Ciudadanos, el riesgo de morir de éxito

Cuatro de los fundadores del partido reflexionan sobre los retos a los que se enfrenta Rivera tras el 28-A, resaltando la importancia de proyectar una imagen de seriedad y fidelidad al ideario del proyecto.

Simpatizantes de Cs preparan un mitin durante la campaña del 28-A / Foto: David Jar

Cuatro de los fundadores del partido reflexionan sobre los retos a los que se enfrenta Rivera tras el 28-A, resaltando la importancia de proyectar una imagen de seriedad y fidelidad al ideario del proyecto.

Nadie duda del éxito alcanzado por Ciudadanos en las últimas generales. A tan solo 0,84 puntos de diferencia del PP (apenas 200.000 votos) convertirse en el referente del centro derecha ya no parece tan difícil. Sin embargo, cuatro protagonistas de los primeros pasos que dio el partido alertan a Rivera de los retos que encontrará en la legislatura y resaltan la importancia de proyectar una imagen de seriedad y fidelidad al ideario del proyecto.

► Félix de Azúa: Una posición muy difícil

El resultado, para el partido, es bueno. Poco a poco su modo de pensar va penetrando en el entendimiento de los españoles. Una posición como la de Cs es muy difícil de exponer en un país en el que todo ha sido desde hace siglos o blanco o negro. El pragmatismo de Cs, que no atiende a creencias sino a programas, no es fácil de explicar. Es el único partido que quiere acabar con el fantasma de las dos Españas. Tarde o temprano habrá que pactar con el PSOE, pero no con el actual partido sanchista. No se puede pactar con un jefe que domina absolutamente el partido y cuya posición es decididamente cómplice de los nacionalistas catalanes y vascos. Incluso de los más violentos, como Otegi. Es el PSOE el que debe reconducirse y apartarse de los infantilismos de Podemos si quiere pactar con Cs.

Creo que la fuerza de Ciudadanos consiste en que puede moderar los radicalismos socialistas y las posiciones reaccionarias de los conservadores. Puede combatir el infantilismo anticapitalista del PSOE y puede rechazar las obediencias eclesiásticas del PP. Insisto en que es un partido pragmático, cosa inédita en España donde hay que ser obligatoriamente o católico o judío, o carlistón o liberalote, o rojo o azul, o progre o facha.

Todos los partidos corren serio peligro. Se ha hecho evidente que los votantes no pueden confiar en ningún político y que la mayoría vota por inercia a lo que ya conoce, un poco como quien sigue comprando el mismo diario aunque ahora ya le irrita su sectarismo. Es el sistema mismo el que está en peligro, aquí y en todas partes. Es un momento confuso.

► Francesc de Carreras: Capacidad y coherencia

Desde cualquier punto de vista los 57 diputados que ha logrado Ciudadanos en las elecciones legislativas del 28 de abril es muy positivo. Desde mi punto de vista que estos escaños no se utilicen para un Gobierno sólido y estable que pueda durar cuatro años dependiendo solo de sí mismo es una pena. Creo que desde el punto de vista de los intereses de nuestro país lo preferible sería que el resultado de Ciudadanos contribuyera a la constitución de este hipotético Gobierno pero hay que tener en cuenta la coherencia con la estrategia que ha elegido el partido y esta está clara: no pactar con el PSOE. Por otra parte es difícil saber si Cs logrará sustituir al Partido Popular como referente del centro derecha en España.

Yo creo que tanto el Partido Socialista como el PSOE como el PP tienen más arraigo en nuestro país del que muchos piensan o pueden pensar en un momento de debilidad o entusiasmo. El reto para Cs es dar una imagen de partido con capacidad de gobierno y coherente con sus ideas. Todo lo que se salga de esta receta le perjudicará a medio o largo plazo.

Arcadi Espada: Opción legítima

En política el resultado de unas elecciones viene definido por la cuota de poder que se logra. Es un axioma de todo el juego político: no hay nada si no es el poder.

Tras las elecciones del 28 de abril, Ciudadanos tiene una oportunidad real de ejercer el poder pero esta oportunidad pasa por una alianza con el PSOE, una alianza que, a todas luces, no parece que se vaya a materializar.

El camino elegido por los responsables del partido ha sido intentar liderar la oposición, algo que puede presentar problemas porque se está por debajo del Partido Popular. Es un opción legítima pero discutible. Hay dos partidos satisfechos: PSOE y Cs. La pregunta es: ¿esa satisfacción para qué sirve? La tesis que habla de una sustitución mecánica del PP por Cs no me parece que tenga demasiado que ver con lo que a mí me gusta de Ciudadanos. En mi opinión el partido tiene que hacer progresar el propio concepto de lo que es la política y dejar atrás manifestaciones de lo que convencionalmente se han entendido por política en España.

► Albert Boadella: Resultado lógico

Lo cierto es que el resultado es justo en relación con la estrategia que ha llevado a cabo el partido. Los españoles han considerado toda la campaña y la política que han hecho el partido y han tomado su decisión. Era el resultado que esperaba, no me ha sorprendido nada porque es un resultado lógico. En España hay esa cantidad de gente que valora esta forma de entender la política, esta forma de entender la convivencia en España basada en la igualdad, la libertad y la fraternidad, por utilizar los ideales de la Revolución Francesa.

En cuestión de pactos postelectorales yo creo que el veto que ha adoptado el partido es contra Sánchez. Ellos creen que esta persona implica una actitud que ellos consideran peligrosa y difícil de encauzar. Pactar con él puede significar que en poco tiempo haya que «despachar». Este es el problema.

La labor de oposición no será fácil: a la corta o a la larga, PP y Cs están obligados a convivir o a unirse. Tengo esa impresión. Veríamos la aparición de un gran partido de centro. PP puede hacerlo y Cs también. Si este pacto se llevara a término sería bueno para España. Sería muy positivo. Existe una amplitud de contenidos muy grande entre ambos partidos. Esto sería lo ideal. Pero un partido de oposición siempre lo tiene complicado. Sobre todo con un hombre como Sánchez, que atiende a pocas razones.

Convertir la oposición un «antisanchismo» es algo muy reducido. Luchar contra alguien que no tiene más ideología que el propio interés es algo que desgasta mucho a un partido. Otra cosa es luchar contra una ideología. Pero no se trata de este caso a partir de ahora.