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Sánchez: sin trabajo y sin estrategia

La universidad Camilo José Cela, donde ejerció como profesor asociado, no se ha puesto en contacto con él para el reingreso. Más allá de jalear a la militancia a través de las redes sociales no sabe aún cómo armar su candidatura.

«Si no fuera tan insignificante daría risa». Es la frase que circula entre diplomáticos acreditados en el eje Madrid-Washington tras el anuncio de Pedro Sánchez de apoyar a Hillary Clinton en su reciente viaje a la capital de Estados Unidos. «Ha sido un gafe en toda regla», ironizan en varias cancillerías tras la victoria de Trump. Aseguran que la proclama del defenestrado líder socialista fue una auténtica «boutade», o sea, una ocurrente broma, dado que nunca tuvo contactos con los demócratas, afirman fuentes de la Embajada norteamericana en Madrid, donde el equipo del hasta ahora titular Jaime Costos tiene ya hechas las maletas ante el inminente relevo. Tras el brindis al sol de Sánchez a la candidata demócrata, el dardo que se comenta en las filas socialistas es rotundo: «Pedro se dio un trompazo y ahora ha contribuido al ‘‘trumpazo’’».

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Entre sus antiguos compañeros nadie entiende esta gracieta. Ni siquiera viajó a Nueva York, sede del cuartel general del Partido Demócrata, sino que lo hizo a Washington invitado por el Centro Interamericano de Gerencia Política, un «think tank» al más puro estilo anglosajón. Es decir, un laboratorio de ideas fundado en Washington en 1991 por el politólogo cubano-estadounidense Mario Elgarresta, ubicado en Miami y asesor de varios gobiernos latinoamericanos. Según fuentes de la institución el contacto con Sánchez se hizo a través del portavoz del PSC en el Ayuntamiento de Barcelona Gabriel Colomé.

Al margen de la grotesca anécdota, lo cierto es que el caído líder socialista aún no ha cogido su coche para recorrer España, como dijo el día que entregó su acta de diputado en el Congreso. «Se ve que aún no ha puesto gasolina y prefiere el avión», apuntan diputados del PSOE muy críticos contra el ex secretario general, sobre todo tras su entrevista en el programa de Jordi Évole en La Sexta. Algunos como su anterior rival, Eduardo Madina, han sido muy duros: «Yo jamás lo hubiera hecho». Según varios de estos diputados que han hablado con él, Pedro Sánchez «está en un mar de dudas», y opinan que este carácter dubitativo e inseguro le llevó al triste final. «Un día decía una cosa y al siguiente la contraria», comentan sobre sus contactos. Lo único cierto es que tras su regreso de Washington, Sánchez no se ha dejado ver en público, aunque sí ha recibido en su casa madrileña de Pozuelo a algunos todavía afines.

Según este entorno, al margen de sus incursiones en las redes sociales a la militancia, aún no tiene clara su estrategia y busca trabajo, una plataforma que le permitan fijeza e ingresos, si bien ya ha percibido la remuneración correspondiente por sus años como diputado en el Congreso. Pero a diferencia de sus antecesores, Felipe González, Joaquín Almunia, José Luis Rodríguez Zapatero y Alfredo Pérez Rubalcaba, todos ellos con suculentas ofertas y bien instalados, Pedro Sánchez, hasta la fecha, no ha recibido ninguna. Tampoco en la Universidad Camilo José Cela, donde ejerció como profesor asociado de Estructura Económica e Historia del Pensamiento Económico durante cinco años, se han puesto en contacto con él. Fuentes de la UCJC, ubicada en Villanueva de la Cañada, explican que su puesto ya está ocupado por otros titulares y que Sánchez tampoco lo ha solicitado. Y eso que la Universidad oferta ahora otras vacantes en el área económica que podría solicitar dada su condición de doctor. Quienes han hablado con él últimamente no le ven con mucha «vocación docente», y señalan el profundo cambio de su nueva vida. «Ha pasado de ser un líder a no ser nada», dicen los que le aconsejaron mantener su acta de diputado en el Congreso. «Fuera hace mucho frío», añaden. Además, la Gestora actual ya perfila importantes cambios en el partido y el grupo parlamentario socialista.

Entre los primeros, cuyo objetivo es recuperar las esencias y proyectos del PSOE, destacan nombres vinculados a los anteriores gobiernos de Felipe González y Rodríguez Zapatero, como la histórica Rosa Conde, el ex ministro de Trabajo Valeriano Gómez y el «fontanero» monclovita José Andrés Torres Mora. En el grupo parlamentario, según fuentes de la Gestora, habrá también una profunda renovación, aunque por el momento la primera víctima ha sido la diputada aragonesa Susana Sumelzo, que votó «no» por «principios y coherencia». Abogada, militante desde los veinte años en el PSOE y UGT, Sumelzo ha sido una incansable trabajadora en gestión administrativa y los pequeños municipios de Aragón, dónde es muy valorada.

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Fuentes de la Gestora enmarcan su actuación entre «prudencia y autoridad». Y aunque nadie en público arremete contra Sánchez, muchos de sus anteriores fieles ven muy negro su futuro. En el PSOE anida, ante todo, «la cultura de partido», y piensan que Sánchez la está rompiendo con una actitud desleal. Además, en las agrupaciones socialistas cunde cada vez más el olvido, máxime en un partido dónde el poder del aparato es determinante. Frente a sus antecesores, Sánchez no posee un currículum brillante, al margen del ámbito universitario, algunos cargos de menor rango como asesor del Parlamento Europeo, jefe de gabinete del Alto Representante de Naciones Unidas en Bosnia y concejal del Ayuntamiento de Madrid, dónde se decantó por Trinidad Jiménez en su pugna con el díscolo Tomás Gómez, a quien luego decapitó de manera injusta. «Prueba ahora su propia cicuta», advierten algunos dirigentes del socialismo madrileño. Pudo tener el gobierno de municipal de Madrid y lo desechó. Pudo facilitar otros gobiernos y sucumbió a un «cordón sanitario» contra el PP a manos de Podemos, que ahora se le ha vuelto en contra.

En opinión de muchos dirigentes actuales, en su obsesión por salvarse él mismo dentro del partido cavó su tumba definitiva. «No estamos en el PSOE para acabar en manos de Podemos». La frase corresponde a veteranos diputados socialistas en un reciente almuerzo cerca del Congreso de los Diputados. Aquellos pactos con Podemos y los ocultos con los partidos separatistas le han pasado factura y serán su lastre. Esto ni los más leales lo dudan. Aunque como todo en política, el futuro es imprevisible. Y como algunos susurran por los pasillos de la Cámara, Pedro Sánchez ahora puede estar «acabado, pero no enterrado».

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