Armas españolas para el mundo

España es uno de los siete países del mundo que más armas, municiones y tecnología de doble uso, civil y militar, exporta. Un mercado extendido por los cinco continentes y en expansión

España es uno de los siete países del mundo que más armas, municiones y tecnología de doble uso, civil y militar, exporta. Un mercado extendido por los cinco continentes y en expansión.

España tiene una industria de defensa amplia, diversificada y tecnológicamente avanzada. De hecho, son los aviones militares y los buques de guerra los que proporcionan los grandes contratos, con Airbus y Navantia, a la cabeza con más de 20.000 millones de euros en autorizaciones de exportación para 2018 y países como Australia, Arabia Saudí, Francia y Alemania como principales clientes.

En exportaciones efectivamente realizadas, en 2017 se superaron los 4.300 millones de euros, continuando con la tendencia alcista de los últimos años. Si en 2008 vendíamos armas y municiones por valor de 934 millones de euros, en 2013 ya eran 3.908 y en 2016, se superó la barrera de los cuatro mil millones.

Estas cifras colocan a la industria militar española en séptimo lugar, por detrás de los grandes –Estados Unidos, Rusia, Francia, Alemania, China, Reino Unido– y por delante de países como Israel e Italia. O lo que es lo mismo: las exportaciones españolas de armamento supusieron el 2,6 por ciento del total mundial, y representan el 1,6 por ciento de la balanza comercial.

Aparte de los productos aeronáuticos, navales y electrónicos, las armas ligeras y la munición copan los mercados. En 2017, el 6 por ciento de las exportaciones han sido municiones de todo tipo. Inlcuso cuando la larga guerra de Irán e Irak (1980-1988), que propició la venta de grandes cantidades de proyectiles de artillería y contenedores lanzados desde aviones, no se habían alcanzado las cifras actuales.

Los clientes principales están en Oriente Medio, donde la crisis entre Arabia Saudí e Irán está provocando un rearme acelerado. Por supuesto, no todas las peticiones de exportación se autorizan, aunque los países bajo embargo tratan de eludir las sanciones mediante la compra de tecnologías de doble uso.

España, según el «Centro Délas de Estudios por la Paz», impidió este tipo de ventas a Irán, Libia, Pakistán y Rusia, por sospechas de desvío a programas nucleares o de misiles.