Política

Rivera encuentra su sitio

Tras trece años al frente del partido, y sin apenas contestación interna, su objetivo pasa ahora por convertirse en el referente del centroderecha.

Tras trece años al frente del partido, y sin apenas contestación interna, su objetivo pasa ahora por convertirse en el referente del centroderecha.

Publicidad

«No hay nada más poderoso que una idea a la que le ha llegado su tiempo». La frase de Víctor Hugo que luce en una de las paredes de la sede de Ciudadanos en Madrid es toda una declaración de intenciones de la formación. Y también puede aplicarse a su líder. Tras 13 años al frente del partido, Albert Rivera se ha enfrentado a la campaña electoral más decisiva de su carrera (y la más incierta de la historia de nuestra democracia) con la convicción de que ha llegado el momento de que su partido y él mismo jueguen un papel clave en la vida política española. Después de los comicios de 2016, el partido naranja ya perfiló su estrategia para incorporarse a los futuros ejecutivos consciente de que las urnas no permiten gobiernos monocolor y, con el ejemplo de Andalucía en el tablero político, el siguiente paso natural para Rivera pasaría por aspirar a un puesto en Moncloa.

Es en esa clave en la que hay que interpretar la renuncia al espacio de centro izquierda, con el veto a pactar con el PSOE de Pedro Sánchez ya que, según las encuestas internas que manejaban antes de la campaña en el partido naranja, el 30 por ciento de sus votantes podría fugarse a Vox en el caso de una alianza con los socialistas. Con este movimiento, que muchos politólogos calificaron de arriesgado, Rivera se medía de igual a igual con Casado y buscaba consolidarse como el líder del centro derecha en España. Los resultados de anoche reflejan que se ha acercado mucho a su objetivo y que, aunque no consigue el deseado «sorpasso», se ha quedado a solo un pequeño paso de lograrlo.

Los pactos de gobernabilidad que se abren ahora diseñan un escenario que podría situar a Rivera en una delicada disyuntiva. La presión del PSOE para configurar un gobierno estable con Cs puede ir en aumento y su capital de credibilidad política podría verse afectado si finalmente accediera a algún tipo de acuerdo con los socialistas, tal y como han aconsejado en los últimos días medios internacionales como la BBC.

Rivera asegura que 2019 ha sido un año de cambios y, desde luego, lo ha sido para su partido. Una formación, vinculada desde sus orígenes a su líder como pocas, que ha alcanzado en los últimos meses la mayoría de edad política con algunos episodios de una (incipiente) disidencia interna, lejos, eso sí, de adentrarse en las historias de corrientes y familias de los partidos tradicionales. Sin embargo, las dudas por la conveniencia o no de la foto «a tres» de Colón, a la que Arrimadas no fue y que fue cuestionada por dirigentes del partido; la apuesta de Rivera por la ex política del PP en Castilla y León, Silvia Clemente, frente al candidato avalado por Luis Garicano, y el posterior vodevil del supuesto «pucherazo»; o las declaraciones públicas de Manuel Valls, uno de los fichajes estrella de Rivera, en las que se oponía al pacto de gobierno en Andalucía con los votos de Vox, han sido sacudidas en los tranquilos cimientos naranjas.

Publicidad

Frente a estos pequeños seísmos, dirigentes nacionales y regionales de Ciudadanos coinciden en que la figura del líder sale reforzada tras estas elecciones. «Está muy fuerte dentro del partido». No existe una contestación interna de ningún tipo que ponga en riesgo su fortaleza, aseguran en la formación. «Rivera sabe que es su momento», defienden en su entorno. Aunque el resultado de las urnas aleja un gobierno «a la andaluza», el líder de Cs consolida un mayor estatus e influencia. El 28-A era un examen que ha pasado con nota al erigirse como figura imprescindible del centro derecha.