El PSOE dio un «tercer grado» a De la Concha cuando llevaba dos meses preso

Fue condenado a seis años por el escándalo financiero de Ibercorp

Manuel de La Concha, en el centro, apenas pasó dos meses en prisión tras ser condenado por el «caso Ibercorp»
Manuel de La Concha, en el centro, apenas pasó dos meses en prisión tras ser condenado por el «caso Ibercorp»

El tercer grado concedido por Instituciones Penitenciarias al ex presidente balear Jaume Matas, del que hoy tendrá que informar en el Senado el ministro del Interior, Jorge Fernández, ha sido utilizado por los partidos de la oposición como un arma más en el enfrentamiento político, al considerar que esa clasificación es del todo improcedente al haber cumplido apenas un tercio de la pena a la que fue condenado –tres de los nueves meses de prisión–. También es previsible que el director general de Instituciones Penitenciarias, Ángel Yuste, comparezca también ante las Cámaras por ese mismo motivo.

Sin embargo, no es el único caso donde Instituciones Penitenciarios ha progresado de grado a un interno y, de esa forma, facilitado que tuviese que ir a dormir a prisión de domingo a jueves. El anterior Ejecutivo socialista, y, específicamente, quien fuese su directora general de Instituciones Penitenciarias, Mercedes Gallizo, concedió más de un tercer grado a presos que llevaban muy poco tiempo de cumplimiento. Así ocurrió, como publicó este periódico el pasado viernes, con un sobrino del ex presidente de la Junta de Andalucía Manuel Chaves, condenado a tres años y seis meses de prisión y que al mes de presentarse voluntariamente en el Centro de Inserción Social de Sevilla se le concedió el tercer grado –aunque fue revocado posteriormente por el juez de Vigilancia Penitenciaria–.

Pero no fue éste el único caso. Gallizo también se lo concedió al fallecido Manuel de la Concha, ex síndico presidente de la Bolsa de Madrid y ex presidente del Banco de Inversiones Ibercorp, cuando apenas llevaba dos meses y 12 días semana cumpliendo la condena de seis años de prisión que le fue impuesta por el «cado Ibercorp», uno de los grandes escándalos financieros de los años 80. Le clasificó en segundo grado «con aspectos propios del tercero» –se le aplicó el art.100.2 del Reglamento General Penitenciario–, con lo que salió de la cárcel con una pulsera telemática, de tal forma que estaba en libertad con la única limitación de tener que estar en su domicilio a la hora fijada. Pero, además, se dio la circunstancia de que ese control telemático saltaba nada más abandonar pocos metros su domilicio, por lo que el afectado recurrió y logró que se le retirara. En concreto, De la Concha ingresó en la prisión de Valdemoro el 20 de septiembre de 2004; el 28 de octubre, la Junta de Tratamiento informa a favor de clasificarle en ese régimen por la «primariedad delictiva, la presentación voluntaria para el cumplimiento de la pena –aspectos contemplados para el tercer grado concedido a Matas–, el importante tiempo transcurrido desde la comisión de los hechos» por los que fue condenado, así como su «postiva integración socio-familiar». Y, junto a esos factores, se aludía a su edad (tenía entonces 70 años), su «positiva actitud» y comportamiento en prisión y un pronóstico de reincidencia «expresmente bajo».

Con este dictamen, el 2 de diciembre de 2004, Mercedes Gallizó firmó la resolución por la que De la Concha salía de prisión bajo control telemático, con la única limitación de estar en su domicilio a la hora establecida.

La Fiscalía no se opuso entonces a esa decisión, y, sin conocerse muy bien los motivos, el juez de Vigilancia Pentenciaria no pudo pronunciarse sobre esa clasificación hasta el 23 de agosto de 2005, es decir, cuando llevaba ya el interno ocho meses en una situación de práctica libertad. En su resolución inflingió un duro varapalo a la decisión de Gallizo. Así, en primer lugar, criticaba que esa medida adoptada por Instituciones Penitenciarias se trataba sencillamente de un «tercer grado encubierto», ya que no se establecía el cumplmiento de ninguna de las medidas para los presos clasificados en segundo grado –régimen «normal» de cumplimiento–. «De hecho, ni se encuentra interno en un establecimiento penitenciario, ni pernocta en ningún Centro de Inserción Social, ni tiene obligaciones, que sepamos, de permanencia en su domicilio», afirmaba al respecto el magistrado, quien, por ello, concluía que, en realidad, a Manuel de la Concha se le había otorgado, de facto, «un tercer grado de máximo alcance, sin más limitaciones que la teórica de que no podría ascenderse a la libertad condicional sin previamente declararse formalmente el tercer grado». Por ello, anuló la decisón de Gallizo y De la Concha tuvo que regresar a prisión.

Pero tampoco pasaría mucho tiempo entre rejas en régimen cerrado, ya que un mes después, en septiembre de 2005, el Departamento de Mercedes Gallizo clasificaba definitivamente en tercer grado a Manuel de la Concha.

El escándalo Ibercorp

Acciones

En 1992 se detectan irregularidades en la venta de acciones de la empresa S. F., filial del Grupo Ibercorp

Red de empresas

Se descubrió un entramado de sociedades con domicilio social en paraísos fiscales.

Especulación

Según el Banco de España, especulaban y mantenían el precio bursátil de las propias acciones.