Rajoy traslada en privado a sus barones su preocupación por Cs

Demanda un intenso esfuerzo de movilización: «Es difícil pero superable». Dedica el cierre de la Convención Nacional a cargar con dureza contra Rivera, a quien tilda de «inexperto» y «lenguaraz»

El presidente del Gobierno durante su intervención en el acto de clausura de la Convención Nacional del PP hoy en Sevilla
El presidente del Gobierno durante su intervención en el acto de clausura de la Convención Nacional del PP hoy en Sevilla

Demanda un intenso esfuerzo de movilización: «Es difícil pero superable». Dedica el cierre de la Convención Nacional a cargar con dureza contra Rivera, a quien tilda de «inexperto» y «lenguaraz».

Mariano Rajoy clausuró ayer la Convención Nacional del PP con un mensaje de orgullo de partido y de acción de Gobierno para levantar la moral de sus dirigentes nacionales y territoriales, y con una dura crítica contra la oposición, en la que destacaron las ácidas andanadas contra el líder de Ciudadanos, Albert Rivera. No le mencionó nunca por su nombre pero quedaba claro de quién estaba hablando. Fue una arenga larga a la tropa, en la que llamó a sus «soldados» a salir a la calle «con la cabeza bien alta» y satisfechos de pertenecer a un partido que ha sacado a España de la crisis económica y que es el responsable de haber parado el desafío independentista. El líder popular también sacó pecho por la aplicación del artículo 155 de la Constitución y dejó en la oposición la responsabilidad de que no se haya llegado más allá en su aplicación.

En este discurso de movilización y moral al partido Rajoy no hizo ninguna alusión a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, pese a que haya marcado los tres días de la asamblea sevillana por la investigación abierta por el máster que le concedió la Universidad Rey Juan Carlos. La intervención de Rajoy ante el Plenario de esta Convención se produce después de que en privado el jefe del Ejecutivo dejase sentir a sus barones y dirigentes regionales su preocupación por los próximos procesos electorales. Rajoy almorzó con ellos el sábado, una tradición ya en este tipo de cónclaves. En ese almuerzo, por cierto, no se dijo ni una palabra de la «crisis del máster», pero Rajoy sí aprovechó, dentro de la informalidad del encuentro, para insistir a su «plana mayor» autonómica en la importancia de «batallar» y movilizar ya a las estructuras del partido. En principio resta un año hasta las elecciones autonómicas y municipales, aunque ya se especula sobre un adelanto de las elecciones andaluzas para otoño.

Y en el aire está el futuro de la legislatura nacional al volver Carles Puigdemont a primera línea, después del fallo de la justicia alemana por el que ha salido a la calle a la espera de que se resuelva la euroorden. Con el problema añadido que esto supone para que se desbloquee el Gobierno catalán y sus consecuencias en la negociación presupuestaria. Rajoy siempre insiste en que agotará la legislatura, pero el contexto político abre muchos interrogantes y esta Convención ha servido para que el PP interprete que quiere tener la maquinaria electoral plenamente engrasada y preparada para lo que se venga encima. Los barones captaron de su mensaje que entiende que la situación es difícil, pero superable, ya que pese a su temor porque el partido no aguante también incidió en su confianza en que puedan lograr que vaya bien.

Ya ante el Plenario el presidente del Gobierno buscó conectar con el partido con un discurso optimista y de reivindicación de sí mismo y de las políticas de su Gobierno. La llave maestra con la que Rajoy llamó a su partido a movilizar el voto es el lema de que «España necesita más que nunca al PP porque España no se puede parar» y que el PP es el único partido que puede ofrecer «experiencia, resultados y un proyecto de futuro». «Los demás son una apuesta, nosotros, no; los demás son una hipótesis, nosotros una certeza». Y en esa línea siguieron los «golpes» que como destinatario implícito tenían a Ciudadanos. «Los demás sólo ofrecen una incertidumbre adornada de peroratas huecas, golpes de tuit o promesas lisonjeras»; en el Gobierno demostramos «que somos los más capaces para ocuparnos de todos los problemas de los españoles», «y luego están los otros, todos los demás, los que no han sabido gobernar nunca y los que no han gobernado jamás, y por eso lo prometen todo».

La clave de la experiencia frente a la inexperiencia de Albert Rivera, Pablo Iglesias o Pedro Sánchez ya la jugó Rajoy en las anteriores elecciones generales. Y de escucharle ayer, la impresión que quedó es que el líder popular ya está en campaña, con él como candidato, y dispuesto a que la sucesión se quede en la sucesión de Rajoy a Rajoy, al menos de momento. «Salgamos a ganar», exigió al PP. Porque «no queda tiempo que perder, tenemos que convencer a todos de la vigencia de nuestro proyecto y de que somos gente de palabra que cumple con sus compromisos». «La gran pregunta que tenemos que hacer a los españoles es si quieren que sigamos avanzando o prefieren retroceder. Salid a la calle con la cabeza bien alta, a contar la verdad de lo que hemos logrado y de lo que ofrecemos».

Rajoy no abandonó ese tono mitinero y de embestida contra la oposición en toda su intervención, en campaña contra los que «no tienen una idea sobre España y, lo que es peor, a veces parece que no tienen ni idea de España». «Y entre nuestros valores está también la defensa del Estado de Derecho, algunos de nuestros adversarios no saben lo que es, ni la primacía de la ley». Aunque el presidente se refirió a la necesidad de seguir buscando pactos y acuerdos con la oposición, y entre esas negociaciones pendientes está la presupuestaria, su cruce de mensajes con Sánchez y Rivera, principalmente, evidencia que lo que se viene encima es una larga precampaña en la que todo está completamente abierto.