El rosa para las niñas y el azul para los niños

Sobre lo que el Ministerio de Igualdad está haciendo.

Lo que sí le sugiero a la Ministra, ya que es ella la que puede hacerlo, es que presente iniciativas que nos faciliten una verdadera y larga baja por maternidad. Es decir, que no tengamos que dejar a un bebé lactante de cuatro meses en una guardería porque tenemos la baja maternal más baja de la UE. Que, por cierto, eso sí es hacer algo verdaderamente útil por la sociedad. La ciencia ha avalado cientos de veces las consecuencias negativas a nivel cognitivo tanto para la madre como para el bebé, el hecho de estar separados muchas horas. EFE/Fernando AlvaradoFernando AlvaradoEFE

He dado mil vueltas a cómo empezar este artículo y, finalmente, lo haré contando datos personales. Tengo 46 años y tres hijos: una niña de 9 años, otra de 7 y el más pequeño, la sorpresa de última hora, de dos años y medio. Hijos los tres de los mismos padres y educados en la misma casa, no pueden ser más diferentes entre ellos. Pero si hay algo que los diferencia sobre todo es el sexo. Parece lógico. Pero en los tiempos que corren y con las políticas que, desde el Ministerio de Igualdad nos indican, conviene reflexionar sobre este tema más de lo que hubiésemos querido.

Irene Montero, la ministra de Igualdad, está empeñada en enseñarnos a las mujeres cómo debemos conducirnos por la vida en prácticamente todos los aspectos. Sólo hay que revisar lo último en lo que se han gastado desde el Ministerio. Tal y como cita mi colega María Palmero en Voz Pópuli, “el Ministerio de Igualdad ha recibido 464.534,42 euros, impuestos incluidos, para un nuevo teléfono de atención sobre “discriminación por sexo” que incluirá denuncias de “publicidad sexista” y que será atendido por el Instituto de la Mujer a través del Observatorio de la Imagen de las Mujeres, recoge Ok diario. Medio millón de euros para, atención, que la gente llame para denunciar lo que considera que es sexista y que luego ellas, den un toque de atención a la empresa que haya osado hacer algo como, por ejemplo, distinguir artículos para niños y para niñas.

El tema es gravísimo por varios motivos. En primer lugar porque no estamos hablando de situaciones que puedan ser delictivas como que un jefe te toque el culo. No. Estamos hablando de interferir en la libertad individual y empresarial que se rige por lo que podríamos llamar tendencia del mercado. Me explico: las empresas que comercializan artículos para la infancia saben muy bien cómo es su público, que de hecho es muy exigente”. Que saquen el rosa para las niñas o las princesas no es para fastidiar a Irene Montero ni porque vivamos en un patriarcado. Es por una sencillísima razón: la biología. Algo que la Ministra debe saber ahora mejor que antes de ser madre. Las mujeres, incluso las que deciden no tener hijos, estamos totalmente condicionadas por el hecho biológico de la maternidad. Cuando una mujer decide no tener hijos no se le va la regla, ni deja de tener un cerebro diseñado específicamente para tener la mejor de las crianzas. Por este pequeño detalle y la vez inmenso, somos tan diferentes hombres y mujeres y menos mal.

Voy a explicarlo desde mi perspectiva como madre. La principal diferencia de mis dos hijas con respecto a su hermano es que ellas son infinitamente más delicadas y él es infinitamente más bruto. Así, sin anestesia. La mayor es amorosísima con cualquier ser vivo de cuatro patas y la mediana, adora los bebés y niños. El pequeño, si ve un animal, lo estruja. Si ve un bebé, directamente ni le hace caso y si pilla alguna muñeca de sus hermanas, la coge por la pierna y la estampa contra una mesa, por ejemplo, para ver el ruido que hace. Sí, un verdadero cromagnon, es un horror. Créanme que hasta a mí, que soy su madre y me hacen gracia todas sus monerías, ésa concretamente me da hasta repelús. ¿Ha visto eso él en algún sitio? Pues mire, no. Ni en casa ni en la tele ni en ninguna parte. Ojo, hace lo mismo con cualquier otro objeto que pille. Le gusta hacer ruidos, es bruto, se sube por todas partes, es hiperactivo y él solo come más que sus hermanas juntas.

Cierto es que es todavía muy pequeño pero, desde el instante que nació, las diferencias respecto de sus hermanas son enormes. Y, por supuesto, entre ellas también hay diferencias. La mayor detesta las faldas pero sólo en invierno: en realidad lo que detesta son los leotardos. Y la mediana no sabe vivir en pantalones. Con siete años se pinta las uñas que es para ponerle un negocio de manicura, revuelve mis cajones de bisutería (en mi caso baratísima porque no me gusta en demasía), se pinta con mi maquillaje, le flipa salir a la calle con los tacones de flamenca y adora disfrazarse de princesa. Hubo una época, felizmente superada, en la que se sentaba a cenar vestida de princesa con corona de plástico tipo Miss Castilla la Mancha incluida, pendientes, anillos y toda la parafernalia que pillaba. Vamos, una dignísima nieta de la mismísima Lady Mary de la serie Downton Abbey pero en versión tienda de los chinos (obviamente no tenemos tiaras de verdad en casa). Y pongo a la mismísima Simone de Beauvoir por testigo que eso jamás lo ha visto en esta, su santa familia. Quienes me conocen saben que no hay nada que me pueda parecer más tedioso y aburrido que ir de compras o hablar de moda de la que, por cierto, no tengo ni idea, es más tengo dificultades para discernir la pana del tergal. En definitiva, que no somos todas iguales y menos mal.

Estoy segura de que muchos padres que me lean estarán de acuerdo conmigo. ¿Hay excepciones? Claro. Yo misma soy una con respecto a las muñecas, que tampoco me gustaban, y no por ello me considero menos femenina ni tampoco con un cerebro no preparado para ejercer la maternidad. De hecho, la maternidad ha sido y será siempre para mí el hecho más transformador que personalmente me ha pasado. Criar a mis hijos, darles el pecho y dormir con ellos (a veces todavía lo hago), es de las cosas más placenteras que me han pasado en la vida y cuando han sido bebés, en lo último que he pensado es en ascender profesionalmente. Muchas somos conscientes, mucho, de hecho, de cómo cambia el cerebro después de ser madre. No lo digo yo, lo dice la ciencia. Aquí lo escribí hace tiempo.

Es más, si ahora se me presentase una oportunidad laboral que doblase lo que ganan las asesoras de Montero y ello implicara estar fuera de mi casa más de lo que ahora estoy, diría que no. Y eso no es brecha de género, son elecciones personales. Y es que, a pesar de lo que dice la señora Ministra, las mujeres hoy en España podemos y, lo que es mejor, sabemos elegir. Y algunas eligen una cosa y otras la contraria y en eso está el verdadero sentido de la libertad que es de lo que se trata de verdad el feminismo que ella tanto defiende y que, a veces, solo a veces, parece que ha inventado.

No somos iguales, es un hecho biológico. Es más, la propia Irene Montero, de la que nadie duda a estas alturas que es una firme defensora de la igualdad, es la que se lleva al trabajo a la hija pequeña que tiene con su pareja. Sí, cierto es, como ella ha dicho varias veces, que su hija toma el pecho. Pero no es menos cierto que la bebé (mientras sea bebé y algo más) prefiere el pecho de su mamá al de su papá. Por el olor, por el alimento, porque no tiene pelos (es un hecho que la naturaleza también ha tenido en cuenta y, francamente, qué detalle, oiga), en fin, porque una madre no es lo mismo que un padre. La verdad es que me siento mema después de escribir esta frase.

Fijémonos en la naturaleza, a la que tanto respetan y aman (lógico) desde el partido de la Ministra. ¿Han visto alguna vez ustedes al león cuidando al leoncito nada más nacer? ¿Al perro cuidando a los cachorros? ¿al gato a los gatitos? A mí no me miren, si quieren ustedes llamar machista a alguien se lo llaman a la naturaleza que es la que lo ha dispuesto así y, además, con todo lujo de detalles.

Yo, qué quieren que les diga: me supe agresiva y mamífera el día que me separaron de mi hija nada más nacer porque se tenía que ir a la UCI. No tuve más remedio que asumirlo pero mi naturaleza deseaba con todas mis fuerzas sacar a mi bebé de aquella incubadora y tener la posibilidad de abrazarla y protegerla con mi cuerpo. Irene Montero seguro que sabe de qué hablo porque ha pasado por algo similar, algo en lo que empaticé con ella y de manera muy profunda, por cierto. Probablemente lo hicimos desde una postura más empática las que hemos sido madres que las que no y probablemente más que los hombres. ¿Hace falta explicarlo? No, ciertamente.

Ejercer una autoridad sobre qué debe pensar una mujer, qué debe vender una empresa y cómo tiene que ejercer su mercadotecnia, me parece de un autoritarismo que hacía décadas que no teníamos en España. Por no mencionar que a mí estos nuevos planteamientos me parecen de lo más puritano habida cuenta de la edad que tienen quienes los ejercen. Vamos, que mis abuelas, que en paz descansen, tenían una visión del amor bastante más abierta que estas feministas de última generación. Y cuando digo amor, quiero decir cortejo y sexo. Es más, conocían muchísimo mejor a los hombres y no es que lo aprobasen, que tontas no eran, es que, desde el lugar que la sociedad les permitía actuar, lo hacían de una manera más práctica y, por tanto, más inteligente. Por ejemplo, como ellas también opinaban que no es no, antes de pasar por la vicaría (entonces era así) se llevaban al paseo y al baile a la carabina. La carabina de hoy es el Ministerio de Igualdad y los teléfonos que habilitan para que llames y te chives. Francamente, me parece muchísimo más barato, y sobre todo más eficaz, lo que hacían nuestras abuelas.

Sí, vivimos en un mundo en el que todavía perduran actitudes machistas. No se puede negar. Pero tampoco se puede negar que disfrutamos de máximos derechos y libertades. No somos tontas, ni lelas, ni nadie nos tiene que rescatar, muchísimo menos Irene Montero. Lo que sí le sugiero a la Ministra, ya que es ella la que puede hacerlo, es que presente iniciativas que nos faciliten una verdadera y larga baja por maternidad. Es decir, que no tengamos que dejar a un bebé lactante de cuatro meses en una guardería porque tenemos la baja maternal más baja de la UE. Que, por cierto, eso sí es hacer algo verdaderamente útil por la sociedad. La ciencia ha avalado cientos de veces las consecuencias negativas a nivel cognitivo tanto para la madre como para el bebé, el hecho de estar separados muchas horas. Por supuesto que dicha baja, si se amplía, deberá ser voluntaria. Vamos, que salgan de nuestras camas y se pongan a trabajar en lo que realmente importa.

Y hablando de camas. Tengo unos 15 años más que la ministra y me da en la nariz (suposición) que en mis tiempos éramos más liberales de lo que son ahora algunas. Sobre otras afirmaciones que hacen desde el Ministerio como que las mujeres fumamos por culpa del patriarcado le digo: las mujeres no fumamos y bebemos para parecernos a los hombres como una imposición del patriarcado. Semejante afirmación es un insulto a nuestras inteligencias. Quienes lo hacen es porque quieren y suelen dejar de hacerlo (solemos) a medida que el cuerpo empieza a decir: hasta aquí has llegado, guapa. Que todos los que somos padres sabemos qué significa una resaca con niños que atender a partir de las siete de la mañana. Máximo respeto, por favor.