Partido socialista norte, partido socialista sur

El antecedente dice que quien logra más avales se impone en las primarias.. Díaz tendrá que hacer estos días un esfuerzo para ganar en votos pero también en percepción

El antecedente dice que quien logra más avales se impone en las primarias. Díaz tendrá que hacer estos días un esfuerzo para ganar en votos pero también en percepción

«Confío en arrasar en los avales», dijo Susana Díaz en los prolegómenos del día de entrega de los apoyos de la militancia socialista. No ha sido así, a falta de la depuración de datos. El no «arrasar» ha convertido en victoria de Pedro Sánchez el primer round de las primarias del PSOE. Además, Sánchez tiene otro elemento que sumar: ha conseguido una gran movilización de los militantes refugiándose en el victimismo y en la difusión de sospechas de presiones y manipulación por parte de eso que ahora es lo más odiado por el socialista de a pie: el aparato. El error de Díaz con su «arrasar» y la movilización –más del 70% de los afiliados han avalado a las tres candidaturas, algo nunca visto, muy superior al 66% que votó en 2014– son sus grandes éxitos.

Sánchez, sin duda, ha ganado la batalla de la percepción, algo que en política suele ser un elemento demoledor, incluso a pesar de haber perdido en número de avales. Aún habría que sumar una tercera variable a la percepción de victoria sanchista. El ex secretario general del PSOE ha ganado en todas las comunidades excepto en Andalucía, Aragón, Castilla-La Mancha, Extremadura, Madrid, Murcia y Ceuta. Dicho de otra manera, Susana Díaz ha ganado por Andalucía. La fractura en el discurso socialista entre el norte y el sur se puede comprobar sobremanera analizando el número de avales por comunidad. Excepto Aragón, Sánchez gana en todo el norte de España, en el Meditérraneo y en Canarias.

Sin embargo, en números absolutos ha ganado la secretaria general del PSOE andaluz. Ha ganado porque ha sacado músculo en Andalucía. Y hasta ahora, quien gana en avales, gana las primarias. Esta máxima se cumplió en 2014 cuando Pedro Sánchez batió a Eduardo Madina y José Antonio Pérez Tapias. Pero, la diferencia de Díaz sobre Sánchez ¿será suficiente para ganar? Ésta es la incógnita que se dilucidará el 21 de mayo en una campaña que se vislumbra a cara de perro, porque a cara de perro fue el recuento oficial de estos apoyos a los candidatos.

Los aparatos se han movido por sus candidatos. Vistos los resultados hay pocas dudas. Pero los aparatos que en sus territorios son la oposición a sus líderes, también se han movido. Cuitas pasadas y presentes han sido motivos más que suficientes para mover pieza. Si el líder está con un candidato, sus contrarios han optado por el otro, dando luz a una foto fija del actual PSOE: el partido está roto y nada hace prever que tras las votaciones sea posible coserlo. Díaz es la líder del sur, y Sánchez el líder de las comunidades donde el PSOE pierde, salvo Asturias, donde Javier Fernández ha pagado su distanciamiento del SOMA –sindicato minero– que ha sido el brazo ejecutor de Sánchez. Esta polarización entre Susana Díaz y Pedro Sánchez ha lastrado a Patxi López, que se ha quedado con una testimonial fuerza de 12.000 avales. Una fuerza que sin bien parece fundamental en las primarias puede quedar diluida porque una buena parte de estos apoyos pueden irse por la gatera hacia las candidaturas mayoritarias.

Con los números en la mano, tal y como publicó LA RAZÓN esta semana, Cataluña, el PSC, se antoja definitivo en la batalla final. Sánchez ha arrasado en Cataluña en avales porque la neutralidad de los dirigentes del PSC es más que cuestionable. Si esto sucede, y puede suceder, las costuras se harán jirones en caso de triunfo de Díaz.

Sánchez afrontará la recta final ataviado de victimismo para situar la batalla final –agrupémonos todos en la lucha final, dice la letra de «La Internacional»– en el lugar deseado: los de abajo contra los de arriba. Susana Díaz ha ganado, pero su discurso no cala en muchas –demasiadas– comunidades. Sánchez ha perdido, pero ha hecho toda una demostración de fuerza y mantiene la moral de los suyos. Está en un escenario cómodo y, en caso de perder, puede agitar la bandera de la deslegitimación del proceso. Y puede perder, porque ya ha perdido en avales. Recuerden, hasta ahora, quien gana en avales, gana en votos. Díaz tendrá que hacer en estos días un esfuerzo suplentario para ganar en votos y en percepción. Ésta batalla, hoy, la ha perdido.