Soraya Sáenz de Santamaría: La «vicetodo» que era una «outsider» para el PP

Su hoja de ruta para llegar a lo más alto ha seguido un camino: los despachos. Tras siete años de plena dedicación al Gobierno, atesorando el mayor poder que nunca en democracia haya tenido un vicepresidente, Soraya Sáenz de Santamaría ha decidido dar el paso y pelear por la presidencia del PP. Y eso que la número dos de Mariano Rajoy nunca ha sido protagonista en la vida orgánica del partido, al que llegó de la mano de Francisco Millán. Era entonces Soraya una joven vallisoletana abogada del Estado y con un prometedor futuro. Y allí se instaló en Génova 13 para «hacer papeles» al líder del partido. Junto a Rajoy vivió las dos derrotas electorales de su jefe, en 2004 y 2008. Fue ese año cuando Rajoy decidió darle galones. La ascendió como su portavoz parlamentaria para reorganizar el desanimado grupo de diputados rehén de la estrategia diseñada por Eduardo Zaplana y los herederos del aznarismo. Tras una efectiva labor como portavoz llegó el momento más alto de su carrera, convirtiéndose en la vicepresidenta única de Rajoy. Fue cuando el poder absoluto ejercido por la dos del Gobierno agravó aún más los recelos entre los dirigentes del PP. La vicepresidencia, el Ministerio de Administraciones Públicas, la Comisión de subsecretarios, el CNI, la portavocía del Consejo de Ministros... siempre «blindada» por un puñado de fieles, conocidos en el PP como «los sorayos».

Sus críticos le han reprochado, y seguro que van a utilizarlo en el debate precongresual, que en estos últimos siete años no mostrase interés por la vida del PP. Le critican que se pusiera de perfil cuando estallaban los casos de corrupción y que el «terremoto Bárcenas» lo tuviese que lidiar en solitario la secretaria general, María Dolores de Cospedal. Así, cada viernes, en sus habituales comparecencias como portavoz del Gobierno, Sáenz de Santamaría se escudaba en su condición de miembro del gabinete para depositar la polémica en el tejado de la sede popular. Su enorme poder llegó a provocarle a Rajoy más de un incendio por la guerra entre «los sorayos» y el llamado G-8, el grupo de ministros críticos con su gestión, encabezado por José Manuel García-Margallo. Siempre le han reprochado apostar por «tecnócratas» que alejaban al Gobierno de la calle.

La información obtenida en su calidad de jefa de los servicios secretos, su utilización, y la estrategia de comunicación también han despertado suspicacias en Génova 13 y entre barones. La última brecha entre la ex vicepresidenta y un sector de dirigentes vinculados a la estructura orgánica del PP la ha provocado la «carpeta catalana». Buena parte de los mandatarios populares le achacan un perfil bajo contra el independentismo y una aplicación «blanda» del artículo 155 que le ha supuesto al PP desangrarse electoralmente. La famosa «operación diálogo» con Oriol Junqueras.

Con estos mimbres llega a la competición para liderar el PP. En los 15 días que faltan para la votación, Sáenz de Santamaría va a tener que recorrer muchos kilómetros saludando afiliados. Precisamente lo que sus rivales internos le recriminan: no haber querido pisar nunca las sedes. Incluso algún recién cesado ministro bromea con que los militantes pueden preguntarse: «¿Dónde ha estado estos años?».

Pero Sáenz de Santamaría hace sus cuentas para la batalla que, según sus cercanos, se va a polarizar hasta convertirse en un combate entre ella y Cospedal. Algunos de los suyos dudan incluso de que Pablo Casado llegue hasta el final sin ser absorbido por uno de los dos equipos. De hecho, Soraya lleva semanas derramando simpatía. Aunque nadie sabe por el momento cómo se manejará en el ruedo popular sin ser vicepresidenta. Está por descubrir.