Casado empieza a recuperar el voto

No deberían celebrarse nuevas elecciones. No le interesa a nadie. Aunque los dos grandes partidos comienzan a recuperarse y el bipartidismo avanza mes tras mes. El PSOE no puede arriesgar teniendo ahora la posibilidad de permanecer en el poder y el PP necesita tiempo para reorganizar el centro derecha y lavar su imagen de la superada era Gürtel.

Los partidos «alternativos», los que han llegado en los últimos tiempos para complicar la situación, los que pretendían acabar con el «malvado» bipartidismo y sustituir el efectivo sistema de alternancia por uno ingobernable multipartidista, se baten en retirada. Unas elecciones anticipadas los desarbolaría.

Por lo tanto, el PSOE debe asumir su responsabilidad de saberse apoyado por el 28,7% de los votos válidos y rechazado por el 71,3% de los votos válidos del 28-A y formar gobierno con sus socios de moción de censura de 2018. Ya ha perdido un año precioso para el futuro de España, intrigando en lugar de ir reformando. España necesita reformas económicas, educativas, de pensiones y de eficiencia en las administraciones públicas, así como recuperar competencias transferidas a comunidades autónomas con gobiernos poco fiables de lealtad a la Corona. Desde foros internacionales se nos aconseja, y exige, un gobierno que asuma responsabilidades para asegurar el crecimiento económico, único modo de sostener en el tiempo el Estado de Bienestar. Todo esto conllevará un enorme desgaste electoral al partido que lidere el gobierno en el próximo cuatrienio.

Por lo que un PP armado de paciencia y con los deberes hechos (implacable control parlamentario, unificación del centro derecha y un ambicioso programa de gobierno para 2023/2027) estará en condiciones de recuperar el gobierno.

Unas elecciones anticipadas pueden cambiar algo o mucho los resultados del 28-A, algo si se celebrarán ya, pero los mecanismos constitucionales no lo permiten.

Si consideramos los resultados de las últimas encuestas electorales, la mayoría contempla una recuperación del PSOE y PP con respecto al 28-A, siendo la de los populares más importante que la del PSOE. Los socialistas continuarían creciendo a costa de UP, pero menos, mientras que los populares acelerarían la recuperación de votantes cedidos a Cs y a Vox.

Los populares en dos meses han ganado 3,5 puntos, pasando del 16,7% al 20,2%. Mientras que sus competidores por el votante del centro derecha, retroceden. Vox ha perdido 2,3 puntos en el mes siguiente a las últimas generales, bajando del 10,3% al 8,0% y Cs se ha dejado 1 punto, descendiendo del 15,9% al 14,9%. Es el inicio de la concentración del voto en el PP. Es esta la primera fase, fruto del arrepentimiento de los votantes de haber fraccionado el voto. La segunda fase comenzará cuando el PP empiece a trabajar en el Congreso de los Diputados, ejerciendo la leal y única oposición posible.

Sin embargo, una elecciones anticipadas a unos meses vista, a tres como mínimo, sí que deberían alterar el resultado del 28-A, pues hay factores objetivos que así lo justificarían:

Primero, la incapacidad del PSOE de formar gobierno, siendo el grupo parlamentario mayor del Congreso de los Diputados, al que el Rey le ha encomendado la misión de formar gobierno, le pasaría factura en las urnas. Ya que el electorado entendería que solo podría gobernar con los neocomunistas de Unidas Podemos y todas la sopa de siglas independentistas, enemigas del Estado. El 28-A los españoles le otorgaron 123 escaños. Jamás en la historia desde la restauración democrática de 1978 un presidente había sumado una cantidad tan baja de escaños.

Segundo, el PP está siendo percibido de nuevo como única alternativa realista al bloque frentepopulista. No solo está debilitando a Ciudadanos y a Vox, sino que por primera vez desde la aparición de estas siglas ha conseguido revertir el flujo migratorio de votos en el seno del centro derecha, desde junio el PP mantiene un saldo positivo en el balance de intercambio de votantes con estos dos partidos.