Libros

Juan José Alonso Millán: «Mi leyenda de mujeriego es un poco falsa»

Dramaturgo

Fue Conrado Blanco, del teatro Lara, quien le dijo: «Si escribe una comedia con pocos decorados y poco actores, yo se la estreno». Juan José Alonso Millán, que entonces escribía artículos en «Don José», le entregó «Las señoras primero», Conrado se la estrenó y fue un éxito relativo. La gente se reía, eso sí. Entonces, Juanjo dejó a un lado su primera vocación, la dirección, y se dedicó a escribir, «porque me pareció más divertido y se trabajaba menos». En un principio, sus referentes fueron Valle-Inclán y Jardiel Poncela. Después, Miguel Mihura acaparó toda su admiración. Hoy no admira a nadie, «porque hay crisis de autores; el director es la estrella, el que manda: hace con las comedias lo que quiere; por eso recurre tanto a autores extranjeros o muertos, que no se cabrean y puede hacer con ellos lo que le dé la gana. Hoy, los directores son los grandes tiranos».

–En sus largos paseos nocturnos por la Gran Vía, Fernán Gómez le confesaba sus ansias por ser dramaturgo...

–Sí, y no por la gloria literaria, sino por los derechos de autor y lo poco que había que trabajar. Pero en mis mejores tiempos vivíamos del teatro sólo unos siete autores; ahora no creo que sean ni cinco.

–Perdone, pero usted tendía a la vagancia...

–Siempre he sido un hedonista. Me ha gustado divertirme. Ambicionaba vivir bien, y lo conseguí. He tenido éxitos, he conocido a personas extraordinarias, he vivido rodeado de mujeres hermosas... He sido un vago que ha trabajado mucho: he escrito unas 80 comedias y multitud de guiones. Pero, sí, he conocido el lujo y el frenesí, sobre todo el frenesí.

Ha tenido, y tiene, facilidad para escribir y hacer reír, dice. Su primer gran éxito, «El cianuro, ¿solo o con leche?», cumple ahora 50 años. Se va a reponer y desea contar con Analía Gadé, una actriz a la que quiere como a una hermana. Su universidad fueron los cafés, el Gijón y el Comercial. Allí escuchaba a Camilo José Cela, Eugenio Montes (luego le compraría su casa), Fernán Gómez, Rafael Azcona, Ignacio Aldecoa, Jesús Fernández Santos... «Cuatro horas con un café con leche y un vaso de agua, generalmente invitado; fumaba, y tenía que ir a comprar cigarrillos sueltos, tres o cuatro, a la Gran Vía; siempre andaba canino».

–Llegó el éxito y yo le veía salir del café Gijón en su coche descapotable, con mujeres guapas, rumbo a Biarritz...

–Buscaba sitios cómodos para escribir, y Biarritz era cómodo: buena comida, cine que aquí no se veía, y ruleta. Era el lujo y el frenesí. Me gustaba mucho el juego, pero le perdí afición porque tuve la suerte de no ganar. Si ganas, estás perdido, no te desenganchas nunca. Pero yo perdía. Y como luego fui presidente de la Sociedad General de Autores, estaba feo que el presidente jugara, así que lo dejé.

–Ahí queda su leyenda de mujeriego...

–Es un poco falsa. Yo empecé en esto porque me gustaban las mujeres: hacía comedias para mujeres guapas y películas para mujeres guapas. Me ha gustado más rodearme de hermosas mujeres que acostarme con ellas, entre otras cosas, porque acostarse siempre era más difícil que invitarlas a una copa. Si el teatro fuera cosa de hombres, yo nunca me habría dedicado al teatro.

Debería ser un autor rico, pero dice que no lo es: «Lo que se gana con facilidad, se va con facilidad; nunca me importó el dinero, sí vivir muy bien». No es muy dado a las entrevistas: «No tengo muchas cosas que contar; soy un señor vulgar con gustos vulgares; no poseo una vasta cultura ni leo mucho; me maravillan mis colegas en las entrevistas, me quedo patidifuso por lo mucho que saben de todo; nunca he sido un intelectual; sólo puedo decir que me gustan las mujeres guapas». Ahora acaba de estrenar «Fiambres variados», producida por Luis Muñoz. Y prepara para Pepe Frade una serie de TV. Pese a que nunca hizo deporte y se cuidó más bien poco, no ha notado mucho el paso del tiempo, dice. Dejó de fumar hace más de 20 años y de beber hace 10. «Y como la noche larga no se aguanta con Coca-Cola, también dejé la noche».

–¿Qué le gusta recordar del pasado?

–Tengo mala memoria y no soy nostálgico, ni trágico, ni le tengo miedo a la muerte. Soy un tipo divertido, cómodo, al que se puede invitar a cenar.

Vive el presente como siempre lo ha hecho: escribiendo y gozando, rodeado de mujeres guapas, charlando con quien le apetece. «Ahora me escuchan a mí como yo escuchaba antes en el Gijón». Se queja un poco de las rodillas; «ando con miedo a caerme, lo demás, bien». Cree que envejece aceptablemente: «Lo peor es el deterioro, pero no pienso mucho en ello». Es optimista y se morirá siendo optimista, «nunca seré un amargado». El futuro no le preocupa: «No hago grandes planes; sé que no me queda mucho; lo principal es que me siguen pidiendo comedias».