Puigdemont se rendirá en 15 días pero quiere el control sobre su sustituto

Espera el momento adecuado para dar un paso al lado y exige llevar la negociación para imponer al gobierno y el programa. «Quiere investir a cargos de confianza y débiles para mandar siempre», afirman desde su entorno.

El retrato de Puigdemont en el Palau de la Generalitat visto desde el exterior
El retrato de Puigdemont en el Palau de la Generalitat visto desde el exterior

«Quiere investir a cargos de confianza y débiles para mandar siempre», afirman desde su entorno.

«Puigdemont está buscando el momento más adecuado para dar un paso al lado». Así, de forma contundente se expresa un alto dirigente independentista que tiene información de primera mano del entorno del ex presidente, en Bruselas, pero también en Barcelona. «Sigue pensando lo mismo», añade, «contra el Estado lo único que vale es el choque», pero al tiempo le llegan muchas voces para «que tome una decisión, permita hacer gobierno y evitar lo peor del 155». De hecho, otras fuentes ponen plazos, dos semanas, y definen una estrategia porque «es un buen negociador y esperará el momento para conseguir lo que quiere que no es otra cosa que seguir mandando» y «dará un paso al lado, si le garantizan que aceptan sus condiciones para elegir el presidente y formar el gobierno. Si no, agitará el fantasma de nuevas elecciones».

Este fin de semana ha sido un nuevo «stand by» en el independentismo a la espera de las declaraciones ante el Supremo. Hoy lo harán Marta Rovira y Marta Pascal. Esta última rompió esta semana su silencio y reclamó un «gobierno estable», señaló que «el Estatut y la Constitución» marcan el camino y pidió a Puigdemont que asumiera la situación y señalara un candidato. También declararán esta semana Artur Mas y Neus Lloveras, alcaldesa de Vilanova i la Geltrú y presidenta de la Asociación de Municipios por la Independencia, cargo que abandonó hace unos pocos días. Lo harán mañana, y el miércoles declarará Anna Gabriel, al menos se supone. Gabriel está en Suiza con sus abogados, expertos en extradiciones y vinculados con la defensa de etarras, y el martes anunciará si acude al Tribunal, o no. La situación judicial parece que también está encima de la mesa de Puigdemont en Bruselas, que ha mantenido reuniones con los más estrechos colaboradores que conviven con él, a los que se han sumado dos personas de su máxima confianza, al menos por ahora: Elsa Artadi y Jaume Clotet. De estas reuniones en Bruselas del núcleo duro poco trasciende, pero el independentismo está achicando espacios a Puigdemont para forzar su renuncia como le pide el PDeCAT y, sobre todo, ERC. Fuentes conocedoras de este entorno afirman que «Puigdemont busca el momento. Quiere controlar los ritmos de la negociación para imponer no sólo un candidato, sino todo el gobierno». Estas fuentes apuntan el camino que seguirá el autoexiliado en Bélgica en las próximas dos semanas «dará un paso al lado, forzará la negociación para que al final le acepten sus condiciones. Presidente, gobierno y programa. Se cobrará su retirada a un alto precio y seguirá teniendo un papel». Es decir, abandonará si controla el gobierno además de tener un papel en la escena internacional. De hecho, se valora su candidatura a las europeas de 2019 conjugada con su reconocimiento de presidente legítimo que se convierta en su aval para desarrollar un papel de embajador de Cataluña en Europa.

Elsa Artadi parecía la designada. Puigdemont no la veía con malos ojos, pero limitaba su papel a una acción de distracción en las negociaciones. Sin embargo, desde que su nombre apareció como una alternativa real de la mano de sectores que presionan para que Puigdemont renuncie, la confianza parece que se ha deteriorado. Como respuesta, Puigdemont señala a Jordi Sánchez como su candidato, sin descartar para nada a Jordi Turull. Ambos están inmersos en la instrucción del Supremo. Sánchez en la cárcel y Turull con libertad bajo fianza. Esta situación los hace débiles en la presidencia de la Generalitat. «Esto es lo que busca Puigdemont. Que se invista a personas de su confianza a la vez que débiles. Su debilidad es su fuerza. Si uno cae, él puede imponer a otro y así sucesivamente. De esta forma, siempre controlará. Si nombra a Artadi le surgen dudas».

El desgaste de Arcadi

Para desgastarla, el núcleo duro de Puigdemont filtró más nombres: Albert Batet, alcalde de Valls, y Marc Solsona, alcalde de Mollerusa. «Eso fue un subidón, las apuestas reales de Puigdemont son Sánchez y Turull». Puigdemont es consciente de que estos nombres pueden generar rechazo por su situación procesal y por las rencillas entre los diferentes sectores independentistas. Además, está convencido de que ERC no se dejará amilanar fácilmente y volverá a plantear la alternativa Junqueras como «el representante genuino del gobierno legítimo».

Una vez alcanzado este objetivo de imponer su candidato, Puigdemont quiere abordar la dura negociación del gobierno con garantías, imponiendo su modelo y a sus candidatos para controlar el Ejecutivo de forma efectiva. Y aquí es donde Puigdemont se hará valer con su as más preciado: la convocatoria de nuevas elecciones. Ofrece su retirada formal a cambio de que Junts per Catalunya mantenga el control en el nuevo gobierno. Estos objetivos no son alcanzables si Puigdemont no pone su retirada como máximo elemento de presión. Dos semanas son el tiempo que barajan los conocedores de los planes de Puigdemont, siempre «que no haya sorpresas excesivas esta semana en las declaraciones del Supremo». Hoy Marta Pascal, que ha pasado el fin de semana en familia y preparándose la defensa, y Marta Rovira, la secretaria general de ERC, señalada en la instrucción que lleva el juez Llarena como uno de los elementos fundamentales en los hechos que desembocaron en la declaración unilateral de independencia. En su partido, se temen lo peor.