La farándula que rendía pleitesía a Franco

La semana en la que se ha confirmado la exhumación del Valle de los Caídos, la razón recuerda a los famosos que estaban al lado del dictador.

La semana en la que se ha confirmado la exhumación del Valle de los Caídos, la razón recuerda a los famosos que estaban al lado del dictador.

Cuántos franquistas quedan todavía en esta España que ven sin acabar de creerlo el inminente traslado de los restos de Franco desde el Valle de los Caídos que siendo caudillo erigió para acoger a todas las víctimas de la contienda. Es la pregunta del momento intentando descubrir qué queda del Régimen que duró cuarenta años. ¿Siguen fiel a la memoria, se han hecho socialistas o, por el contrario, se hastiaron y no militan limitándose a seguir tirando? En un momento así, de trascendencia y claroscuros nada victoriosos, el caso sirve para remover posturas, la mayoría bien colocadas en la sociedad actual. Como recuerdo, testimonio y también homenaje, deseo hoy recordar desde estas páginas nombres sobresalientes de aquellos años. Tengo que empezar con nuestro internacional Julio Iglesias, ahora decaído en su éxito. Era firme en sus convicciones políticas, aunque luego, viviendo en Miami, tal postura la callaba pensando en la audiencia que estaba a 5.000 kilómetros. Nunca lo hubiesen imaginado, pero Julio no se rindió, bien aleccionado siempre por su padre, el doctor Iglesias, a quien solamente le faltaba cantar el «Cara al sol» nada más despertarse. Era de lo más marcial menos al prendarse de alguna que otra belleza, algo que mantuvo como costumbre hasta su muerte a poco de casarse con una excitante negra caribeña. La boda supuso un gran disgusto para los hermanos Iglesias. Julio sufrió especialmente porque adoraba a «papuchi», mientras Carlos era el preferido de Charo de la Cueva. Fue un gran vivo y ganó mas que Julito.

Radiante y rejuvenecida

Nada que ver el Madrid y sus gentes actuales, que ya apenas disfrutan de festejos sociales. Ágatha Ruiz de la Prada anteayer presentó una muestra de su nueva colección que sorprende como en todas las suyas. Vimos enormes túnicas saliendo del cuello y derrochando tela. Ampulosas, cómodas y muy femeninas, según reconoció el personal, casi todo señoras, que pasmaron al ver cómo diez modelos anónimas muy mayores, de ochenta años, ocupaban la pasarela mostrando muslo bajo los negros bañadores que abrieron la muestra. Ágatha llegaba de Bolonia y seguía para el sur. Está imparablemente rejuvenecida. Nada envejece y aburre más que un amor apoltronado, ¡ojito con acomodarse! Sirvan de muestra y reflejo de que cualquier tiempo pasado no fue mejor.

Nunca lo hizo el doctor Iglesias Puga, que siempre mantuvo genio y figura. A veces desaparecía unas semanas, vivía su vida y desesperaba a sus hijos más que intranquilos después de los diecinueve días que duró su secuestro por ETA, que pedía seis millones de pesetas, de las de entonces, para devolverlo. Lo comentamos entre pase y pase igual que la lealtad de muchos al caudillo invicto. E

ntonces nadie se retraía ni escondía sus preferencias. Muchos con una insignia de solapa o bien llevando incluso ahora una pulsera de muñeca con la rojigualda. En eso brillaron Carlos Larrañaga, Isabel Garcés, Natalia Figueroa y Raphael, ídolo de la esposa de Franco, Alfonso de Borbón incluso al salir de la familia, Salva Ballesta –que llevaba un «¡Arriba España»! bordado en las botas–, José Padilla, Cary Lapique y los suyos, la Lomana, que presume de haberlos conocido en Oviedo, tierra de doña Carmen Polo, Rocío Jurado, ya no digamos mi añorada Nati Mistral, que saludaba brazo en alto y siempre actuaba igual que la acomodaticia Concha Velasco, que entonces se entendía con un primo de José Antonio al que luego cambió por el mucho más joven y atractivo Juan Diego, el amor nunca conoce colores y ciega.

Trajes de fiesta

En la recepción que montaban en El Pardo cada 18 de julio, Manuel Pertegaz, genio incontestable de la costura española, vistió mucho a «la caudilla», que «pagaba religiosamente», repetía... Lo mismo me dijo el también famoso modisto Pedro Rodríguez, que habitualmente le diseñaba en Barcelona recargados trajes de fiesta por lo general con mucha pedrería. «Venía a recogerlos y a abonarlos gente de Zarzuela», comentaba. Por su parte, la exquisita Pitita Ridruejo tenía fotos del general repartidas por todo su casoplón de la plaza de la Marina Española aplaudida por Julio Ayesa. Y qué decir de mi entrañable Antonio Olano, gran amigo de los Villaverde; y también Pedro Carrasco los admiraba, al igual que Lola Flores y Juanita Reina.

Coqueteos más allá de la derecha

Nada tienen que ver con el franquismo, pero varios son los toreros que en los últimos años han mostrado su simpatía por una ideología más allá de la derecha moderada. Fran Rivera es uno de ellos, como quedó reflejado en su tuit de apoyo a Vox tras los últimos resultados electorales. También José Padilla, a quien se la jugaron al término de una faena al lanzarle una bandera franquista con la que sin darse cuenta dio la vuelta al ruedo. Lo mismo que el futbolista Javier Arizmendi, que tras la victoria de la Selección española en los Juegos del Mediterráneo de 2005 en Almería se cubrió acaso involuntariamente con la bandera del águila.