Gloria Camila gusta más que Chabelita

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Resultó óptimo, inédito y acaso irrepetible el doble debut madrileño de Gloria Camila y Chabelita. El destino juega estas pasadas y por eso reunió, aunque no juntó, a las que la Prensa apoda como «las herederas». Aportan savia nueva y fuerza juvenil a unos desgastados cánones folclóricos que ya huelen. Bienvenidas sean en esta aunténtica «puesta de largo», con mayor realce en la colombiana prohijada por Rocío, de melena tan abundante como la de su antagonista, la hija de Isabel Pantoja. Todo las acerca y las asemeja: desde su origen hispanoamericano a las vicisitudes familiares que viven o padecen: Gloria ha visto la encarcelación de su padre, Ortega Cano, «que no recibe ningún trato de favor en la prisión», me asegura su hermana Mari Carmen, mientras Chabelita tiembla porque quizá alarguen la condena de su madre a tres años. Supondría igualmente cárcel, algo no previsto hasta ahora. Y es que antes, el expolio marbellero parecía «Las mil y una noches» con una Sherezade encantadora. Unas horas distanciaron la presentación social de ambas jóvenes. Para la niña de Rocío fue un auténtico ringorrango recibir el «Bombín» castizo, mantenido por el combativo Álvaro Luis. Esperanza Aguirre apareció en los premios con un aire «british» y pasota. Compartió espacio junto con su delfín, Ignacio González, el ganadero Vitorino y la estupenda Vanessa Robledo, que se mantiene en «La que se avecina», donde Antonia San Juan causa baja bien lamentable porque se los comía a todos con su histriónica Estela Reynolds. Jorge Valdano hizo una de sus escasas apariciones, igual que Julia Otero, realzada en gasas negras y compartiendo momento con la reprobada galanura de Carlos Hipólito y Arturo Fernández. El Bombín le venía pequeño y probaron con otros disponibles. Una misión imposible repasada por una Gloria tutelada por Marina, la mujer que la crió en «Yerbabuena» como Dulce hizo con Chabelita en «Cantora», ahora contemplada por la recién estrenada mamá como una cárcel «donde ni podías salir cuando querías». De ahí su traslado a Sanlúcar con su suegra, a la que prefiere «porque mi madre es intransigente y muy mandona». No calló nada la «Pantojita» ansiosa de aire y libertad, en el evento de presentación de su imagen de la «dieta de la alcachofa». Comentó que quiere montar una tienda de ropa, la cual «diseñaré, necesito dinero». Menos acuciada anda Gloria Camila, que, curiosamente, aparte de lo subrayado también comparte con la otra la moda de llevar incrustado en la nariz un brillantito. Punto positivo para la hija de Ortega al afirmar que «quiero acabar mis estudios». Es disciplinada, discreta y prudente, y casi se resistió para posar con el presidente comunitario creyendo que la rechazaría. No se pasa ni excede, al contrario que Chabelita, que dio muchos titulares. Si Gloria mostró esperanza ante el futuro de su padre, «Isabelita» soltó lo suyo en esta batalla de hijas famosas:no aclaró si con el embarazo engordó 22 o sólo 10 kilos hasta llegar a 60, si tiene contacto sólo telefónico con su madre, si bautizará a su hijo en julio o agosto y si amadrinará Dulce al bebé. Contó que Isabel no le pasa 500 euros para sus gastos y que «con Alberto ya se lleva tras muchas resistencias. Ve que es un buen padre y que se desvive con el niño». Insistió en que, con cárcel o libre, siempre «estaré al lado de mi madre». Desde luego, la presentación le sirvió como válvula de escape, buena prueba de que se siente liberada. Hay algunos cariños que matan.