Teresa Freixes: Fin del «guerracivilismo»

La jurista subraya que «aunque la Ley de Memoria Histórica tiene puntos discutibles, más que la propia ley, lo que pienso que no ayuda a la concordia es cómo se interpreta y aplica. Se usa como arma arrojadiza y no como instrumento de reconciliación

La jurista Teresa Freixes
La jurista Teresa Freixes

La jurista subraya que «aunque la Ley de Memoria Histórica tiene puntos discutibles, más que la propia ley, lo que pienso que no ayuda a la concordia es cómo se interpreta y aplica. Se usa como arma arrojadiza y no como instrumento de reconciliación.

«Los riesgos políticos, entre los que se incluye la crisis catalana o unas probables elecciones generales este año, funcionan como freno al crecimiento económico a medio plazo. A esto también contribuye que el resultado de dichos comicios aporte un esquema similar al de Andalucía, es decir muy fragmentado. Esto no es positivo para el avance económico», sentencia el economista. Tampoco lo hace el «guerracivilismo» que se ha instalado en España con pocas miras a diluirse con el paso del tiempo. Para hablar de ello nos reunimos con la jurista Teresa Freixes quien entra a analizar el octavo objetivo para el año que viene. «Todos los países que han sufrido una dictadura, una guerra, han tenido que extraer lecciones de su propio pasado. Recordemos lo sucedido en Alemania, en Francia o Italia, donde el enfrentamiento no solo entre países, sino el propio interno, originó que se tuvieran que redactar nuevas constituciones tras la Segunda Guerra Mundial, basadas en principios y valores comunes, el Estado de Derecho, la democracia y los derechos humanos, inspirados en los del Congreso de La Haya de 1948, origen del europeísmo democrático actual», recuerda.

Entonces se formularon conceptos, como el del patriotismo constitucional, según relata Freixes, para realzar los derechos de ciudadanía como fundamento del sistema democrático. «Todo ello dirigido a cohesionar a la ciudadanía sobre la base de los principios mencionados. No veo que sea esa la interpretación y aplicación que se realiza sobre la Ley de Memoria Histórica. Es más, se ha hablado de memoria histórica como imagen del pasado públicamente construida indicando con ello que con esta definición se construye, es decir, que se reinventa, públicamente, es decir, abierta y notoriamente, lo que en realidad sucedió. Esto no es memoria histórica. Es manipulación de la Historia», asegura la jurista. Además, añade que desde la Unión Europea se obliga a las autoridades internas «a no revictimizar, en forma directa o secundaria, a las víctimas a respetar su dignidad y a tomar todas las medidas necesarias para su resarcimiento, no únicamente material sino también moral, en un contexto no sólo procesal sino también extraprocesal». Freixes, que ha sufrido el acoso en su tierra natal, Cataluña, por defender los principios constitucionales ante los delirios secesionistas, destaca que Naciones Unidas considera también que el apoyo y protección a las víctimas debe incluir su reconocimiento social e institucional. «Y cuando se alude a las víctimas se hace una referencia a todas ellas. De ahí que no se pueda legislar en forma unilateralmente teledirigida a sobredimensionar las víctimas de un bando sobre las víctimas del otro. Quienes no tienen en cuenta su Historia, muchas veces se ven obligados a repetirla».

Para ella, el problema no está en tener presente que nuestra Historia reciente ha estado jalonada de guerras civiles. Recordemos el siglo XIX, con las Guerras carlistas, el siglo XX, con la Guerra del 36. «Y la guerra ideológica, la de los dos bandos del poema de Machado, que quisimos que terminara con la reconciliación y el consenso de la Transición. Algunos, que ni tan siquiera vivieron aquellos años, tienen su propia concepción de lo que pasó, sin tener en cuenta el más mínimo rigor histórico. Afirman, incluso, que es necesario establecer la memoria democrática mediante un proceso que precisa de una mirada crítica. La memoria es la memoria, sin adjetivos. Y la crítica se hace mediante indicadores científicamente establecidos. No se puede reconstruir reinventando», reivindica. Según Freixes, la memoria se sustenta en hechos contrastados. Y la interpretación sobre los mismos sigue también métodos contrastados. «No verdades establecidas por una recreación interesada que a nadie beneficia», dice. Claro está que no ayuda a la ciudadanía, pero tampoco a la imagen del país que, como «marca» también se ha visto dañada en el exterior no solo por las disputas sociales, también por el desvarío en Cataluña o la polémica exhumación de Franco. ¿Cómo analizan desde fuera lo que está ocurriendo dentro de nuestras fronteras?