El problema es el sujeto

La denuncia de adoctrinamiento en la enseñanza catalana ha sido una constante a lo largo de los últimos años. Es conocido el informe que realizó la Alta Inspección Educativa del Estado, así como extensos informes del sindicato AMES, la Asociación por una Escuela Bilingüe y Societat Civil Catalana. Cabe destacar también las denuncias que ha realizado el profesor represaliado Francisco Oya y el magnífico libro reciente Educar en la mentira, publicado en Almuzara por Pedro Antonio Heras, que es un apasionante viaje por la autoconcepción nacional catalana y vasca a través de sus libros de historia. Pero la cuestión que querría subrayar hoy es previa y seguramente más fundamental. Mi opinión es que el problema con la narrativa educativa en Cataluña no reside tanto –que también– en el predicado, sino en el sujeto. Es decir, el problema no es esencialmente que se diga esto o aquello sobre el pasado, sino que el punto de referencia, el «nosotros», el sujeto del que siempre se parte es Cataluña. España se convierte así, de forma imperceptible pero efectiva, en algo añadido al «nosotros», en una realidad accidental y periférica. De este modo se va asentando en la conciencia colectiva que hay un sujeto político y nacional claro, que es Catalunya, que de forma accidental se ha visto unida a una estructura estatal prescindible.
En el orden del aprendizaje, antes que un contenido la nación es un sujeto textual. Para recuperar una mínima cohesión nacional y un proyecto de futuro compartido, sería importante que los libros de texto de nuestro país tuvieran también como sujeto histórico compartido a España. Ciertamente, como siempre, la virtud está en el punto medio. No se trata de negar el sujeto catalán, sino de recordar su confluencia en un sujeto político más amplio, que no es ajeno, sino que es muy propio y ha sido configurado también por los propios catalanes.