Puigdemont pide a Jordi Sánchez de president y a Turull como recambio

Propone sustitutos con causas judiciales para que «roten» en el cargo y mantener el control

Propondrá al encarcelado Jordi Sánchez que dimitiría al ser procesado y después sería sustituido por Turull para poder mantener siempre el control desde Bruselas.

Las aguas turbulentas del independentismo siguen bajando revueltas. Y es que cada vez se producen –y se conocen– más encontronazos entre Junts per Catalunya y ERC, principalmente en lo que se refiere a las tensas negociaciones entre ambos partidos para formar gobierno, que siguen estancadas y tampoco avanzan como a las partes les gustaría. «No tenemos ni gobierno ni tampoco candidato a la presidencia», apuntaban fuentes de los negociadores.

Durante estos días se están lanzando numerosos globos sonda que apuntan que la próxima semana, el día 27 más concretamente, el huido Carles Puigdemont sería investido de forma simbólica en Bruselas como «presidente legítimo», dando un paso al lado. «Eso es una tontería. El día 27 no pasará nada de nada», apuntan fuentes de Junts per Catalunya que sitúan esta información «en los intentos de ERC de poner una cortina de humo a las declaraciones ante Llarena de Marta Rovira». Estas fuentes siguen confirmando lo avanzado el pasado lunes por LA RAZÓN: «Se trabaja con la previsión de 15 días. Hasta la primera semana de marzo no se habrá cerrado nada».

«Estamos viviendo momentos de tensión permanente, pero es el escenario preferido por Puigdemont que mantiene el control de la negociación. Quiere imponer al presidente y controlar al gobierno. Hasta que esto no sea una realidad, seguiremos en el limbo», apuntan fuentes conocedoras de la estrategia del presidente fugado y residente en Bélgica.

«Hoy por hoy, no hay ningún avance sustancial, por lo que no hay ninguna posibilidad de un paso al lado», remachan las mismas fuentes. Esta situación demuestra que Puigdemont sigue teniendo todavía la sartén por el mango y controla todos los tiempos de las negociaciones que se encuentran abiertas.

Su objetivo es controlar al presidente de la Generalitat «efectivo» y al gobierno de la Generalitat. Por eso, el nombre de Jordi Sánchez, ex presidente de la Asamblea Nacional Catalana y número dos de JxCat, está cogiendo cada vez más forma como presidente «efectivo». Es el elegido de Puigdemont, que ha descartado a Elsa Artadi, quien hasta hace muy poco era su preferida. Artadi no tiene deudas pendientes con la justicia. Sánchez, sí. «Su debilidad es su fortaleza», afirmaba un destacado colaborador de Puigdemont a LA RAZÓN, porque «así se demuestra quién manda».

«Al límite»

Un presidente débil por tener cuestiones judiciales pendientes fortalece la figura de Puigdemont, porque «si este presidente cae, él propondrá a otro». «Que nadie se equivoque, esta situación le va bien», sentencia, porque está llevando a los negociadores al «límite».

Estas fuentes se refieren al artículo 384 bis de la Ley de Enjuiciamiento Criminal, que prevé la suspensión de «función o cargo público» de los procesados en firme por delitos de terrorismo o rebelión mientras se encuentren en prisión. Esto significa que Sánchez podría ser un presidente efectivo, pero también efímero.

Si Llarena inicia el proceso en un par de meses, Sánchez tendría que dejar su cargo. Es en este punto donde Puigdemont volvería a marcar el paso designando a otro candidato a president de la Generalitat. Las fuentes consultadas señalan al ex conseller catalán Jordi Turull, que si bien está procesado, no se encuentra en prisión y podría acceder al cargo. Es decir, Puigdemont quiere presidentes de paja para mantener el poder. «Un poder que le garantizaría el control del gobierno».

Los partidos independentistas únicamente han pactado en este punto «el reparto del Ejecutivo al 50 por ciento». Sin embargo, Puigdemont está tensando la cuerda para tratar de controlar aquellas consejerías de más peso en materia económica y en materia política. En definitiva, el presidente auto exiliado en Bélgica está forzando al máximo la confrontación antes de decidir dar su paso al lado, para garantizarse de esta manera que, una vez lo haya dado, su poder y su influencia no queden mermadas en caso alguno.

ERC, de momento, aguanta las embestidas de Puigdemont pero se muestra agarrotada ante un posible adelanto de las elecciones, aunque en este punto, los republicanos han hecho algún movimiento: «Si hay elecciones, no nos vamos a arrugar. Oriol Junqueras ha estado a la altura, Puigdemont ha mentido. Dijo que volvería y no ha vuelto. Y con su actitud, seguimos teniendo el 155».

También quería ir a Suiza

Otro punto de conflicto en el soberanismo es el reciente «numerito» de la ex diputada de la CUP Anna Gabriel en Suiza, luciendo su nuevo look, que ha desatado el cachondeo en las redes sociales. Fuentes solventes apuntan que Puigdemont está molesto con Gabriel porque no le informó de su movimiento y la acusan de «actuar con deslealtad, porque sabía que Puigdemont estaba valorando la posibilidad de cambiar su residencia a Suiza. Ahora, si él lo hace, parecería que Gabriel le marca el paso».

De hecho, estas mismas fuentes confirman que Puigdemont estaba preparando un acto en la universidad de Ginebra similar al realizado a finales del pasado mes de enero en Copenhague (Dinamarca).