Otoño y COVID-19 ¿Seguirán siendo las mujeres las más perjudicadas?

Los datos arrojan que, entre el total de los sanitarios españoles contagiados con SARS-CoV-2, un 76% son mujeres. También son mayoría las mujeres infectadas entre la población de mayor edad. Sin olvidar que la población femenina tiene más dificultades que la masculina a la hora de recuperar el empleo perdido.

La pandemia, un país en estado de alarma en casa durante meses y su consecuente impacto en la economía evidencian el enorme camino que aún falta por recorrer en cuestión de igualdad de género. Madres, abuelas, hermanas, novias, amigas; sanitarias, cuidadoras, maestras, policías, limpiadoras del hogar, amas de casa y resto de labores realizadas mayoritariamente por mujeres, que no hay espacio para nombrar una por una, todas son heroínas en esta crisis. Pase lo que pase, siguen resistiendo, pero ¿a qué coste? El confinamiento, la lucha en primera línea contra el virus y los efectos adversos en la economía provocados por la Covid-19 son algunas de las causas que hacen de las mujeres el rango poblacional más vulnerable. En septiembre, se sumará a estos factores la vuelta al cole de los más pequeños, un nuevo reto para las madres trabajadoras y, también, para las mujeres desempleadas.

En España la población mayor de cincuenta años es mayoritariamente femenina, justo en la franja de edad más vulnerable ante el coronavirus. Para este grupo, las consecuencias del paso de la enfermedad están siendo especialmente difíciles de superar. Aunque se observa una mayor letalidad en hombres que en mujeres que han contraído el virus, los efectos indirectos del aislamiento o el miedo a contagiarse son nefastos para ambos sexos. La ansiedad y la depresión son padecimientos psicológicos que han repuntado en los últimos meses en las personas de edad avanzada, y que se suman al deterioro cognitivo o la demencia que ya sufren algunos. El miedo a salir a la calle y no contar con la asistencia y rutinas que tenían antes de la implantación de las medidas de higiene y seguridad, les pasa factura.

Teniendo en cuenta que la población total infectada en nuestro país por coronavirus muestra una mayoría de contagios positivos en mujeres, al igual que sucede con los sanitarios infectados con SARS-CoV-2, y también las personas afectadas económicamente por el confinamiento, parece evidente que la Covid-19 ha expuesto la situación desigual de la mujer en la sociedad española. Sin olvidar que en primera línea de exposición a la enfermedad estaban los sanitarios, los asistentes de mayores y cuidadores domésticos de ancianos, todas profesiones con un alto porcentaje de presencia femenina. Las cifras confirman que un 76% de sanitarios mujeres han resultado contagiados por la Covid-19, frente a un 24% de contagios masculinos.

Según el FMI, la pérdida de puestos de empleo a nivel mundial afecta a un 54% de mujeres, aunque ellas solo suponen el 39% de los empleos activos. Esto sucede a pesar de que, según otro informe de la consultora McKinsey publicado en 2015, si la presencia de hombres y mujeres en el trabajo fuera más equilibrada, se agregarían 28 billones de dólares a la economía mundial para 2025. Son numerosos los estudios realizados en la última década confirmando que cumplir los objetivos en materia de igualdad de género aumenta significativamente la calidad de la fuerza de trabajo. Con la crisis del coronavirus, nuestro país no solo ha dejado de cumplir con este propósito, sino que se prevé un aumento exponencial de la brecha de género.

Dentro de esta catástrofe de la Covid-19, hay sectores laborales que se han contraído más que otros y en los que, además, las mujeres tienen una presencia numerosa, como el comercio minorista, el turismo o los eventos. En las profesiones del sector público, como las de cuidados sociales o en la educación, las mujeres ocupan la mayor parte de los puestos.

La vuelta a clases en septiembre supone una dificultad añadida, principalmente en la educación primaria y secundaria, donde las mujeres son de nuevo mayoría. Son también los niveles educativos en los que hay un trato más cercano con los alumnos, lo que hace que muchas de ellas perciban el centro de enseñanza como un espacio de riesgo.

Ha sido la población femenina, en términos generales, la que se ha visto más presionada para conciliar el teletrabajo junto con las labores del hogar. Son ellas las que en mayor proporción han tenido que ocuparse de las necesidades escolares, ocio y alimentación de la población más joven, recluida en casa durante los últimos 3 meses del curso 2019-2020.

Las desigualdades expuestas por la pandemia apuntan también hacia la economía sumergida, donde una gran parte de esos trabajadores sin protecciones sociales son mujeres. Se trata de empleadas de hogar, cuidadoras, limpiadoras, entre otras profesiones. Este tramo de población que no cotiza a la seguridad social y trabaja en condiciones laborales precarias, al pararse la economía y con las estrictas medidas de higiene y seguridad, no ha podido mantener un flujo constante de ingresos en sus hogares.

Vivimos un regreso de vacaciones sin precedentes, en el que no estamos del todo seguros de qué es lo que nos espera a nuestra vuelta, en contraste con las rutinas de años anteriores. Pero esa incertidumbre no debería seguir agravando el malestar de las mujeres. De todos depende reconocer las situaciones en las que ellas son las primeras perjudicadas y tratar de paliarlas.