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Las “malas” respuestas de Almeida y Vaquerizo

Qué más nos da a nosotros lo que piense si lo que nos gusta es que diga lo que nosotros queremos. Que para eso sabemos lo que está bien y lo que está mal sin ningún atisbo de duda. Tanta libertad de pensamiento y tanto rollo.

Una de las malas respuestas fue la de Almeida, alcalde de Madrid, que acudió al programa hace unos días. Una de las niñas le planteó el dilema de, debiendo donar dinero a una sola causa, si lo donaría a reconstruir Notre Damme o a replantar el Amazonas. Almeida contesta que lo donaría a Notre Dame. Los niños se echan las manos a la cabeza y no salen de su escandalizando asombro, en un sobreactuado momento de pasmo general.

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Anda revuelto el patio de colegio de las redes sociales. Otra vez. Y esta es a cuento de un programita emitido en una televisión autonómica del que ni siquiera estaríamos hablando si no fuera por esto. Se trata de un formato televisivo en el que un personaje famoso responde a las preguntas nada espontáneas de un montón de niños. Dos han sido las polémicas porque dos han sido las respuestas que no han gustado nada a la gente de bien. Así que se han dedicado a cacarear en internet, que es como se resuelven las cosas hoy en día: gritando muy fuerte y señalando con el dedo desde el confort doméstico.

Una de las malas respuestas fue la de Almeida, alcalde de Madrid, que acudió al programa hace unos días. Una de las niñas le planteó el dilema de, debiendo donar dinero a una sola causa, si lo donaría a reconstruir Notre Damme o a replantar el Amazonas. Almeida contesta que lo donaría a Notre Dame. Los niños se echan las manos a la cabeza y no salen de su escandalizando asombro, en un sobreactuado momento de pasmo general.

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A Mario Vaquerizo le plantean una batería de temas y él debe decir si le encantan o le dan igual: La política le da igual, el feminismo le da igual, el rap le encanta, hacer deporte le encanta.

Y se armó la de San Quintín. Porque tenían que haber contestado otra cosa.

Me parece fascinante la rapidez con la que la respuesta de Almeida se interpreta como que es negacionista del cambio climático y la de Vaquerizo como que no le importa que asesinen mujeres. Y ellos no han dicho eso, claro. Almeida ha dicho que si solo pudiera donar dinero a una causa de entre esas dos, elegiría una. Que, casualmente, es la que menos os gusta a vosotros, queridos activistas constantes que ahora os desveláis por la salud del Amazonas pero hasta ayer no erais capaces de situarlo en el mapa. Y Vaquerizo ha dicho que no le interesa el feminismo, no que le encante que asesinen mujeres de todas las maneras posibles. Es muy diferente. Pero ve tú y explícale a la señorita vociferante con camiseta lila del fondo que te puede interesar tirando a poco su feminismo, porque esa perversión del término que ella abandera no representa en absoluto la igualdad en derechos y deberes de hombres y mujeres, pero que por supuesto que estás a favor de esa igualdad. Que no conoces a nadie a favor de la desigualdad y la discriminación. Que es tan obvio que te da hasta vergüenza estar explicándoselo como si estuvieras hablando con un niño de cinco años. Que ese niño de cinco años ya lo habría entendido mientras ella te sigue espetando “o sea, que no te importa que maten mujeres”. Sí, exactamente eso. Pero déjame ya en paz, por favor.

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O explícale al señor de la camiseta verde de al lado que puedes lamentar sinceramente tanto la destrucción de Notre Dame como la del Amazonas, que sentir profundamente una tragedia no implica indiferencia absoluta ante la otra. Que lo que plantean es un falso dilema que no contempla una diversidad enorme de alternativas, en una simplificación indigna que solo sirve para poder señalar con el dedito mientras dice “Ajá” con una sonrojante superioridad moral autocomplaciente.

A lo mejor, puestos a ser claros, lo que tendrían que haber hecho era plantear la pregunta como realmente sonaba en sus cabezas (las de los guionistas, no las de los niños, que a saber lo que entienden ellos por “feminismo”, “ecologismo” o “libertad de expresión”). En el primer caso sería “Señor Almeida, si usted tuviera que donar dinero a una sola causa... ¿Qué elegiría? ¿Replantar el Amazonas o cargarse el planeta y a todos sus habitantes porque a usted no le importa nada el medio ambiente ni las personas en general?”. Y ahí Almeida, estoy casi segura, habría dicho que replantar el Amazonas. Y habría quedado como un rey. Porque qué más nos da a nosotros lo que piense si lo que nos gusta es que diga lo que nosotros queremos. Que para eso sabemos lo que está bien y lo que está mal sin ningún atisbo de duda. Tanta libertad de pensamiento y tanto rollo.

Y en el caso de Mario Vaquerizo, la pregunta sería si le encanta o le da igual que maten a mujeres, que nos roben los corruptos, esa mierda del rap o hacer deporte. Y listo. A ver quién es el guapo que nos lleva la contraria. ¡A nosotros!

Ante una pregunta tramposa, en realidad, solo cabría responder con una respuesta más tramposa aún. Almeida, ante un “si solo pudieras donar dinero a un sitio ¿A dónde lo donarías: a la catedral de Notre Dame o a replantar el Amazonas?” tendría que haberles contestado algo parecido a “lo destinaría a salvar de una muerte segura a cientos de niños famélicos en Somalia” y, utilizando la misma lógica que se ha utilizado en su contra, esa simplificación al máximo de “estás conmigo o estás contra mí”, ante el pasmo de los dirigidos infantes por su respuesta, podría responderles con un todavía más sorprendido y escandalizado, sobreactuado incluso, “O sea, que no os importa que mueran niños de hambre en algunos lugares del planeta, pequeños blanquitos privilegiados”.