Francisco Marhuenda: «Una cultura de la Defensa»

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Los españoles se sienten muy orgullosos de sus Fuerzas Armadas. En un momento en que se critica a todas las instituciones y que los políticos son el blanco, injustamente, de tantos ataques, es muy positivo que exista esta merecida percepción positiva del papel que desarrollan los Ejércitos al servicio de España. A pesar de que haría falta una política de cultura de la Defensa en las escuelas, los institutos y las universidades, la sociedad ha podido comprobar la abnegación de unos soldados y oficiales que cumplen con gran eficacia las misiones que les son encomendadas. Desde zonas de guerra como Afganistán pasando por su misiones humanitarias o la excelente la labor que realiza la UME ante cualquier catástrofe. Ésta es la realidad de nuestras Fuerzas Armadas. Los recortes también llegaron a Defensa, quizá incluso en mayor medida que a otros departamentos ministeriales, aunque la carencia de recursos se ha visto compensada por la dedicación de los militares.

La situación es coyuntural y, conforme se avance en la recuperación económica, es fundamental que las Fuerzas Armadas mantengan su capacidad operativa. En las últimas décadas se han convertido en una pieza clave de la política exterior de España. Esa eficacia y esa abnegación mostrada en las operaciones internacionales son lo que explica su prestigio fuera de nuestras fronteras. Ni una mancha ni un escándalo han afectado a los centenares de miles de militares de españoles que, a lo largo de las últimas décadas, han sido desplegados en territorios conflictivos. No es una casualidad, sino el resultado de unos principios y valores que impregnan su actuación. Han sido tropas que han tenido mandos excelentes y que cuentan con una preparación tan buena como completa.

La calidad de unas Fuerzas Armadas no se improvisa, sino que es consecuencia de la labor que se ha realizado durante muchos años. La asignatura pendiente no le corresponde al Ejército, sino a los políticos. Es precisamente avanzar en el terreno de su proyección en la sociedad. El Gobierno debería adoptar un papel más activo para que se conozca mejor entre los más jóvenes qué significa una cultura de defensa y para que se valore. Hay que desmontar los tópicos para que se entienda que es fundamental contar con unas Fuerzas Armadas con medios humanos y materiales. Esto no se hace sólo con declaraciones, sino con un programa completo que lleve el Ejército al mundo de la Educación como sucede en los países más avanzados del mundo.