Carmen Quintanilla: «Una mujer puede ser tan ganadera como un hombre»

La política denuncia la violencia de género silenciada en el campo y pide al Gobierno estadísticas segregadas para conocer el número de las víctimas en el medio rural y urbano

Carmen Quintanilla, diputada del PP y presidenta de Afammer / Foto: Alberto R. Roldán
Carmen Quintanilla, diputada del PP y presidenta de Afammer / Foto: Alberto R. Roldán

La política denuncia la violencia de género silenciada en el campo y pide al Gobierno estadísticas segregadas para conocer el número de las víctimas en el medio rural y urbano.

Carmen Quintanilla lleva 36 años luchando por las mujeres rurales desde la asociación Afammer (Asociación de Familias y Mujeres del Medio Rural) y 19 desde la política a nivel nacional para conseguir una sociedad más igualitaria también en el campo. Desde la presidencia de esta entidad persigue la ley de titularidad compartida de las explotaciones agrarias y ha encarnado una incansable pelea para frenar la violencia machista en un lugar donde es más difícil detectar el maltrato.

–¿Por qué resulta más complicado superar la violencia machista en el medio rural?

–Porque la gente se conoce más, hay una relación humana mucho más cercana, importa más el qué dirán. Las mujeres que quieren huir de esta violencia están lastradas por la propia condición humana y social en la que viven. El silencio de las mujeres del mundo rural es mucho más agudo que en el urbano. Seguimos solicitando al Gobierno que tengamos por estadística cuántas denuncias se producen en el medio rural y cuántas en el urbano, así podríamos actuar con mayor eficacia.

–¿Qué herramienta ofrece Afammer para proteger a las víctimas?

–Hemos trabajado en un servicio de asesoramiento y asistencia a mujeres centrado en cinco mensajes: empléate –hay que buscar desde el minuto uno un empleo, intentar formarse...–, nunca digas a nadie tus planes, confía en el personal sanitario, denuncia y pide asistencia jurídica. Son mensajes muy claros y pasos importantes para salir del círculo de la violencia.

¿Prevalece el liderazgo del hombre sobre ellas en el campo?

–Es una sociedad todavía condicionada por el pensamiento patriarcal, pero cada día los hombres rurales son más cómplices con las mujeres.

–¿Por qué no se promociona de la misma manera el trabajo de la mujer en el campo?

–Con ese fin hicimos nuestro segundo congreso internacional, para levantar la voz de las mujeres rurales. Hemos hecho un llamamiento al impulso social, económico y político para propulsar la ley de titularidad compartida de las explotaciones agrarias. Es una oportunidad para que tengan derechos sociales, laborales y fiscales. Existe todavía esa cultura patriarcal y el relevo generacional sigue siendo a favor de los hombres. Una mujer puede ser tan ganadera como un hombre. Hay que romper con la idea de que el campo está en manos de los hombres.

¿Qué consejo le daría a las nuevas generaciones de mujeres que entran en política?

En primer lugar, que se formen, después, que tengan una mochila, como yo, que soy funcionaria del cuerpo técnico del Estado. También es necesaria prudencia, presencia y participación. Tener muy claro que tu vocación es de servicio público. Creer en que se puede cambiar y hacer más justo e igualitario el mundo me llevó a donde estoy, y a día de hoy sigo teniendo la misma ilusión.

–¿Cómo consiguió abrirse paso en un mundo de hombres?

–Convencida de que lo que estaba haciendo merecía la pena. Nunca sentí la discriminación pero se que ha existido a mi alrededor. Yo estaba segura de que lo que hacía era importante para una sociedad en la que se necesita escuchar la voz de las mujeres rurales. Logré un escaño en el Parlamento y convertirme en la voz de dichas mujeres en el Congreso y en el Consejo de Europa. He creído, y al creer todas las barreras que pueden ponerse en el camino, con fuerza y perseverancia, se rompen.

–¿A qué tuvo que renunciar en favor de su lucha?

–Siempre hay renuncias, no es fácil compaginar tu vida profesional con la personal, ni tampoco con el proyecto de vida que da Affamer, que era un sueño que tuve hace 36 años. Es un camino complicado pero tuve la suerte de que mi familia me entendía. Se pierden momentos muy importantes en la vida de tus hijos, o reuniones familiares, pero renuncias a ellas a favor de un compromiso mayor, hablar de la historia de las mujeres en mayúsculas.

¿Se necesitan mas políticas inclusivas en el lenguaje del mundo rural?

–No hay que pasarse. Sí hay que visibilizar en el lenguaje a las mujeres, pero no tenemos que volvernos locos. Hay palabras que suenan mal si se feminizan o masculinizan. No podemos destruir el lenguaje, sería una tortura.

–¿Qué opina sobre las declaraciones de la ministra Ribera en contra de la caza?

–Son totalmente desafortunadas porque la caza es una riqueza económica fundamental desde que empieza la veda de la mayor en octubre hasta finales de febrero. La caza aporta más de 6.475 millones de euros al Producto Interior Bruto en España y mantiene más de 186.000 empleos, produciendo 614 millones de euros de retornos fiscales para las arcas públicas. Es una barbaridad destruir aquello que nos da riqueza en España y más al mundo rural. ¿Qué quieren, despoblar España todavía más?

–¿Le ha dado algún consejo a Pablo Casado?

–No necesita ninguno porque es un hombre prudente y serio. Un gran político y una gran persona. Pablo lidera perfectamente el centro derecha, lo personifica. Con él podemos ser esa alternativa de Gobierno que necesitan los españoles.