La pasarela Cibeles se pone mística en su primer día

La Fashion Week Madrid arranca con deseos de dar esquinazo a la crisis, pero con apuestas prácticas y optimistas como las de Ana Locking, Juanjo Oliva y los Ailanto

La Fashion Week Madrid arranca con deseos de dar esquinazo a la crisis, pero con apuestas prácticas y optimistas como las de Ana Locking, Juanjo Oliva y los Ailanto

Cuando a uno le hablan por primera vez de los místicos es inevitable visualizar a Bernini y dibujar una Santa Teresa fuera de sí, cercana al cielo y alejada de lo mundano. Nada más lejos de la realidad. Ni ella ni Juan de la Cruz tenían visiones. Es más, eran los primeros en denunciar la falsa religiosidad de las apariciones facilonas y los estigmas que se quitan con agua caliente. De hecho, la de Ávila nunca tomaba una decisión si no la oraba primero y después la consultaba con un tercero. Si uno se contradecía al otro, no fundaba, esperaba para actuar. Así era de práctica, tanto como para toparse a Dios en los pucheros. Pues bien, Ana Locking busca la mística de la moda en el algodón y hace del don creativo una apuesta comercial. Ella también es creyente, pero a su manera: cree en lo que hace, algo que se vende caro. Pero no se endiosa. Tiene fe en su proyecto, aunque no lo hace de una manera irracional, sectaria. Hace de la moda su vida, pero no su teología. Fue ella la que puso la trascendencia sobre la mesa del taller cuando se puso a pensar en la colección que ayer presentó en la primera jornada de la Mercedes Benz Fashion Week Madrid –nombre oficial de la Cibeles que usted y yo conocemos–. Un billete de un dólar la llevó a pensar primero en la contradicción de unir el «cash» con lo divino –dos términos lomanistas, por otra parte–. De ahí saltó a dibujar una pirámide con tres vértices entre los que se mueve el hombre: las aspiraciones materiales, lo trascendente y el sentido común. Reglas básicas que deberían anotar sus compañeros de pasarela para hacer viable un negocio, el de la moda, que se ha cobrado unas cuantas víctimas de la mano de la crisis. ¿El penúltimo? David Delfín, el gran ausente de esta edición.

Experimentos y piezas icónicas

Ella, que aspira a vivir en un triángulo equilátero, impregnó de geometría una colección que saltaba de lo abstracto a lo material, mezclando tejidos delicados con otros de lo más callejero con un resultado impecable. Así, se trajo de París un tweed hecho en rafia de la misma casa que vende a Chanel para combinarlo con un algodón chandalero. O las pailletes de georgette de seda con el punto de algodón. También echó mano de tonos flúor con lamé dorado que lucía tanto en las chaquetas como en los shorts para ellas y ellos. Siempre irónica, en sus estampados digitales se dejaban ver imágenes de unos templos masones de Philadelphia y Washington. También demostró estar a la última con sus complementos. Sólo ella podía ser la primera diseñadora española en elaborar complementos fundidos en metal a partir de la bisutería 3D. Otro, con un experimento místico de tal calibre, podría haber acabado como el rosario de la aurora. Pero ella logra una colección comercial, incluidos los bañadores de súper heroinas. Ella también lo es. «Mi sueño es el sueño americano», explica ahora que ha dado una vez más esquinazo a la recesión. No quiere ser presidenta, sino dar el salto al Atlántico. De momento ya ha entrado con unas ventas prometedoras en Los Ángeles, «mi pequeño camino de baldosas amarillas; si sale adelante será un momentazo», deja caer.

Esta mirada ilusionante sin dejar de tocar el suelo la tienen también Juanjo Oliva y Juan Duyos, que respiran asimismo algo más aliviados que hace un año. Oliva, contagiado por su línea Elogy que vende en El Corte Inglés y que ahora amplía con colección de bolsos, se ha lanzado al «street style». «Tener a El Corte Inglés nos ha ayudado a llevar una vida más calmada», confiesa sobre la alianza empresa-creador que ha resucitado a Josep Font y Carmen March. A él le ha dado más seguridad. La prueba es que, justo cuando cumple diez años como firma, muestra una colección firme donde llevar su concepto femenino a lo casual. Como pieza icónica para entenderlo, una bómber con estampados impresionistas en organza de seda. A partir de ahí juega con las rayas en blanco y negro, acierta con un rojo-naranja para los cuerpos en cuero y mima las piezas de neopreno. Duyos, algo más sobrio en su puesta en escena –salvo la aparición de Nieves Álvarez para pasear un diseño solidario contra el cáncer– quiso ser eficaz, sin riesgos fiel a sus pantones delicados –de los tonos aguas a los terrosos–, a la fluidez en sus cortes y tejidos. «He querido dejarme de experimentos de mercado y me he centrado en la costura, en el trato con la clienta, bajar a la realidad», explica Duyos. ¿Su mayor acierto? Los paillettes cuadrados sobre muselina.

Los hermanos Ailanto lo hicieron al cambiar de personal en su tienda de Madrid y han triplicado sus ventas. Porque los diseñadores vascos presentan, como ayer, colecciones apetecibles, de las de picoteo en las compras. Con sus estampados viajaron a Brasil y transformaron prendas eminentemente de invierno, como los abrigos, en apetecibles piezas de primavera que no pesan. Especialmente interesantes los tejidos rugosos tridimensionales y los «print» de claveles.

En esa línea también cosen Victorio & Lucchino. O descosen en su apuesta por una trasparencia que va opacando la figura de la mujer, donde dejan tejidos al biés e hilos que atraviesan de norte a sur la silueta. Nada de volantes, pero sí mucha gasa. «Y todo ''made in Spain'', para abrirnos a un mercado internacional que tenemos por conquistar», avanza José Víctor, la mitad del dúo. Ellos tienen callo y saben lo que se dicen, como Roberto Torretta, que en su vista atrás a sus 30 años desfilando rescata la sensualidad de los vestidos de noche que tanto bien le han hecho y del cuero que tanto ha vendido.

Así, tras la criba financiera que ha atravesado la Fashion Week Madrid puede mirar sin temor hacia adelante, aunque a veces cueste dar un paso al frente, como le ocurrió a alguna de las modelos de Roberto Verino. Un traspiés aislado para una apuesta que recibió un aplauso de la grada en sus propuestas en negro y estampados para la noche. «España tiene futuro», confía Verino. Toca tener fe. Al menos, como la de Ana Locking.

El detalle

Kortajarena, diez años pisando fuerte

En maquillaje le recordaban ayer cómo se emocionaron su madre y su abuela cuando la vieron por primera vez en televisión desfilando. Fue justo hace diez años. Jon Kortajarena pisaba por primera vez una pasarela. Y lo hacía de la mano de uno de los diseñadores de referencia de nuestro país: Roberto Verino. Ayer repitió la experiencia. Ovación del público en cada una de sus salidas. «Le tengo un cariño muy especial, siempre ha demostrado tener mucho nivel», comenta Jon a LA RAZÓN. «Su carrera es el ejemplo de cómo hay que dar pasos hacia adelante, poco a poco, pero con firmeza. Y está sólo al principio de todo lo que le queda por hacer», le devuelve el piropo Verino.

Lleno institucional en la primera fila

Cuando uno da por hecho que las «celebrities» no madrugan, se equivoca. Como un clavo estaban ayer para felicitar a Torretta por su 30 aniverario en la pasarela desde Marisa Paredes a Boris Izaguirre, pasando por Natalia Figueroa, Ana Rodríguez, Mar Flores, Begoña Trapote con su esposo, Manolo Segura... También la alcaldesa de Madrid, Ana Botella, que demostró ser conocedora de los puntos fuertes de Torretta: «Trabaja el cuero estupendamente». En Verino se agradeció la presencia del presidente del Atlético de Madrid, Enrique Cerezo, que se estrenaba en esto de los desfiles: «Nos viste a toda la plantilla y hemos querido apoyarle», comentaba. Por la tarde, con Victorio&Lucchino, guerra de misses. María Jesús Ruiz y Raquel Revuelta, –encantada en primera–, con Carmen Tello y su hijo Enrique.