España

María Caballero: «Pamplona no merece un alcalde de Bildu»

La concejal de UPN, hija del edil asesinado, advierte a Iglesias de que dará el poder a los que apoyaron a ETA.

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«Yo tampoco me lo puedo creer, ¡Pamplona va a tener un alcalde de Bildu! Si se confirma lo que ya han anunciado, Geroa Bai, Podemos (Aranzadi) e IE, apoyarán a Bildu para la alcaldía, y el próximo 13 de junio Joseba Asirón será el primer alcalde de la izquierda radical independentista que tenga Pamplona». Así comienza la carta abierta escrita por la concejal de UPN María Caballero, hija del edil asesinado por ETA en 1998 Tomás Caballero, en la que muestra su estupor por que un grupo como Bildu, «la única formación política que, con sus diferentes nombres, nunca ha condenado el terrorismo de ETA», pueda hacerse con el consistorio. En el texto, la concejal advierte a Pablo Iglesias y a las «fuerzas del cambio» de que, con sus votos, van a dar el poder a un grupo que vio como «necesarias» tantas muertes de inocentes «para superar no sé qué conflicto».

Texto íntegro de la carta

Yo tampoco me lo puedo creer, ¡Pamplona va a tener un alcalde de Bildu! Si se confirma lo que ya han anunciado, Geroa Bai, Podemos (Aranzadi) e IE, apoyarán a Bildu para la alcaldía, y el próximo 13 de junio Joseba Asirón será el primer alcalde de la izquierda radical independentista que tenga Pamplona. Es aritméticamente legítimo, los números les cuadran: 5+5+3+1 suman 14 y sirven para desbancar a los 10 de UPN, lista más votada en Pamplona. Esto está claro y nadie lo discute, pero requiere cuando menos una reflexión y un análisis, porque esto que parece tan legítimo no lo es desde un punto de vista moral, ético y de justicia. Recordemos que Bildu es la única formación política que, con sus diferentes nombres, nunca ha condenado el terrorismo de ETA, ni cuando ETA mataba ni cuando ha dejado de hacerlo.

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En el Ayuntamiento de Pamplona, en el salón de plenos que aspira a presidir Asirón, no se ha escuchado de boca de ningún concejal de Bildu, ni de sus marcas anteriores, una sola condena por ninguna de las muertes causadas por ETA, ni tan siquiera cuando asesinaron a su compañero de corporación, Tomás Caballero, al que significativamente habían puesto previamente una querella. Ese día, el 6 de mayo de 1998, a escasas horas de que ETA acabase con su vida, fue reunido el pleno de urgencia para expresar su condena. Acudieron sólo dos de los tres concejales que tenía Batasuna entonces: Koldo Lakasta y José Abaurrea, y ninguno de los dos condenó su muerte. El resto de grupos se enfrentó directamente con dichos concejales por amparar con su silencio la acción terrorista. En las actas de ese día todos quedaron retratados para siempre, unos al lado de libertad, de la democracia y del derecho a la vida y otros, como Abaurrea, al lado de los que mataban, al lado de los que creían necesaria la violencia de ETA y la justificaban para alcanzar su objetivo político.

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En 2003, cuando ETA asesinó en Sangüesa a Bonifacio Martín y Julián Embid, las palabras que utilizó José Abaurrea, entonces portavoz de Batasuna, producen escalofríos, decía: “Estas muertes representan una conmoción política y humana que refleja con toda crudeza lo que se defina, como se quiera definir, representa un conflicto político de carácter violento, un conflicto doloroso que permanece inalterable desde hace tres décadas y que hunde sus raíces en la historia a través de una negación permanente de Euskal Herria como colectividad humana diferenciada y de los derechos que como tal nos corresponden a las personas que la conformamos”. Y precisamente por hablar de ese modo de la violencia de ETA, por negarse a condenar los asesinatos y por no rechazar la violencia como forma de hacer política, Batasuna y todos sus derivados fueron ilegalizados en 2003 quedando fuera de las instituciones. Pero hoy, José Abaurrea, número tres de Bildu, vuelve al Ayuntamiento, queda rehabilitado para ejercer la política sin haber modificado un ápice su discurso, y vuelve por la puerta grande para liderar el gobierno municipal.

Las llamadas “fuerzas del cambio” van a darle sus votos sin tener en cuenta nada de lo relatado. A Uxue Barkos esta parte de la historia reciente de nuestra ciudad no parece importarle, lo importante para ella es llegar a ser presidenta de Navarra, y si para ello hay que dejar Pamplona en manos de Bildu, lo hace y punto. De esto es de lo que hablaría, quizás, cuando, según informó el diario El Mundo, se reunió 16 veces con Wily, el número dos del dirigente etarra Antza, de cómo incluir a Navarra en la construcción de Euskalherria. Y qué decir de Podemos (Aranzadi en Pamplona), que rápidamente ha puesto sus tres concejales a disposición de Bildu sin tan siquiera cuestionarse si deben o no exigirles a cambio una condena clara del terrorismo, en contra de lo decía su líder Pablo Iglesias antes de las elecciones, que exigía una condena como condición previa a cualquier pacto. En dos minutos solventaron la reunión, tiempo suficiente para darse por enter

ados de la alegría de ambos por desalojar a UPN del Ayuntamiento. No condenar el terrorismo no es baladí en Pamplona, que lo sepa Pablo Iglesias, que debería conocer la historia de terror que hemos padecido en nuestra ciudad, porque en Navarra ETA ha asesinado a 42 personas, que se dice pronto: policías, militares, concejales y civiles; desde una señora que trabajaba vendiendo periódicos en la calle, hasta un niño de 13 años que estaba en la puerta de su casa. Ignorar la trágica historia de terrorismo en Navarra le pasará factura antes o después. Que sepa Pablo Iglesias que los votos de Podemos van a servir para que el equipo de gobierno pase a manos de quienes nentendieron todas esas muertes necesarias, según ellos, para superar no se qué conflicto. Son los que formaban parte de la mesa nacional de Batasuna, los que fueron ilegalizados por amparar a ETA, los que miraron hacia otro lado cuando ETA mataba, los que fueron insensibles al dolor de tantas familias, justificaron la violencia y que ahora no tienen otro objetivo que cerrar ese capítulo de la historia poniendo en el mismo nivel a los asesinos como a los asesinados.

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La misma reflexión debe hacer Izquierda Unida, aquí Izquierda Ezkerra, que ha mostrado su deseo de gobernar con Bildu. Deberían decirnos qué ha pasado en ese partido para que las palabras contundentes y claras que uno de sus concejales, José Javier Echeverria, dirigió aquel 6 de mayo a los representantes de Batasuna cuando ETA asesinó al concejal Tomás Caballero, hoy las obvien:

“No siento rabia, siento vacío, me han quitado algo. Este sentimiento lo he tenido antes familiarmente y hoy lo he vuelto a sentir.

También se ha dado una paradoja, una diferencia con esos otros asesinatos. Cuando yo imaginaba cómo se producían, yo veía caras tapadas de quienes empuñaban las pistolas. Hoy he visto caras de quienes empuñaban las pistolas (...). A raíz de la querella que se presentó por parte de H.B. contra Tomás Caballero a raíz de un debate político, yo le comenté a esta persona si era consciente que esta querella ponía en el punto de mira a Tomás y si ellos asumirían este hecho si desgraciadamente lo que yo no quería creer y hoy ha ocurrido acaecía, es decir, que Tomás era asesinado. La respuesta fue fría, impersonal, sin sentimiento Desearía, porque estoy hablando con el corazón, que esa persona diera un giro en su situación actual, diera un paso adelante, que fuera el primer paso adelante que siguieran muchos...”

Pues bien, ese paso adelante que reclamaba Izquierda Unida no se ha producido en los miembros de Bildu a los que les van a votar para que ostenten la Alcaldía de Pamplona. En Pamplona, Itziar Gómez, cabeza de lista de Geroa Bai (que incluye a PNV), se fue de Batasuna a Aralar para separarse de los que apoyaban la violencia, después se separó de Aralar porque estos se volvían con Batasuna y ahora, sorprendentemente, va a entregar sus votos a Bildu sin ningún problema ni ético ni moral. Y qué decir del número cinco de la misma lista de Geroa, Mikel Armendáriz, que pasó de ser afiliado de UPN a formar parte del gabinete ejecutivo del CDN... En fin, lamentable que después de tanto ir y venir unos y otros acaben al otro lado de la línea roja de la democracia, hecho que quedará recogido en las actas del pleno para vergüenza de la historia de Pamplona. El próximo 13 de junio, cuando se constituya el nuevo Ayuntamiento, si nadie lo remedia, será el día en que se vuelva a reagrupar la Batasuna original, será el día en que Pamplona tenga un alcalde, Asirón, que en una entrevista realizada en campaña electoral prefirió no recordar haber firmado un texto de condena por el asesinato de Caballero en el 98, hecho que le hubiera supuesto separarse de la doctrina oficial y distinguirse de sus compañeros de lista que nunca condenaron, pero debió parecerlo inoportuno ratificarse en lo dicho en aquel escrito, no fuera que le hiciera perder algún voto de entre su electorado más radical.

Si como parece, el 13 de junio Bildu consigue la alcaldía sin haber modificado en nada su discurso, Pamplona, que siempre fue un ejemplo plantando cara al terrorismo, sufrirá un retroceso en valores democráticos, éticos y morales. Y si además el 13 de junio José Abaurrea forma parte de ese gobierno, los que asesinaron a quien fue su compañero, Tomas Caballero, habrán recuperado un representante político gracias al trueque entre Uxúe Barkos y Bildu. Ese día será un día negro para la democracia, pero que nadie dude que UPN se dejará la piel por devolver a Pamplona la dignidad que merece.