Reenterrado con la bandera del régimen y una polémica grabación

Francis Franco asegura que le intentaron detener por usar el móvil: «Estábamos en nuestro perfecto derecho en un acto familiar». Un vídeo muestra cómo los agentes intentan impedir que la familia salga del panteón.

Despliegue de una bandera. Foto: Cristina Bejarano
Despliegue de una bandera. Foto: Cristina Bejarano

Acabado el responso del nuevo entierro de Franco, con un rictus de tristeza y visiblemente tenso, Francis Franco traspasó la puerta del cementerio de Mingorrubio acompañado de su hermano Jaime Felipe y su abogado, Luis Felipe Utrera-Molina. Se paró delante de las vallas de contención y, frente a la maraña de cámaras, comenzó diciendo que todo había sido «absolutamente tranquilo, digno», aunque su rostro evidenciaba el trance. Preguntado por la bandera de España, recordó que «en la basílica no se podía llevar» mientras se movía entre los periodistas para repartir un comunicado.

Acerca del modo en que se ha permitido actuar a los medios, aseguró que «se ha tratado de una forma discriminatoria y vejatoria, pero no por parte nuestra. Nosotros no hemos sido y queríamos hacéroslo saber, lo sentimos porque había gente en la puerta [del Valle de los Caídos] desde las 5:30», señaló Francis Franco.

El mayor de los nietos se disculpó porque ellos preferían en un día como el de ayer «luz y taquígrafos en lugar de que sea la prensa oficial la que diga lo que quiera – «hemos vuelto a la época del NO-DO», dijo al respecto–, nosotros aquí no hemos ocultado nada, simplemente hemos acompañado a mi abuelo en estos últimos momentos».

Sería su abogado el que poco después hiciera mención al rumor acerca de un incidente en el camposanto de El Pardo. Según Utrera-Molina, «la Policía intentaba decir que se había producido una grabación del acto del entierro, de un acto que era íntimo de la familia; han intentado registrarle, nos hemos negado, han intentado reternos a todos dentro e inmediatamente ha imperado la cordura y hemos podido salir porque era quizás una situación de tensión innecesaria».

Francis Franco reconocía que había sido «muy desagradable, han estado a punto de detenerme, pero estábamos en nuestro perfecto derecho en un acto familiar». «Han requisado móviles, no nos han tratado como pensamos que deberíamos estar en un momento muy doloroso y desagradable». Otros testimonios hablan de «empujones y trato desconsiderado».

El nieto que más relación tuvo con Francisco Franco explicó que se le vio tomando notas para «contar todo lo ocurrido» y hacer acopio de información que aportar ante el Tribunal Europeo de Derechos Humanos de Estrasburgo.

Francis criticó además la prohibición de concentraciones ante el camposanto. «Lo que buscan es que parezca que mi abuelo está solo, que nadie quiere estar allí y lo han impedido de todas las maneras», reprochó al Gobierno.

El albacea, Utrera-Molina, lamentaba que se trata de «la única familia a la que en España se le niega el derecho a cubrir el féretro de su abuelo con la bandera nacional. Esto lo debería saber todo el mundo. No hay precedente en la historia. Es absolutamente vergonzoso y lamentable».

A su lado, Jaime Felipe Martínez-Bordiú confirmaba que «durante la misa le hemos cubierto con la bandera que se usó en 1975». Bandera que la familia volverá a conservar, igual que hizo Carmen Franco tras su funeral de Estado.

El Gobierno había prohibido enseñas en Cuelgamuros y El Pardo, pero avisó a la familia de que si quería emplear algún símbolo en el interior del panteón, ya en el ámbito privado, no se opondría. Algo que tenían previsto los Martínez Bordiú-Franco.

La ministra de Justicia en funciones, Dolores Delgado, se había marchado poco antes una vez cumplida su función como notaria mayor del Reino. La familia Franco negaba que hubiera habido insultos hacia la titular de Justicia: «En absoluto». Jaime Felipe explicó que había sido «muy respetuosa» y la misa «muy bonita».

Precediendo a Francis Franco habían salido del recinto dos jóvenes, bisnietas del dictador, que portaban una gran bandera con el escudo franquista. Delante, el sacerdote Ramón Tejero.

El resto de la familia se marchaba poco después en varios vehículos y despedidos por simpatizantes franquistas que desde primeras horas de la mañana se habían congregado cerca del cementerio con banderas y una gran pancarta con los colores de la enseña nacional y la frase «Franco, ¡gracias!».

En el comunicado repartido por Francis Franco, la familia acusa al Gobierno de haber «consumado la profanación» del sepulcro de su abuelo «con el aval de los demas poderes del Estado y la jerarquía eclesiástica», con «grave atropello» de «nuestros derechos fundamentales». «Lo que el Gobierno presenta como una victoria de la democracia no es más que un impudico circo mediático que solo busca propaganda y rédito electoral», reza la breve nota.

«Pero aquí estamos por encima de miserias y mezquidades, porque ha primado nuestra firme decisión de no abandonar jamás a nuestro familiar cuya dignidad y memoria hemos defendido siempre y ahora más unidos que nunca», abunda la familia.

A última hora de la mañana, el Tribunal Superior de Justicia de Madrid admitía el recurso de la Fundación Franco contra la prohibición dictada por la Delegación del Gobierno de concentrarse en Mingorrubio. Por la tarde, su presidente, Juan Chicharro, asistía a una misa frente al cementerio y lamentaba «un día triste, sobre todo porque confiábamos en la victoria» pero, aseguraba, «estamos ante un nuevo amanecer. Gran parte del pueblo español empieza a despertar».