¿Cómo afectará el Brexit a la economía española?

El próximo Gobierno tiene la oportunidad histórica de encabezar el equipo negociador de Bruselas, que tendrá que poner en marcha la «desconexión» de Reino Unido.

Un turista británico se sirve una cerveza en un pub ingles en Benalmádena (Málaga).
Un turista británico se sirve una cerveza en un pub ingles en Benalmádena (Málaga).

El próximo Gobierno tiene la oportunidad histórica de encabezar el equipo negociador de Bruselas, que tendrá que poner en marcha la «desconexión» de Reino Unido.

España es uno de los países más directamente afectados por el Brexit. No sólo son importantes el peso comercial de Reino Unido en las cuentas exteriores de España, y los intereses de las empresas españolas en las islas. En Gran Bretaña viven más de 300.000 españoles concentrados en la región de Inglaterra, mientras que en España la cifra de británicos residentes supera los 400.000, repartidos fundamentalmente entre las Islas Baleares, Canarias y la Costa del Sol.

En un entorno económico como el actual, esto supone un grave problema para cuatro cuestiones esenciales: visados, asistencia sanitaria, educación y pensiones. La cifra de personas con residencia cruzada en ambos países es lo suficientemente alta como para tratar estas áreas con suma delicadeza, y más cuando las relaciones individuales entre Reino Unido y España nunca han sido demasiado buenas teniendo por medio el conflicto no resuelto de Gibraltar.

A pesar del paraguas de Bruselas, España está obligada a llegar a un acuerdo pronto en tanto en cuanto afectaría a la estabilidad de la inversión directa exterior, el turismo y los intereses empresariales de España en Gran Bretaña. Sólo la secesión en un escenario conservador le costará a España perder entre una y dos décimas de crecimiento del PIB y poner en riesgo 300.000 empleos, algo más de todos los que se han creado en el último año. Además, una apreciación continuada del euro frente a la libra esterlina restaría competitividad al sector turístico, perdiendo su actual estatus de número 1 a nivel mundial en atracción turística.

Sin embargo, una de las cuestiones que quedan en el aire, y que es de vital importancia para España, es quién o qué va a llenar el hueco que deja Reino Unido en Europa tanto en el presupuesto comunitario como en el sistema financiero europeo. Desde luego, el Brexit debería ser un motivo de preocupación para los agricultores y ganaderos españoles cuya posición en la Política Agraria Comunitaria (PAC) queda debilitada por mucho que ya no se tenga que pagar el famoso «cheque británico».

Pero la otra cuestión no menos importante es el impacto sobre el sistema financiero. A pesar de que el Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo (BCE) vayan a emprender una acción conjunta para evitar las tensiones en el mercado interbancario (clave, por ejemplo, para que no falte dinero en los cajeros automáticos de Reino Unido), la salud de bancos tan importantes para España como el Banco Santander o el Sabadell puede verse afectada ante una modificación de su marco institucional, recesión en 2017 o pinchazo definitivo de la burbuja inmobiliaria en Londres.

Si la libra esterlina sigue depreciándose hasta llegar a los 1,1 euros por libra, el Brexit restaría entre un 3 y un 4% al beneficio neto atribuido de Santander. Su posición de banco más importante en España y uno de los más grandes de Europa es trasladable a otros grandes bancos que también sufrirán consecuencias negativas, como Deutsche Bank, BNP Paribas o ING. La conexión entre los bancos británicos y los españoles se ha fortalecido en los últimos años a pesar de que Barclays echara el cierre a su filial en España el año pasado.

En suma, las consecuencias sobre España y sus empresas se alargarán en el tiempo, siendo más duras cuanto más se prolongue esta situación de conflicto institucional. Para muchas empresas españolas (especialmente las energéticas y de infraestructuras) su supervivencia en Reino Unido depende de que se respete el actual modelo concesional y no se caiga en el proteccionismo comercial. El próximo Gobierno tiene la oportunidad histórica de encabezar el equipo negociador de Bruselas, que tendrá que poner en marcha la «desconexión» de Reino Unido y, de esa forma, recuperar una buena parte del peso perdido en Europa desde el Tratado de Niza en 2001.