El arrepentimiento del padre de la Campanario

José con su hija, Mª. José Campanario

Aires de protesta en la serie estrella de los últimos años, «La que se avecina», esa especie de sainete moderno creado por José Luis Moreno y su sobrino Caballero, el feliz esposo de Vanessa Romero. Ha desaparecido el trío de viejas entrometidas, última interpretación de Emma Penella con Gemma Cuervo y Mariví Bilbao –«a quien últimamente se le iba la letra y repetíamos tomas; fue la primera en resolver el abandonar la serie», me cuentan–. Las demás se sienten ahora algo excluidas en esta nueva etapa, menos resultona que los cuatro años precedentes, a pesar de que sigan batiendo récords de audiencia. Porque la corrala y sus chismes funcionan siempre que estén bien hechos. Es una fórmula españolísima explotada en tiempos de Arniches, Vital Aza o un Alfonso Paso tan olvidado como el Nobel Benavente.

«Son cuatro guionistas varones y les cuesta menos escribir para hombres que pensar como una mujer», me dicen en un ¡ay! Cristina Medina y Eva Isanta, inefables vecinas, que tan pronto hacen maldades descacharrantes como seducen en plan «Coqui». Muy al aire de lo que veo en mi entorno –un ambiente tan trepador–, y no doy nombres porque mejor silenciar esas voces. Pero al final resultan ser una legión y no todas sobresalen, como Alejandra Rojas hizo con su traje a rayas en la fiesta Pullmantur, en la que impidieron montar la alfombra roja para no perturbar a los devotos del Jesús de Medinaceli. Lo más gracioso es que los fieles acabaron formando palcos para ver a las caras famosas. Resultó tan de comedia como las peripecias de la serie, en la que ya no encaja Fernando Tejero y el pescadero protestón empieza a resultar cargante.

La comidilla se centra estos días en la espectacular pulsera que luce Corinna en la portada de «¡Hola!» y apenas reparan en el reloj de 40.000 euros con dedicatoria incluida. ¿Quién se lo ofreció en tiempos de «bonanza amistosa»? Un secreto a descubrir, aunque resultan disparatados los tres millones que calculan vale el brazalete, algo impensable como no venga de algún jeque árabe agradecido por los servicios prestados por esta espectacular mujer, quien haría las delicias de una película de George Cukor. Al paso que va, calculo que acabará en «Sálvame Deluxe», como el pasado viernes hizo el padre de la Campanario. Ha comentado a sus íntimos que lamenta los diez años perdidos, «cuando podía estar forrado». A su esposa también la tentaron, pero es imposible contratarla a consecuencia de la condena. Si no, ahí estaría, aunque parecen adormecidas las aguas de la singular familia Ubrique, en la que Carmen Bazán es lo mejorcito del clan Ambiciones. Encandila con una ternura que en verdad esconde su insuperada timidez. Roba el corazón.

Lo que sí me extraña es la subasta de los Alba, porque aunque a la Duquesa lo que le gusta son las cornucopias, los muebles de alta época y los delicados biscuits, aún no entiendo que vaya a liquidar el que fuera el baño de su madre.