Bonnie Tyler resucita en Barcelona

La artista, durante su actuación en la Ciudad Condal
La artista, durante su actuación en la Ciudad Condal

«¡Barcelona triunfant!», deberían remedar el patriótico estribillo del himno. La Ciudad Condal está que se rompe –y no por desmadres independentistas– ante un «revival» musical con mucho de nostalgia. Es como ese «¡Qué tiempo tan feliz!» de María Teresa Campos, que sigue emocionando en sus ejercicios casi gimnásticos sobre tacones de respeto. Con ellos sigue pisando fuerte. Resulta indiscutible, lo mismo recordando sin melancolía que dando repaso al caso de los niños robados donde recordó los magníficos documentos de un Jordi González que no falló con Julia Otero y Javier Cárdenas luciendo a Marta en esta noche magnificadora de la mejor Barcelona: el jueves se estrenó en el Teatro Principal de la ciudad el espectáculo «Surprised!», con purpurina dorada animando las aceras que conducen al antaño tenebroso Arco del Teatro, pórtico del barrio chino que tanto gustaba a Fellini y Dalí, con locales enigmáticos como La criolla o el Barcelona de Noche, donde triunfó un Pawlowsky convertido en diversión de la burguesía, siempre adicta a pasarlo bien en los bajos fondos.

Barcelona vuelve a ser actualidad con este nuevo espectáculo, cruce entre Lido y Las Vegas, con aires de revista –¡vaya vestuario y ejercicios en trapecio!– en la parte baja de las Ramblas. El público fue generoso en aplausos, ávido como el que antaño hacía cola en los exteriores de El Liceo para admirar a los que podían más. El de ahora mantenía la incertidumbre de quién sería la estrella sorpresa de esta «premiere», donde no faltó Alex Stilles, el mejor relaciones públicas que acredita lo bien que trabajan en Barna. Lo certificaron desde un Laporta, vecino de David Valldeperas, cerca del matrimonio Montse Folch-doctor Vila Rovira, aquel que jorobó más la antigua nariz de Belén Esteban, hoy afortunadamente restaurada tal la de la reina Nefertiti. Rosa Clará apenas se dejó ver, cansada de abrir tiendas en Bogotá; saludó a Dolly Fontana y dejó en sus manos a una colega colombiana y a su hijo Dani ligando. También estaban Víctor Sandoval junto a Carlos Caballero y María José Salañá, continuadora de la saga empresarial iniciada por el abuelo Pedro. Fueron artífices de una noche mágica, continuadora del impacto que dejó El Lío. Crearon escuela recuperando estilo de espectáculo con cena y un menú excepcional, a 90 euros por cabeza que permite elegir una tarrina de foie, arroz cremoso con trufa invernal y ensalada de langostinos con rúcula seguida de bacalao negro y cochinillo crujiente, todo rematado con café acompañado de caviar de brandy, una técnica de Ferran Adrià. Tan de rechupete como el tipazo que lució bajo atuendo naranja Eva Zaldívar «el otro sigue incordiando», contó –refiriéndose a Pepe Navarro– a un Chausson vestido de Napoleón, con corona de laurel incluida. Es el modisto de la ahora aplacada Mónica Naranjo y de Marta Sánchez, en plan complaciente y complacida. El joyero Rabat, con Rosa, siempre espigada y luciendo brillantes de pedida, reveló que monta otra joyería en el Paseo de Gràcia, que ya tiene copado con otras dos: «Me quedé con la casa en donde vivió y pintó Ramón Casas». La avenida barcelonesa ya desbanca a los parisinos Campos Elíseos como acaparadora de marcas. El broche de oro de la fiesta lo puso la septuagenaria Bonnie Tyler, que ni ensayó, e hizo vibrar con dos temas emblemáticos mientras Boy George debutó como DJ pinchando al mejor estilo de David Guetta. Aquello está imparable, por eso lo tildo de «triunfant» ante el Mobile World Congress, que desde hoy y encabezado por el Príncipe dejará en la ciudad 400 millones. Envidiable, ¡qué gozo para el alcalde Trías!