Historia

Fran Rivera pierde frente a Charo Vega

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La historia y la poca cabeza se repiten. Ya habían opinado todos cuando hace un año, a raíz de unas declaraciones jocosas a Jorge Javier Vázquez, Charo, nieta de la gran Pastora Imperio –la que, según Rocío Jurado: «No tenía edad, igual que la Giralda mora»– habló de cómo el mayor de Carmen Ordóñez, su íntima, había tenido relaciones íntimas con Lolita. No chocó aquella manifestación porque era tan secreto a voces como lo del «maestrito» –que así lo llaman aún retirado– con una más que madura sevillana en otro clamor bético aplaudido a pie de la Giralda que los protegió en cierta, pero paseada, clandestinidad. De ahí el adiós de la duquesa de Montoro que, de golpe y porrazo –que lo hubo–, le quitó la Grandeza de España y la admiración de mamá Cayetana que aún ahora se relamía tras otra sentencia judicial: la que mantiene la patria potestad de su nieta Cayetanita en privilegio paterno, «al menos hasta la mayoría de edad». Fue un golpe justiciero que Fran acusó, creyendo que los jueces pasarían por alto ciertos derechos ante lo que declaró la mimada niña queriendo «vivir con mi padre». Tal fallo ya provocó el regocijo en la Duquesa al que ahora se une, en anticipada feria abrileña, esta nueva resolución fallando a favor de Charo Vega por contar lo que todos sabían. Le pedía 60.000 euros por el honor dañado, mientras Lolita, supuestamente ofendida o más perjudicada, no dijo ni mú. Quien calla otorga, ya se sabe, y fue consciente de que era mejor no meneallo, lo que algunos consideraron como un parodia amorosa evocando que «el maestrito» repetía las famosas faenas paternas que ya habían lidiado en esa misma plaza cuando Carmen dejó a Paquirri.

Tal vez parecía un argumento de uno de esos culebrones hispanoamericanos que ya explotan nuestras cadenas durante las 24 horas. Puede ser una buena escapatoria ante el anunciado y prolongado descanso que tomará «La que se avecina», quizá buscando un repuesto que cubra la baja voluntaria de Antonia San Juan, que, como anunciamos semanas atrás, se quita el disfraz hilarante de Estela Reynolds para volver al teatro de mayor fuste y responsabilidad.Ella venía sosteniendo la hilaridad de este sainete tan español buen continuador de lo que en tiempos inició –con unas espléndidas Gemma Cuevo, Emma Penella y Mariví Bilbao en trío insuperable– «Aquí no hay quien viva». Hablo con Pastora Vega y la felicito doblemente por ganarle a quien consideraba como a un hijo. Fran siempre la llamaba «tía Charo» –como García es su «tío José María»– y a Lapique «la tía Cary», a quien también se la jugó con Carla Goyanes, soltera e ilusionada.

La hija de Lolita, Triana, acaba de hacerla abuela de una niña que llamarán «Rosario como mamá, su bisabuela». La primera desmiente que hable de Fran en sus próximas memorias –que pueden equipararse a las de Alfredo Fraile exhumando los muchos muertos que Julio Iglesias tiene tras de sí–, en las que también dará repaso de un tiempo mejor. «Aunque va diciendo lo contrario, sólo hablo de Fran como hijo de Carmen y Francisco», cuenta, y puede montarse, porque Charo se las canta al lucero del alba y cuenta lo que sabe a escondidas. Acaso descubra con cuántos años reales y no deformados debutó Rocío Jurado en «El duende», entonces gran tablao; los amoríos de Lola; los amamoramientos de Lolita, y que a quien amó de veras fue a el entonces frecuentador conde de Quintanilla, «lo más» de aquel Madrid galante y jaleador donde el marqués de Villaverde impactaba y rompía otros corazones que el de CarmenFranco.