Podemos: el asalto al fracaso empieza en Poniente

Galicia se ha convertido en la punta del iceberg de la desintegración del partido de Iglesias

El fiasco electoral del 26-J ha supuesto el pistoletazo de salida a un auténtico «verano trágico» para Podemos en el que la tormentosa ruptura de la confluencia con En Marea en Galicia podría ser sólo el comienzo de la desintegración de las alianzas territoriales que, hasta el momento, han apuntalado electoralmente el proyecto político de Pablo Iglesias. Dificilmente puede exagerarse el impacto político de que las siglas de Podemos se diluyan en el partido instrumental de En Marea y que la formación morada no encabece ninguna lista electoral en las autonómicas de una región la de importancia de Galicia, una suerte del Poniente de «Juego de Tronos». La gravedad de lo ocurrido la última se mana se pone de manifiesto cuando se piensa que Podemos contará en las autonómicas del 25 de septiembre con un estatus y una presencia inferior a la que tuvo –por graciosa concesión de Iglesias– Izquierda Unida en las últimas generales. La derrota de la posición negociadora de Podemos y el hecho de que el propio Iglesias desautorizara a sus enviados Echenique y Bescansa agrava una situación interna poco menos insostenible en una región en la que, este mismo sábado, el portavoz de la corriente crítica Xuntos Podemos, Carlos Armada, hablaba abiertamente de escisión.

La situación en Cataluña es si cabe menos halagüeña. El peso del liderazgo de Ada Colau en esta región es muy superior al de todos los alcaldes de cambio gallegos y la capacidad de presión de Podemos frente a En Comú es si cabe más exigua que la de Podemos Galicia en el contexto de En Marea. El pasado 26 de julio se celebraron primarias en Cataluña y el vencedor con un holgado 41% de los votos fue Albano Dante Fachin, nada afín a la dirección nacional del partido y, sin embargo, cercano a las tesis de Colau. A esta circunstancia hay que añadir la delicada situación institucional que vive Cataluña, la inestabilidad de su ejecutivo autonómico y la nada despreciable posibilidades de nuevas elecciones en esta región si las CUP retiran su apoyo al president Puigdemont. Por otra parte, la confluencia con Compromís en Valencia fue la primera en tambalearse cuando Joan Baldoví, el portavoz del partido en el Congreso, anunció la intención de sus cuatro diputados de no integrarse en el Grupo Parlamentario Unidos Podemos, algo que ya ocurrió durante la legislatura fallida.

El precario estado de salud de las alianzas territoriales de Podemos se proyecta sobre el telón de fondo del silencio de Pablo Iglesias, que se halla sumido en el más absoluto de los mutismos desde el 28 de julio, día en el que compareció ante los medios en el Congreso tras su visita a la Zarzuela. Los principales líderes y portavoces de la formación morada han desaparecido también de la escena política. A pesar de todo en Podemos sigue existiendo un estado de espectación ante el desarrollo de las negociaciones para formar Gobierno y se sigue extendiendo retóricamente la mano al partido socialista para configurar un gobierno alternativo al de Rajoy. Mientras, en el horizonte se atisba cada vez más cercana la próxima Asamblea Ciudadana de Podemos en Vistalegre, que se celebrará a finales de 2016 o principios de 2017.

Las lecturas de verano de Iglesias

El silencio del secretario general de Podemos sólo se rompe periódicamente por citas de los libros que está leyedo durante su descanso estival publicadas en Twitter, algunas de ellas significativas políticamente. Iglesias está leyendo «Adolfo Suárez. Ambición y destino», de Gregorio Morán, una crónica del papel del expresidente durante la Transición repleta de anécdotas «con las que se aprende mucho», según afirma el líder de la formación morada. Iglesias también lee este verano «Victus. Barcelona 1714», de Albert Sánchez Piñol, en la que se narra noveladamente uno de los episodios favoritos del elenco de mitos del independentismo catalán.