Toni Bolaño: «Las CUP han logrado que todo el secesionismo asuma su lenguaje»

El periodista catalán hace una crítica –no destructiva– de un movimiento al que define como «los últimos bolcheviques de Occidente».

El periodista catalán hace una crítica –no destructiva–de un movimiento al que define como «los últimos bolcheviques de Occidente».

–¿Las CUP son un fenómeno pasajero?

–Han venido para quedarse. Ellos han crecido por dos razones. En primer lugar porque el nacionalismo moderado descubrió que las CUP eran una forma de erosionar a la izquierda y las estuvo alimentando. De hecho en las últimas elecciones, como eran «plebiscitarias» y ellos consideraban que las CUP sumaban a su proyecto, nadie les atacó. Por otro lado la crisis económica ha hecho el resto. En estos momentos tienen una base social y organización: son pocos pero están muy bien organizados. Han venido para quedarse, no van a desaparecer en cuatro días. Su base son los ayuntamientos. En 1986, cuando el movimiento independentista de izquierdas se deshace como un azucarillo, ellos intentan levantar cabeza. Les cuesta mucho trabajo, se refugian en el movimiento asociativo y les va muy bien en los ayuntamientos pequeños y medianos. Gobernar municipios no lo hacen mal, pero claro, una cosa es gobernar pequeños pueblos y otra cosa es llevar la política catalana y española.

–Existen paralelismos con Podemos...

–Hay paralelismos porque nacen de lo mismo. Pero a diferencia de Podemos, que nace del 15-M, las CUP se apropian del 15-M porque ya estaban organizadas en Cataluña. Es verdad que ellos son un movimiento, son una suma de partidos, pero sobre todo asambleas independientes en las poblaciones. Otra diferencia es que Podemos se constituye en partido inmediatamente y va eliminando los elementos que, digamos, más distorsionan su proyecto. La CUP no. La CUP lo suma todo. Con los problemas que eso comporta, que se demostraron con la investidura de Artur Mas. Entonces chocaron los cuatro partidos organizados, que sólo suman el 30% de las CUP, pero que al final son el núcleo más potente ideológicamente.

–¿Cuáles son sus fines como organización?

–Esta semana está sucediendo algo muy interesante. Han dicho al Gobierno que hay que hacer unos presupuestos «pre-republicanos». Ellos han dicho que quieren independizarse ya. Y les da igual... por que lo que quieren es desestabilizar el sistema. Cuando Convergència y Esquerra se vuelven locos pensando si Europa les aceptará como nuevo Estado... ellos dicen: «¡Nos da igual!». Porque insisto: ellos quieren desestabilizar el sistema. Por eso están más cómodos a la contra. En cualquier movimiento reivindicativo que existe en Cataluña –la plataforma contra la hipoteca, asociaciones de jóvenes, de mujeres, ... lo que quieras– allí están las CUP. A la contra están encantados de la vida. Gobernar les cuesta más. Excepto en los pueblos, donde asfaltar una calle u organizar las fiestas son cosas más sencillas. Además, ellos gestionan bien porque son muy militantes. Ellos durante los fines de semana hacen mucha formación política. Comparten el ocio, comparten la vida. Son grupos muy cerrados. Y muy sectarios porque al final cuando te cierras en el grupo acabas pensando que todos piensan como tú.

–¿Cómo han conectado con tanta gentes siendo tan radicales?

–Han aprovechado el cabreo generalizado, la corrupción de los Pujol y lo han conjugado con la voluntad independentista que no se fia de Convergència y Esquerra porque piensan que en algún momento van a pactar. Para que te hagas una idea: la líder actual de la CUP, la presidenta del grupo parlamentario, no es nacionalista catalana sino nacionalista ocitana que quiere que el antiguo sur de Francia cátaro debe ser un país. Eso es la CUP. La CUP ha conseguido que el mundo independentista asuma su lenguaje. Aglutina a todo el mundo: anticapitalistas, antisistema, anarcomunistas, marxistas-leninista, independentistas. Y luego no se andan con tapujos. Podemos intenta ahora disimular su relación con Venezuela. José Manuel Busqueta, ideólogo antiglobalización, ha sido asesor de Chávez y es ahora asesor del grupo parlamentario de las CUP.

–¿Cómo pueden resolver los partidos políticos tradicionales el problema planteado por las CUP?

–Los partidos tradicionales no pueden ni sentarse a hablar con las CUP. Por eso ha sorprendido tanto el apoyo del PSC en algunas localidades como Badalona. No se entiende. E incluso los propios partidos nacionalistas se ven desbordados por el lenguaje de esta gente. Porque como todo en la vida, el que más grita se lleva el gato al agua y marca la pauta.