Un misterio laico

Escuchar a Sánchez afirmar que «Europa está preocupada por el uso partidista de la pandemia en España» resultaría una cínica expresión más en su boca, si no fuera porque ya resulta normal, para desgracia nuestra, dada su tendencia a la disociación de su personalidad –acuñada por Calvo–, entre la persona del candidato y la del Presidente en ejercicio. No obstante, el debate político no es teológico y, por tanto, no podemos establecer un dogma laico al que debamos someternos, como el de que tenemos un único Presidente del Gobierno pero encarnado en dos personas diferentes. Los cristianos creemos firmemente en el Misterio de la Santísima Trinidad –un único Dios verdadero y tres Personas distintas–, pero no pienso que estemos obligados a asumir que Sánchez sea comparable a una nueva divinidad. Creo que tampoco sea su deseo, por lo que sería una contribución a la normalización del debate político no decir cosas que atentan contra el más elemental sentido común de los ciudadanos. Caso contrario, creer en la palabra del Presidente se convierte en un acto de fe, lo que es incompatible con el laicismo anticonstitucional que el tándem gobernante está desarrollando.

Quizás fuera suficiente que la «normalidad nueva» del Gobierno consista en decir la verdad a los ciudadanos y, cuando razones adecuadas lo impidan, sencillamente callar. De esa forma, todos saldrían ganando: Sánchez en credibilidad y respeto, y los ciudadanos también, porque serían más comprensivos ante una situación tan complicada como la actual, que exige dirigentes eficaces. Y veraces.