Pujol, desde su exilio: «Tengo que salvar a mi familia»

El ex presidente está abatido y sólo piensa en reconocer la culpa y llegar a un acuerdo con Anticorrupción

El ex presidente se ha refugiado allí, donde la familia tiene varias casas (una de ellas en la imagen) desde que confesara que ocultó durante 34 años su fortuna en paraísos fiscales
El ex presidente se ha refugiado allí, donde la familia tiene varias casas (una de ellas en la imagen) desde que confesara que ocultó durante 34 años su fortuna en paraísos fiscales

Con su hermana María, tenso. Con su gran amigo Maciá Alavedra, muy triste. Con Artur Mas, obligado. Y con su abogado, Cristóbal Martell, forzado y herido por las circunstancias.

Con su hermana María, tenso. Con su gran amigo Maciá Alavedra, muy triste. Con Artur Mas, obligado. Y con su abogado, Cristóbal Martell, forzado y herido por las circunstancias. Éstas son las poquísimas personas con las que Jordi Pujol i Soley ha mantenido contacto en estos días horribles. La semana más negra de su vida política, donde, al margen de su familia, nadie ha podido ver en persona al ex presidente. Aunque diversas fuentes le ubicaron en la mansión de su hijo Josep en la Cerdaña francesa, lo cierto es que Pujol ha estado oculto. Algunos conserjes de las viviendas ubicadas en la Ronda del General Mitre, su residencia de tantos años en Barcelona, se limitan a decir que el ex presidente «ha salido de Barcelona». Al parecer, sí hizo un breve viaje a Alemania y, tras unos días en La Tor de Querol, se habría refugiado en Urús, Gerona, donde Oriol Pujol posee una espléndida casa rural. Por residencias, no queda.

Al margen de sus destinos secretos, el miércoles 30 de julio fue un día espantoso para Jordi Pujol i Soley. Al calvario judicial y político tras su confesión de tener dinero fuera de España, se unió algo muy doloroso: acababa de fallecer en Barcelona una de sus grandes amigas, la pintora Doris Malfeito Torrellá, esposa del ex conseller y número dos de la Generalitat, Maciá Alavedra. Un hombre todopoderoso, que acabó salpicado por escándalos de comisiones y paraísos fiscales. «Las desgracias nunca vienen solas», dicen que comentó Marta Ferrusola al conocer la muerte de quien había sido una de sus grandes confidentes. Una artista exquisita, culta y elegante, a quien llamaban «la segunda dama de Cataluña». La primera, la Dona por excelencia, siempre fue la Ferrusola, enérgica y dominante, a quien muchos en Convergencia acusan ahora de haber utilizado a su marido como «una marioneta» a favor de los negocios y maniobras de sus hijos.

Otro nombre del clan pujolista, con quien según estas fuentes podría haber hablado Pujol, es Lluís Prenafeta, que fue secretario general de Presidencia y ejerció un poder absoluto en la Generalitat. Detenido por orden del juez Baltasar Garzón, a raíz del «caso Pretoria», un escándalo de corrupción urbanística, pasó unos meses en la cárcel y salió con cargos. Dedicado a la actividad privada, curiosamente se ha dejado ver en la toma de posesión de Artur Mas y otros actos del presidente, que trabajó en la empresa peletera Tipel, propiedad de la familia Prenafeta. La amistad de los Pujol con Macía Alavedra y Lluis Prenafeta ha sido muy estrecha. Tras la caída en desgracia de Miguel Roca, ambos se convirtieron en intocables, auténticos «gurús» del poder convergente. Sus trapicheos eran sabidos y silenciados, hasta que el cerco judicial se cebó sobre ellos.

A los pocos que han podido hablar con él en estos días les ha dicho lo mismo: «Tengo que salvar a mi familia». Como sea. Es también el mensaje que ha trasladado a su abogado, Cristóbal Martell, uno de los penalistas más prestigiosos de Barcelona, experto en espinosos temas de corrupción, y en quien también ha confiado el primogénito, Jordi Pujol Ferrusola. Por su defensa pasan los casos más sonoros de corrupción y clientes como Álvaro Lapuerta, ex tesorero del PP, Miguel Tejeiro, cuñado de Diego Torres, el futbolista Leo Messi y los antiguos dirigentes del FC Barcelona José Luis Núñez y Joan Laporta. Profesional muy discreto, pero eficaz, con dominio del Derecho Penal y Fiscal, es gran experto en estos asuntos. En círculos jurídicos se comenta que es una buena elección y que Pujol le habría encargado como misión principal que aparte a sus hijos de toda la trama corrupta extendida en cuentas opacas en Andorra, Suiza, Liechtenstein e Iberoamérica, donde ahora la UDEF y la Agencia Tributaria han lanzado sus pesquisas investigadoras.

Decidido a cargar con todas las culpas, Pujol ha vivido estos días como un vía crucis personal. En la mañana del viernes 25 de julio, tras haber hablado con Artur Mas y comunicarle su decisión, se personó en el domicilio de su hermana María, una mujer anciana con la que discutió hace mucho tiempo por la casa que su madre les había dejado en el centro de Barcelona. Fue entonces cuando María Pujol le expresó su sorpresa por esa herencia desconocida y cuando su cuñado, Francesc Cabanas, se quedó estupefacto. El matrimonio lleva una vida sencilla, alejados del boato de la familia Pujol, y para ellos esto ha sido un impacto tremendo. «Se quedaron de piedra», afirman vecinos de la pareja, quienes así definen su ánimo: «Primero indignados, pero después con mucha tristeza en el fondo, les da lástima».

El matrimonio vivió mucho tiempo con la madre del ex presidente, María Soley, hasta que falleció. Según fuentes de la familia, Jordi Pujol estaba muy unido a ella y la visitaba a menudo. Era una mujer austera, que había vivido a la sombra de su marido, Florenci Pujol, y sus negocios. Muy religiosa, adoraba a su hijo y en el barrio aún los recuerdan acudiendo a Misa los domingos por la tarde, en la parroquia del barrio. De hecho, el propio Jordi Pujol me enseñó un día la medallita que su madre le había regalado con los nombres de sus hijos para que rezara durante el proceso de Banca Catalana, aquella querella en mayo de 1984 que Pujol vivió como una feroz herida hacia Cataluña y que hoy, con la perspectiva de la historia, se diluye en el tiempo e invita a la reflexión.

Abatido, compungido, afligido, pero dispuesto a todo por sus hijos. Entre ellos, uno de los «cerebros» de las respuestas a este tremendo desafío que los aguarda es Josep, el tercero de la saga, el más desconocido y también el más inteligente. Acogido a la amnistía fiscal aprobada por el Gobierno, tras reconocer dinero en paraísos fiscales, vendió su consultora Europraxis a la empresa Indra y ha seguido manejando otros asuntos. A él se atribuyen el comunicado de su padre y otras iniciativas venideras para salvarse de la quema. «Se conjuró muy joven para salvar Cataluña y ahora tiene que salvar a su familia», dice alguien muy cercano, que ha trabajado largos años con el ex presidente Pujol. En este círculo cerrado, comentan que en estos días ha recordado sus años en la cárcel de Torrero, en Zaragoza, y que él mismo habría dicho: «Esto es peor que la prisión». Allí, donde su hijo primogénito, Jordi, le visitaba con su madre, Marta.

Ante la ofensiva de la Fiscalía Anticorrupción, en medios jurídicos se comenta que el deseo de Pujol sería llegar a una conformidad procesal, con reconocimiento de culpa y colaboración con las autoridades tributarias. Pero no es suficiente para frenar un aluvión de desatinos, un torrente de corrupción sobre sus hijos, cada día más fuerte. La gran pregunta que subyace en Cataluña y en toda España es clara: ¿por qué ahora?, ¿por qué aflora lo que tantos sabían y callaban? Un destacado empresario catalán así lo define: «Porque la bula ha terminado y nadie quiere que le pille». Final tremendo de una época y de un hombre que un día, en su despacho del Palau de la Generalitat, me dijo la siguiente frase: «Cataluña soy yo, y todo para mí, es Cataluña».

Con su amigo Maciá

El hermetismo es enorme en el entorno de la familia Pujol. Pero, según fuentes cercanas, el ex presidente llamó, muy afectado, a su gran amigo Maciá Alavedra para darle el pésame por la muerte de su esposa. Ésta sería una de las poquísimas personas con las que Pujol ha hablado en estos días de reclusión, junto con su hermana María, su cuñado, Francesc Cabanas, y su nuevo abogado, Cristóbal Martell. Atrás quedan otros asesores jurídicos, como Lluis Pascual Estivill o Josep Piqué Vidal, sus letrados en el Caso de Banca Catalana.