La Campos y Terelu volverán a vivir juntas

Imagen de archivo de Maria Teresa Campos y Terelu Campos
Imagen de archivo de Maria Teresa Campos y Terelu Campos

Emoción y conmoción; eso provocó el anuncio de que Terelu Campos deja la tele. Calculan que sólo de manera provisional, aunque algunos sostienen que todo puede estar basado en la creencia de que perjudica su imagen publicitaria. Al enterarme le pregunté si es que el mal se había reproducido: «No, gracias a Dios, aunque mantengo una medicación que durará años», algo que también asustó a su madre. La Campos pone a la venta su imponente mansión, grande incluso para los doscientos pares de zapatos que sabe perfectamente dónde están. Se acerca a Madrid –ahora está a unos 40 minutos en coche– y ha comprado cerca del tríplex que su hija mayor acaba de adquirir en el mismo edificio donde vive el ex suegro de Lydia Bosch. Costaba un millón, o tal me aseguran, y se lo dejaron a precio de ganga. Pero está haciendo importantes reformas para que sea más amplio y cómodo. La Campos abandona lo que era el escenario de sus semanales partidas de cartas con seis compañeras en las que, incluso, deja fumar. Ya tiene las llaves y se ilusiona con tener más cerca a su hija mayor y así servirle de apoyo –aunque la niña es muy suya, ya saben– e instalarse a tan sólo diez kilómetros de la capital. Lara Dibildos será otra del vecindario, que abunda en gente amiga y popular. Así mantendrá el «Qué tiempo tan feliz» con su director Yusan Acha, reavivando viejas llamas admiradoras de ese tiempo pasado que sin duda fue mejor. Lo comentaba ante el nuevo disco de Juan Peña, mientras «Telva» repartía sus premios de belleza en un Palace que cambia de dirección: tras ocho años aquí, compartidos con su mujer –la animosa Alicia Romay–, mandan a Mark Lannoy al «Excelso» romano de Vía Veneto. Aún se añora al dúo José Bergés, uno de sus directores más carismáticos, y Carmen Castro, la que fuese en otro tiempo su portavoz. Ambos revivieron los fastos del hotel creado por Alfonso XIII para darle a Madrid algo de categoría. Bajo su imponente cúpula impuso estilazo Briandra Fitz James, hija de Jacobo Fizt James –más conocido por Siruela, nombre de la editorial que posee– y María Eugenia Fernández de Castro.

Biandra irradió chic desenvuelto en los premios Telva, aunque fuese de marrón personalísimo, mientras que Juncal Rivero –que sigue con su color de pelo platino al estilo nórdico– y Mar Flores parecían «Las Golondrinas» de las hermanas Padilla, pero esta vez cantada por Meller y Saritísima. Mostraron un anticipo de la lejana primavera bajo jersey marinero rayado y pantalones campana en georgette rosa. Produjo escalofríos en Lilia, la que pudo ser nueva esposa de Palomo Linares, la elegancia importada por la también venezolana Fabiola Martínez. La esposa de Bertín me enseñó fotos de su hijo Kiko, que ayer cumplió siete años. Parece milagroso «y nos aseguraron que sólo duraría dos, pues ya lo ves». Fabiola estaba imponente con el pelo recogido en una trenza que impactó a Rosalía Cogollo –directora de comunicación en Shiseido– y Erik Yerno –el relaciones públicas de Réplica–, quienes me preguntaron por Rafa Amargo y el diseñador francés Estephane Rolland; así que les detallé lo que Barcelona cuenta de sus entradas y salidas con el bailarín zapateador. Olivia de Borbón lució melena ondulada al estilo Kim Basinger obra de Alberto Cerdán, quien habló con Carmen Navarro, mientras que Beatriz de Orleans alabó el lujo que alimenta en su libro. Y lo hizo con Carmen Lomana vestida en franela gris bordada en azabache, porque enero se despidió de manera «ateridora».