios guiños a los candidatos de Cataluña sí se Puede, marca catalana de Podemos, y la CUP, para garantizar sus apoyos a la presidencia rotatoria entre él mismo y Oriol Junqueras, como avanzó este periódico. Pero el resultado no ha sido satisfactorio ante una rotunda exigencia de la formación podemita: la presidencia para su número uno, Lluis Rabell, y la salida de Mas de cualquier futuro gobierno. Estas fuentes aseguran que «Romeva ha pinchado en hueso» y las espadas siguen en alto.

En los últimos días, dirigentes de Convergència han detectado maniobras de Raül Romeva con los dos partidos de izquierda radical. Los primeros contactos de produjeron con Joan Herrera, líder de Iniciativa por Cataluña, la formación comunista integrada en la marca de Podemos, donde Romeva fue militante y eurodiputado en Estrasburgo. Herrera le hizo saber a su antiguo compañero que Rabell, y sobre todo Pablo Iglesias, nunca apoyarían a Artur Mas como futuro president. Con una complicación añadida: que en el caso de ser decisivos exigirían la presidencia para su candidato. Según estas fuentes, el propio Rabell le trasladó el mismo mensaje al líder de ERC. «Termina tu acuerdo con Mas y hazme a mí presidente», le dijo a Junqueras en un tajante ultimátum.

Este mensaje coincide con las declaraciones de Pablo Iglesias y Lluis Rabell en el reciente mitin celebrado en Nous Barris, Barcelona. «Señores de ERC, ¿qué hacéis escondidos en la lista de Mas? Apelad a vuestra conciencia y votadme a mí», pidió Rabell coreado al unísono por Iglesias. El dirigente de Podemos empleó un durísimo tono contra Mas, al que acusó de ser «un hombre blanco haciendo el indio». El candidato de Cataluña sí se Puede, secundado por Iglesias e Íñigo Errejón, trata de movilizar el voto de izquierdas confrontado a la disyuntiva plebiscitaria que divide al votante entre el sí y el no a la independencia. Fuentes del partido aseguran que nunca facilitarán la investidura de Artur Mas. «Le van a descabalgar y por eso está de los nervios», dicen los críticos convergentes.

Los dirigentes consultados coinciden en que si la lista de Mas no logra mayoría absoluta, el pacto entre ERC, Podemos y la CUP será un hecho. Un bloque de izquierdas pero con la duda de quién sería el presidente. Por ello, tras hablarlo con Oriol Junqueras, Romeva se ha lanzado a sondear a sus antiguos compañeros comunistas, pero se ha topado con la negativa de Lluis Rabell, que aspira a la presidencia, y la nebulosa de la CUP. Su líder, Alfonso Bañuelos, ha sido también tajante al negar su apoyo a Mas, a quien considera un político «corrupto y de derechas», y por el momento deja en el aire sus preferencias. Para colmo, un sector de Esquerra crítico con Junqueras empieza a desconfiar de Raül Romeva y observa sus movimientos con escepticismo. «Puede ahora pactar con Junqueras y trabajar por detrás para ser el único presidente», advierten, y señalan que él es cabeza de lista y Junqueras figura en el número cinco, detrás del propio Artur Mas. «Podría traicionarle y darle la puntilla», advierten. En Juntos por el Sí, «los cuchillos se respiran», reconocen.

Estas fuentes recuerdan que incluso en las encuestas que dan ganadora a la lista secesionista, sin mayoría absoluta, Convergència sólo tendría una tercera parte de los diputados electos en la candidatura. «¿Alguien cree que con esto Mas puede dirigir y administrar el grupo parlamentario?», se preguntan.

Esta situación y las presiones del núcleo duro de Esquerra han forzado a Junqueras a hacer un guiño a los sectores de la izquierda radical a través de Romeva y a articular el gran pacto que pasaría por garantizarse el apoyo de estos partidos a cambio de expulsar al presidente catalán. Según ellos, esto será determinante el 28-S y pronostica la decisión del líder republicano de abrir la puerta a un Gobierno de izquierdas, letal para Cataluña. Todo ello en función de los resultados, puesto que la única salvación de Artur Mas sería la mayoría absoluta. Algo que, en estos momentos y según varios sondeos, sólo le garantizan los radicales de la CUP.

Otro elemento a tener en cuenta es la aspiración de un sector de Podemos por reavivar el antiguo Partido Socialista Unificado de Cataluña, el PSUC. Liderados por la coordinadora y portavoz de Iniciativa en el Parlament, Dolores Camat, defienden el espíritu de la confluencia de izquierdas reivindicando el viejo PSUC, histórico partido de los comunistas catalanes. «Es la Cataluña que sí que puede, a la que le sobran Mas, Rajoy y Rivera», afirma Camat. El objeto es echar a Mas y lograr un cuatripartito de extrema izquierda, aunque ahora permanece latente una feroz lucha por la futura presidencia de la Generalitat. Está por ver cómo terminan los escarceos de Romeva con las fuerzas radicales.

A tres días de la fecha electoral, todo queda pendiente del resultado final que, según los expertos, aún sigue abierto. El antiguo socio de Convergència, Unió Democrática, lamenta que CDC asuma los lemas de un partido antisistema como la CUP. «No reconozco a quienes compartimos tantos años de camino político», dice Josep Antoni Duran Lleida. El líder democristiano observa con mucha preocupación el escenario tras el 27-S y alerta: «Un pacto de extrema izquierda pondrá en la Generalitat a una Ada Colau con otro nombre y apellido».