Una preocupación, no un impedimento

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Los achaques del Monarca han sido uno de los asuntos que ha centrado la atención de la Casa Real en los últimos cuatro años. Recuperado de su última intervención, Don Juan Carlos ahora deja paso a las nuevas generaciones.

Los problemas de salud del Rey se han convertido en uno de los principales quebraderos de cabeza para la Casa Real durante los últimos años. Desde que en 2010 un nódulo en el pulmón hiciera saltar todas las alarmas en Zarzuela, Don Juan Carlos ha pasado por quirófano en una decena de ocasiones convirtiendo en habitual la foto de sus entradas y salidas de los diferentes centros sanitarios. De la última, ejecutada en dos tiempos para sustituir su prótesis de cadera en septiembre y noviembre de 2013, acaba de concluir su rehabilitación. «Dentro de poco estaré corriendo», aseguraba Don Juan Carlos el pasado abril, apenas unas semanas antes de iniciar el viaje a Emiratos Árabes, Kuwait y Arabia Saudí, de donde regresó el 19 de mayo.

Porque a pesar de aparecer con muletas o bastón y tener que permanecer sentado en muchos actos oficiales, el monarca siempre ha intentado que sus problemas de salud afectaran en lo mínimo a su agenda institucional.

Miguel Cabanela, jefe de cirugía reconstructora de la clínica Mayo de Rochester en Estados Unidos y el principal encargado de la última intervención, reconocía en marzo que el Rey se estaba «recuperando más rápido de lo normal para un caso como el suyo».

Sin embargo, en septiembre del año pasado, cuando Cabanela se presentaba en Zarzuela junto a Miguel Fernández, jefe del servicio médico de la Casa, y el traumatólogo Ángel Villamor, los encargados de la salud del monarca no eran tan optimistas. La realidad es que de un tiempo a esta parte múltiples entradas y salidas del hospital se habían encargado de escribir la historia sobre la salud del monarca.

El 20 de septiembre de 2013 Zarzuela convocaba a los medios para anunciar que el Rey volvería a ser intervenido de su cadera izquierda tras sufrir un retroceso en su recuperación. Un parón provocado por una infección en la prótesis que le habían implantado sólo un año antes y que estaba provocando dolores en la rodilla y la pierna del monarca.

Los problemas en la cadera del Rey se iniciaron en abril de 2012 cuando, tras una caída durante un viaje privado a Botsuana, Don Juan Carlos sufría una fractura triple en la cadera derecha. Apenas una semana después debía volver al hospital: un mal movimiento producía una luxación en su cadera recién operada y obligaba a sus doctores a volver a intervenir. Durante esta convalecencia, como ha ocurrido siempre, Don Juan Carlos estuvo acompañado por sus familiares más próximos. En una de las visitas al hospital la infanta Doña Leonor, de sólo siete años, fue la encargada de informar a los medios de la mejoría en el estado de su abuelo. Unas visitas que en muchas ocasiones se convirtieron en el termómetro de la situación de los diferentes integrantes de la Familia.

En noviembre de ese mismo año era la cadera izquierda la que debía ser operada por artrosis. Ese mismo verano un tropiezo de Don Juan Carlos con un escalón mientras entraba en la sede del Estado Mayor de la Defensa hacía rebrotar la preocupación por su estado de salud a pesar de que la caída no le impidió continuar con normalidad el acto.

La prótesis no dio los resultados esperados. El monarca no terminaba de recuperarse y la historia de este primer implante finalizaba con una infección que obligaba a los doctores a cambiarla.

En septiembre de 2013, Don Juan Carlos ingresaba para instalarle una prótesis provisional recubierta de antibiótico para acabar con la infección. El 21 de noviembre el Rey regresaba a la clínica Quirón de Pozuelo, un centro hospitalario privado, para restituirle su prótesis de cadera. En el intervalo entre ambas operaciones, Don Juan Carlos no pudo mantener su actividad institucional fuera de Zarzuela.

Entre los muros de Palacio, el Rey compatiblilizó su rehabilitación con la celebración de audiencias en las que semana a semana dejaba pruebas en todos los medios de comunicación. Y es que la mejoría de su estado ha sido uno de los asuntos sobre los que más se ha escrito en los últimos meses.

En marzo de 2013 el doctor Manuel de la Torre intervenía al Rey en la clínica la Milagrosa por la agudización de una hernia discal en la que se le extirparon dos segmentos herniados de discos en la columna vertebral.

Era la cuarta intervención en diez meses y obligaba a cancelar un viaje oficial a Marruecos. Durante todo este tiempo, sin embargo, desde la Casa del Rey se insistió que el monarca no estaba de baja. Así, el Rey continuó atendiendo su labor desde su despacho en Zarzuela mientras, según informaron puntualmente sus médicos, avanzaba en su recuperación motora y muscular.

En 2011 era la rodilla derecha la que llevaba a Don Juan Carlos a «pasar por el taller». En junio una prótesis de titanio sustituía una articulación que ya había sido operada diez años antes después de que Don Juan Carlos sufriera una caída esquiando. Después del verano se llevaba a cabo otra operación, esta vez por rotura del tendón de Aquiles del pie izquierdo.

Pero sin duda una de los achaques del monarca que más preocupación levantaron fue el que sus médicos localizaron durante la revisión médica que se realiza con carácter anual en el tórax del Rey. Un nódulo en el pulmón hizo saltar todas las alarmas en Zarzuela en mayo de 2010. Durante la revisión médica que se realiza con carácter anual, los doctores localizaron una mancha en el tórax de don Juan Carlos. Apenas unos días después era intervenido para extirparle un tumor benigno.

Ahora la situación ha cambiado. Don Juan Carlos, de 76 años, compareció ayer por última vez frente a las cámaras de Televisión Española. El Rey mostró un buen aspecto y no dejó entrever en sus palabras que la salud sea uno de los motivos por los que ha decidido dejar paso a «una nueva generación».