Cuqui Fierro: «MI padre nació en un pesebre»

A Cuqui Fierro de Torrontegui no le gusta alardear de generosidad. Pero basta darse un garbeo por el Rastrillo de Nuevo Futuro y preguntar por ella para descubrir que detrás de su silencio se esconde una ayuda impagable para sacar adelante los 126 hogares para menores en riesgo de exclusión de que dispone la asociación. En esta ocasión se presentó en el pabellón de la Pipa con un cheque de 8.000 euros, una furgoneta, unos sobres que iba repartiendo en los puestos de sus amigas y un carro para llenar de compras. ¿Quién da más? «Es la que más compra en el Rastrillo, se merece todos los homenajes», señala una tendera. «Y la que más dona», apunta su compañera. No en vano, Cuqui, heredera de uno de los imperios empresariales de nuestro país, fue, hace 45 años, una de las fundadoras de este mercadillo solidario junto con Menchu Herrero. «Los inicios fueron geniales, en un garaje. Como yo era novia del hijo del dueño de Galerías Preciados, me regalaron muchísimas cacerolas, y lo vendimos todo. Éramos jóvenes y atraíamos a los señores». Aquel compromiso se ha mantenido hasta hoy, no sin algún que otro percance en casa. «Un día fui al cajón del armario de mi marido, que en paz descanse, y le cogí unas corbatas, porque estaba segura de que iba a conseguir una pasta con ellas. Cuando las estaba vendiendo, apareció por la puerta del Rastrillo y se las arrebató a un señor que estaba con la corbata pagada en la mano: ''¡Que es mía!". Pasé una vergüenza tremenda, pero se le pasó».

Cuqui no tiene título alguno. Tampoco lo necesita. «Conozco a muchas aristócratas que son encantadoras, pero otras te miran por encima del hombro porque a tu abuelo no le mató con una lanza el Cid Campeador. ¡Oye guapa! Que mi padre salió de la nada y luchó para lograr todo lo que consiguió», comenta Fierro sobre su progenitor, don Ildefonso, del que subraya cómo «siempre nos enseñó a ser humildes en el terreno, no en vano nació en un pesebre, como Jesús. Recuerdo que cuando era pequeña, hubo un año en el que hizo tanto frío en Madrid que se caían hasta las tejas. Mi padre no dudó en alquilar una furgoneta, llenarla de mantas para repartirlas por Vallecas. Nos llevó con él». Desde entonces, Cuqui hizo suyo un lema: «Hay personas que rezando hacen mucho y otras, tapando agujeros, como es mi caso. No admito que me hagan la pelota, tampoco quiero que se sepa mucho lo que hago por los demás, con que lo sepa el de arriba me vale».

Desde que su hijo José Manuel falleciera en abril de 2012, ha desaparecido prácticamente de la vida pública. «No me apetece hacer fiestas grandes. He pasado una racha muy mala, los dos primeros meses lo viví con valentía, pero luego caí en picado, no me apetecía ni salir ni entrar». Sin embargo, a la cita solidaria no quería faltar, un paso adelante que le está animando a una nueva «reentré» social: «Hagas lo que hagas, nadie va a estar conforme. Eso ha hecho que a estas alturas de mi vida, pase de todo y haga lo que considere adecuado a mi manera. Sé perfectamente dónde está el bien y el mal, lo que me conviene y lo que no. La crítica y el recochineo que se trae mucha gente no me va. Por eso soy una mujer independiente, pero no de ahora. Recuerdo cuando era joven y cada vez que llevaba a un hombre a mi barrera de los toros ya decían que era mi novio». Por eso ahora, cuando se especula sobre su relación con el nadador David Meca, que, además de amigo, es su asistente personal, lo tiene claro: «Que digan lo que quieran, que murmuren». Navieras, fósforos, tabaco, bancos, aseguradoras, minería, petróleo, construcción, automovilismo... Los Fierro han tocado todos los palos del entramado empresarial y vivieron en primera persona el exilio de los Borbón en Portugal. «Siempre hemos estado unidos a los Franco y a los Reyes, hay que tener amigos en todos los sitios. Asistí a la pedida de mano y a la boda de Doña Pilar. Con el entonces Príncipe montaba a caballo. Más tarde, mi marido y yo le invitábamos a ostras en las cacerías. El Rey decía entonces: "Oye, esto es un lujo"». Esta cercanía hace que se sienta orgullosa de la Familia Real: "No hay derecho a los ataques que están recibiendo».

A pesar de su fortuna, la familia de Cuqui han permanecido alejada de disputas por la herencia a la manera de los Vega Sicilia. «Soy ave de paz mientras no me ataquen. Ten en cuenta que alguno de mis hermanos llegó a tener diez hijos, pero no hemos tenido ningún incidente grave. En general hemos sido una familia grande, muy unida, pero poco escandalosa». Aunque no le ha afectado la crisis, se muestra cauta con los gastos –«tengo varios asesores que me llevan todo muy bien»– y ha decidido desprenderse de una de sus propiedades más queridas en Portugal: «Hay quien dice que es un palacio, pero sólo es una casa grande. Ahora me gusta moverme menos de Madrid y tener abierta la casa con todos los empleados supone mucho».